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Lunes 08.08.2016 | Última actualización | 8:03
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Viví Mejor

Al que madruga... Los beneficios de levantarse temprano

Levantarse temprano a la mañana trae beneficios para el cuerpo y la mente. Aquí varias razones para hacer la prueba.

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Viví Mejor Al que madruga... Los beneficios de levantarse temprano Levantarse temprano a la mañana trae beneficios para el cuerpo y la mente. Aquí varias razones para hacer la prueba. Levantarse temprano a la mañana trae beneficios para el cuerpo y la mente. Aquí varias razones para hacer la prueba.

Mantener el difícil pero provechoso hábito de levantarse temprano en la mañana es de gran importancia para la salud de nuestra mente, la vuelve más sana y capaz de soportar más actividades a lo largo del día. El organismo en general se siente más fresco, el pensamiento más optimista y el cuerpo, en su parte física, mucho más enérgico. Esto se debe a que al madrugar, el tiempo rinde mucho más y se cuenta con más tiempo para realizar las actividades que en una rutina apresurada pueden provocar altos niveles de estrés y ciertas presiones que pueden desgastar la salud mental.

 

Los expertos señalan que el desayuno es incluso la comida más importante de todo el día y es por eso que vale la pena madrugar ya que va a brindarte el tiempo necesario para disfrutar con tranquilidad de tu desayuno, prepararlo de la mejor manera y absorber todos los nutrientes y vitaminas necesarios.

 

Comenzar el día levantándose temprano en la mañana te asegurará una productividad al máximo, tiempo de sobra y simplemente otra forma de encarar la vida. Poco tráfico, pocas distracciones, tranquilidad en todas partes y una mente muy activa te asegurarán que pase lo que pase durante el día, estarás listo. Pero no sólo es bueno para sobrellevar la jornada, sino que además colabora a evitar otros aspectos de la salud, como el estrés, el dolor estomacal, el ataque de pánico y hasta la hipertensión.

 

Los argentinos tenemos la mala costumbre de levantarnos de golpe ante el sonido de la alarma del despertador y salir apurados a nuestro destino. Con esta actitud no somos conscientes de que estamos sometiendo nuestro cuerpo a unos cambios bruscos. Estamos poniendo nuestra máquina de 0 a 100 en un segundo, cosa que no es beneficiosa para nada. La tensión hace que proporcionemos energía a la parte tensada y la relajación la quite. Por eso es muy importante empezar a adaptar nuestro cuerpo a realizar las tareas con más calma y más tiempo.

 

Algunos ejercicios para la relajación

 

•   Una vez que nos hemos despertado lo ideal es que respiremos hondo (por la nariz) y tensemos todo nuestro cuerpo a la vez. La tensión debe ser alta y mantener durante unos segundos junto con nuestra respiración. Después relajar progresivamente mientras soltamos el aire por la boca.

 

•   Después debemos tensar cada parte de nuestro cuerpo por separado y relajar de una en una. Tanto la tensión como la relajación debe ser poco a poco y acompañada de nuestra respiración. Es ideal que mientras realizamos estos ejercicios visualicemos mentalmente cómo cada parte de nuestro cuerpo en la que estamos trabajando se energiza y revitaliza. En oriente, la energía curativa y revitalizadora está asociada con el color naranja.

 

•   Para terminar con estos ejercicios de tensión y relajación, debemos ir tensando progresivamente cada parte de nuestro cuerpo empezando por las extremidades inferiores y terminando por el cuello, hasta que terminemos con todo el cuerpo tenso, entonces aguantamos unos segundos con la respiración la tensión de todo el cuerpo, y relajamos progresivamente en orden descendente a como hemos tensado mientras soltamos el aire por la boca.

 

•   Una vez finalizados los ejercicios de tensión y relajación es recomendable centrarnos en la respiración, para ello realizaremos un simple ejercicio que consiste en tomar aire a la cuenta de 8 (como mínimo, máximo todo lo que aguantes cómodamente, cuanto más mejor), mantener el aire a la cuenta de 8, y soltar el aire a la cuenta de 8. Es importante que la cuenta sea la misma en los tres pasos. Esto deberíamos hacerlo entre 6 y 12 veces.

 

•  Por último, y después de realizar estos ejercicios, la perfecta finalización sería realizar algún tipo de meditación, ya sea yoga, budista, zen, etc. Es ideal dedicar unos minutos a nosotros. Aunque sólo sea mantenernos en silencio y serenamente sentados durante 10 minutos.

 

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