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Diario El Litoral
Domingo 07.08.2016
18:20

Yosi Goldstein, especialista en judaísmo contemporáneo

"Para el terrorismo yihadista actual no es la nación lo que vale, sino la religión"

Docente e investigador de la Universidad Hebrea de Jerusalén, sostuvo que no hay una nueva forma de terrorismo sino que se ha globalizado y que las redes sociales son herramientas funcionales a ese fenómeno. “Ingenuidad” en las respuestas, migraciones y un resurgimiento de ideologías de derecha en Europa.

El experto sostiene que los llamados “lobos solitarios” presentan un desafío para el que los países occidentales no estaban preparados. Foto: Flavio Raina


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Yosi Goldstein, especialista en judaísmo contemporáneo "Para el terrorismo yihadista actual no es la nación lo que vale, sino la religión" Docente e investigador de la Universidad Hebrea de Jerusalén, sostuvo que no hay una nueva forma de terrorismo sino que se ha globalizado y que las redes sociales son herramientas funcionales a ese fenómeno. “Ingenuidad” en las respuestas, migraciones y un resurgimiento de ideologías de derecha en Europa. Docente e investigador de la Universidad Hebrea de Jerusalén, sostuvo que no hay una nueva forma de terrorismo sino que se ha globalizado y que las redes sociales son herramientas funcionales a ese fenómeno. “Ingenuidad” en las respuestas, migraciones y un resurgimiento de ideologías de derecha en Europa.

 

 

Nancy Balza

politica@ellitoral.com

 

Yosi Goldstein nació en Buenos Aires y en 1975 -cuando el clima político del país hacía prever que no concretaría aquí su proyecto de cursar Sociología, Filosofía y Letras- se fue a estudiar a la Universidad Hebrea de Jerusalén. Lejos de perder contacto con el país y el idioma, y al margen de sus visitas a la Argentina, dicta cursos en las modalidades presenciales y virtuales, y muchos de sus alumnos son latinoamericanos.

 

En su última visita a la ciudad, ofreció la conferencia “Terrorismo, intolerancia religiosa y globalización” en la UNL. Antes, dialogó con El Litoral.

 

—¿Estamos ante una nueva forma de terrorismo?

 

—No es nueva, sino que está globalizada en el sentido de que, a partir de los años ‘90, la difusión de ideologías opuestas a la globalización se manifiesta a través de las redes sociales, aplicando las TICs (Tecnologías de Informática y Comunicación), y eso permite una diseminación que antes era mucho más limitada. Sumemos el hecho de que el Medio Oriente está más convulsionado; lo que antes eran movimientos más sectoriales y reducidos como la hermandad musulmana en Egipto, se convirtieron en pivotes del nuevo Medio Oriente en las últimas dos décadas. Me refiero a la influencia creciente del Islam político, de lo que denominamos fundamentalismo. Pero no sólo en el Islam se manifiesta: el fundamentalismo hace a todas las religiones pero en este contexto, el Islam primero tiene una confrontación interna muy grande entre sunitas y chiitas, entre sectores radicales en el sentido de extremistas dentro de la Sunna como Al Qaeda y el Estado Islámico (Isis) como la Chia, la república teocrática de Irán y el Hezbollah en el Líbano que están combatiendo contra los rebeldes, que incluyen un sector islámico radicalizado. Hay una cosa que este mundo no entiende, no logra digerir: son cinco años y medio, cerca de medio millón de víctimas en Siria, millones de refugiados y esto en gran medida catapultó un tema, otro factor típico de la globalización que es el de las grandes migraciones. Y al generarse un fenómeno de refugiados que en forma tan masiva quieren llegar a Europa, es como que toda barrera y frontera política no supo contener este aluvión. Eso a su vez generó un círculo vicioso, porque entre ellos hay infiltrados de movimientos islámicos que buscan generar células ocultas, latentes, y disparó los nuevos fenómenos que hoy en día llamamos lobos solitarios. Son individuos inspirados e incitados por las redes sociales, radicalizados en Inglaterra, Alemania y en algunas partes de Francia, países que no estaban preparados para enfrentar ese fenómeno.

 

—Hablamos de migrantes y refugiados, en muchos casos personas que no terminan de integrarse con la comunidad que los recibe. Como en el caso de Francia.

