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El Litoral
Domingo 13.09.2015
17:32

El vuelo de la mosca

Inevitable declinación de una familia

El mundo dibujado con precisión exquisita por Saba (amplio conocedor de la literatura gauchesca argentina) es el de un cosmos pequeño, ínfimo en apariencia, pero donde suceden todas las cosas que les suceden a los seres humanos.

Un excelente elenco de actores dibuja en escena a los personajes de un texto inteligente. Sobresale la dirección de Lito Sekman. Foto: Gentileza producción


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El vuelo de la mosca Inevitable declinación de una familia El mundo dibujado con precisión exquisita por Saba (amplio conocedor de la literatura gauchesca argentina) es el de un cosmos pequeño, ínfimo en apariencia, pero donde suceden todas las cosas que les suceden a los seres humanos. El mundo dibujado con precisión exquisita por Saba (amplio conocedor de la literatura gauchesca argentina) es el de un cosmos pequeño, ínfimo en apariencia, pero donde suceden todas las cosas que les suceden a los seres humanos.

Roberto Schneider

 

El joven dramaturgo argentino Mariano Saba no teme a los sentimientos. Sin ninguna sensiblería, con una mixtura —hoy rara- de auténtico lirismo y fría objetividad, clavando el escalpelo sobre la condición humana sin eludir un humor inteligente, convoca a sus personajes para narrar de manera impecable la inevitable declinación de una familia constituida por tres hermanas, a mediados del siglo XX, en “El vuelo de la mosca”, el telúrico drama burgués que acaba de estrenarse en la Sala Marechal del Teatro Municipal.

 


Esas tres mujeres con hambre de varón habitan el centenario casco de la estancia paterna. Las dos mayores son las albaceas de un ilustre poeta gauchesco de la generación dorada, el padre. La tercera es la menor y, tal vez, la que mejor guarda un poema salvador. A ese particular ámbito llega un editor relacionado con publicaciones literarias extranjeras para intentar convencer acerca de la conveniencia económica que significaría publicar el único poema inédito y transgresor del padre.

 


El mundo dibujado con precisión exquisita por Saba (amplio conocedor de la literatura gauchesca argentina) es el de un cosmos pequeño, ínfimo en apariencia, pero donde suceden todas las cosas que les suceden a los seres humanos. Sólo que ocurren en ese espacio en el que las ambiciones económicas y también las sexuales estallan. No errará quien descubra en la pieza una lejana resonancia a “Tres hermanas”, de Anton Chejov. Sobre el dramaturgo ruso y su obra también hay enunciados.

 


Privaríamos a los lectores de las muchas sorpresas encerradas en ese texto admirable, tersamente volcado a la escena por el talento indiscutible del director Lito Senkman, si le reveláramos tan sólo alguna de ellas. Sí nos permitimos advertirles que se preparen a una exploración en profundidad de la naturaleza humana y sus contradicciones, bajo la apariencia de una comedia de costumbres, con chispazos de humor deslumbrante.
Hay un trabajo en filigrana del director para dibujar con trazos individuales a cada uno de los riquísimos personajes y, a la vez, no perder la visión de conjunto. Se apoya en la estupenda escenografía e iluminación de Mario Pascullo, quien creó el ámbito más perfecto para esta historia. Es acertada la selección musical de Eduardo Fessia y es correcto el vestuario de Andrea Fontelles.

 


Si el texto es excelente, más lo es el desempeño de los actores. Silvana Montemurri le pone su sello a Meme a partir de un trabajo sumamente elocuente. La actriz disfruta de su personaje y encanta a la platea, del mismo modo que Luchi Gaido, que construye una Berta tan estricta y justa, que no se permite un sentimiento. Conmueve Cecilia Saucedo a partir de una entrega indisimulable en un rol de difíciles aristas que la actriz resuelve con sólidos recursos. Raúl Eusebi ofrece uno de los mejores trabajos de su carrera y pinta con exactitud evidente al pusilánime negociador del hecho literario. Eduardo Fessia demuestra una vez más que no hay pequeños papeles cuando hay grandes actores.

 


“El vuelo de la mosca” es una perfecta historia de la Argentina urbana y campesina de su tiempo, pero se trata de los rasgos eternos de la naturaleza humana, aplicables a cualquier tiempo y lugar. Caprichos, prejuicios, terquedades, traiciones, flaquezas, quién no los sufre o hace sufrir con ellos al prójimo. El autor no es moralista; asume la máscara de una benévola ironía. Aun en sus desahogos humorísticos, Saba es un poeta del teatro y los hacedores de esta puesta en escena altamente recomendable no lo ignoran.

 

Para ver

 

La última función de esta temporada será hoy a las 20, en la sala experimental de San Martín 2020. Entradas: 80 pesos, 60 para estudiantes y jubilados.
 

 


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