 

—En el caso de Francia, tenemos que acentuar que tiene entre 6 y 7 millones de musulmanes, pero muchos de ellos son viejos inmigrantes y ya son ciudadanos, por ejemplo, de Argelia y de viejas colonias o protectorados. Ellos no lograron integrarse a la identidad francesa laica, y la sociedad francesa tampoco logró aceptarlos como diferentes, prohibiéndoles manifestaciones religiosas. No sólo a ellos, también a los judíos en nombre del laicisismo que para la república francesa es un valor supremo. Entonces, la confrontación de valores entre una democracia abierta y una religión que apunta a lo comunitario, la familia, con un rol muy restringido de la mujer también, generó tensiones avivadas por conflictos mundiales, como el avance del califato islámico, el Isis en Siria e Irak y la globalización del terror. Es decir que hasta el año pasado se pensaba que este fenómeno estaba focalizado en el conflicto palestino-israelí y ya no.

 

—¿Ningún país está a salvo de este fenómeno?

 

—Ninguno, vemos manifestaciones en Latinoamérica también. En marzo, en Paysandú (Uruguay), un comerciante judío fue asesinado a cuchillo por un uruguayo de origen que se convirtió al Islam y se radicalizó; ahora está siendo juzgado y se analiza si es o no imputable. Se los llama lobos solitarios pero hay un movimiento que responde a ciertos sectores, por suerte, minoritarios. Sumemos a eso el miedo que tienen las sociedades occidentales a fomentar directa o indirectamente la islamofobia -odio hacia los inmigrantes musulmanes y el Islam- y que el resultado, que es inesperado, nos sorprende a diario como si fuera la primera vez. Hay mucha ingenuidad en el sentido de pensar que la mera existencia de dos policías o varios policías va a prevenir que pase un camión (en alusión al atentado perpetrado en Niza el 14 de julio). Eso es falta de experiencia, una cuota de ingenuidad y falta de un aparato legal. Porque hay temor a que se generen odios contra todo el grupo étnico o religioso; eso ocurre también en Estados Unidos con el presidente Obama. No lo digo como crítica sino que lo analizo con herramientas académicas. Lo que compartimos son valores democráticos de sociedades abiertas, podemos llamarlas pluralistas o no, pero parece inaceptable que una pequeña minoría nos quiera imponer un régimen medieval en el cual a los que son considerados herejes se los decapita. Tenemos el ejemplo del cura de Normandía en Francia a quien no degollaron sino que decapitaron, al estilo del Estado Islámico por ser un cura.

 

—Usted señalaba que uno de los efectos de este fenómeno en los países occidentales es el miedo a fomentar la fobia al islamismo; ¿el otro es el crecimiento de grupos de derecha?

 

—Seguro que sí; existe ese fenómeno en Estados Unidos con el crecimiento de Donald Trump y sus discursos contra la inmigración de musulmanes y la inmigración latina; una verborragia muy discriminadora por no llamarla racista. En Europa, lo tenemos en distintos países de la Unión Europea que se están alejando de los valores comunitarios, como Polonia y Hungría, que se niegan a aceptar inmigrantes.

 

—En Alemania, hay una política de aceptación de inmigrantes, pero tiene resistencia de un amplio sector de la sociedad.

 

—Es cierto y eso puede conducir al fin del gobierno de Angela Merkel que es una gobernante de la derecha cristiana, oriunda de Alemania del Este. Hay un crecimiento, ya no del partido nacionalista (NPD) pero sí de otros grupos como Alternativa para Alemania; el partido Jobbik, en Hungría; el partido Ley y Justicia, en Polonia. Es un fenómeno que le da impulso a las derechas europeas. Ésa es la clave del éxito en el plebiscito del brexit en Gran Bretaña, pero Inglaterra definió los resultados y le puede traer serios conflictos con Escocia que va a querer independizarse para permanecer en la Unión Europea. Es un tema que tarde o temprano va a impactar. Y Sudamérica no es ajena a los procesos globales.

 

—América Latina no escapa a este fenómeno: los atentados a la Embajada de Israel y a la Amia son dos heridas abiertas en nuestro país.

 

—Y están impunes, que es lo más importante. Hace apenas pocos días, se conmemoraron 22 años del atentado a la Amia y ése es un dato curioso. Al menos en el mundo se sabe inmediatamente quiénes son los autores. Esto se puede explicar porque el tipo de terror de principios de los años ‘90 estaba ligado a estados o movimientos políticos, en nuestro caso aparentemente a Irán y al Hezbollah que es la hipótesis, y lo podemos ver como una extensión del conflicto de Medio Oriente. De hecho, hoy en día la mayor parte de los atentados en el mundo no tiene nada que ver con los conflictos en Medio Oriente. El terror actual no está inspirado en Estados; no es la nación lo que vale sino la religión.

 

—El terrorismo es un fenómeno global, ¿la respuesta puede ser también global? Y, en todo caso, ¿existe una respuesta?

 

—En un principio, la respuesta tiene que ser global, pero no puede contentarse con eso. No en vano hablamos de globalización y de “glocalización”: lo global y lo local interactúan permanentemente. Entonces, tiene que haber políticas nacionales también de prevención. A eso apuntan distintos gobiernos latinoamericanos. El desafío en América Latina es afianzar las democracias. Lo vemos claramente en Venezuela: la divisoria de aguas es muy clara y el Mercosur no quiere aplicar la cláusula democrática a ese país (*). No es estar a favor o en contra del mundo, es definir si se impone un sistema abierto, pluralista, multipartidario o si se imponen modelos autocráticos con influencias externas de países autocráticos como Irán. No es tan simple, no es blanco y negro. Pero, repito, la divisoria de aguas es muy clara.

 

(*) La Cláusula Democrática del Mercosur está incluida en el Protocolo de Ushuaia, firmado por los miembros fundadores del grupo en 1998, y determina la exclusión del bloque del país donde se quiebre el orden democrático. Cabe recordar que Venezuela se integró completamente a ese organismo en 2012.

Perfil

  • Goldstein es investigador en la Universidad Hebrea de Jerusalén (UHJ), donde obtuvo su B.A. en Historia, Sociología y Antropología Social. Además es Magíster en Historia Social Europea, Cum Laude, en la Universidad Hebrea de Jerusalén, y posee un Ph.D. en el Instituto de Judaísmo Contemporáneo de esa universidad israelí.

Entre 2011 y 2014, fue coordinador internacional del proyecto de investigación “Ecuador Judío Latinoamericano trasnacional”, del Centro Liwerant para el Estudio de América Latina, España, Portugal y sus Comunidades Judías. Es también investigador asociado del Instituto Internacional de Investigación del Holocausto en Yad Vashem - Autoridad de la Memoria del Holocausto y el Heroísmo, en la ciudad de Jerusalén.

 

PARADOJA

 

—¿Por qué son tan importantes las redes sociales en este fenómeno de terrorismo y globalización?

 

—Porque no tienen fronteras; porque en casi todo el mundo no tienen censura. Son anárquicas por excelencia y permiten la generación de comunidades internas con valores compartidos y difusión desde ideología neonazi, una verborragia totalmente racista, hasta comunidades de grupos islámicos radicalizados que son extremistas e intolerantes. Es una de las grandes paradojas de la globalización: en nombre de la libertad y el pluralismo permitimos un engendro que cultiva todo lo contrario.

 

CHOQUE CULTURAL CON RIBETES RELIGIOSOS

 

—¿El terrorismo tiene una fuerte asociación con la intolerancia religiosa?

 

—El fenómeno del terrorismo tiene sus raíces políticas. A fines del siglo XIX, principios del siglo XX con el anarquismo. Después se instalaron mecanismos en Estados modernos, desde la Unión Soviética de Stalin y por supuesto la Alemania nacional socialista de Hitler hasta dictaduras militares en América Latina. El terrorismo de Estado es un fenómeno netamente de dictaduras. Hay distintas categorías de terrorismo: el Papa Francisco antes de ingresar a Auschwitz habló de que el mundo está en guerra, pero aclaró que no es una guerra de religiones. A fines de los años ‘90, Samuel P. Huntington habló en su libro del choque de civilizaciones. Y hay todo un debate en los últimos años en torno a si estamos frente a ese fenómeno. Ese término, civilizaciones, es exagerado; pero estamos frente a un choque cultural que tiene ribetes religiosos. Con todo el respeto que le tengo al Papa Francisco, acá hay, por parte del Estado Islámico, Irak y Siria, el Isis, el Califato, una guerra de religiones que tiene también características genocidas, de matanza de minorías cristianas, de rapto y violación de mujeres, con todos los rasgos típicos de genocidios más recientes como en Bosnia, en Yugoslavia, etc. Es decir que es más complejo que una guerra de religiones, pero los que la declararon lo hicieron en nombre de una religión que es usurpada porque es una interpretación muy acotada y distorsionada.

"Parece inaceptable que una pequeña minoría nos quiera imponer un régimen medieval en el cual a los que son considerados herejes se los decapita”.

Yosi Goldstein.

 

EL MARCO

Yosi Goldstein estuvo en Santa Fe invitado por la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales (FCJS) de la UNL, junto con la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (Daia) delegación Santa Fe, la Fundación Amigos Argentinos de la Universidad Hebrea de Jerusalén, y el Centro de Estudiantes de Derecho y Ciencias Sociales de la FCJS. En el marco de la Cátedra Abierta Carlos S. Nino ofreció la conferencia “Terrorismo, intolerancia religiosa y globalización”, el lunes 1º de agosto.


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