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Diario El Litoral
Miércoles 10.08.2016 | Última actualización | 13:31
10:30

El viernes, en el Molino Marconetti

Hijos del futuro

Eruca Sativa llega a Santa Fe con la energía renovada, con Guazú y NMyNM como soportes. En diálogo con El Litoral, Lula Bertoldi repasó etapas pasadas y adelantó el porvenir del trío.

 

Foto:Gentileza Santiago “Gallo” Bluguermann
Brenda Martin, Gabriel Pedernera y Lula Bertoldi, con una visión de futuro más cerca de “Mad Max” que de “Tron”.


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El viernes, en el Molino Marconetti Hijos del futuro Eruca Sativa llega a Santa Fe con la energía renovada, con Guazú y NMyNM como soportes. En diálogo con El Litoral, Lula Bertoldi repasó etapas pasadas y adelantó el porvenir del trío.   Eruca Sativa llega a Santa Fe con la energía renovada, con Guazú y NMyNM como soportes. En diálogo con El Litoral, Lula Bertoldi repasó etapas pasadas y adelantó el porvenir del trío.  

 

Ignacio Andrés Amarillo

iamarillo@ellitoral.com

 

 

Eruca Sativa “vuelve feliz a la ciudad que siempre la recibió con brazos abiertos” para hacer vibrar una vez más a todos sus fanáticos. El show será este viernes desde las 21 en el Molino Marconetti (Dique 2, Puerto de Santa Fe), a las 21. Como bandas invitadas se presentarán Guazú y Nada Más y Nada Menos (NMyNM).

 

El Litoral pudo hacer balances y anticipos con Lula Bertoldi, voz y guitarra del trío que completan Brenda Martin (bajo y coros) y Gabriel Pedernera (batería, programaciones y coros).

 

 

Renovación

 

 

—“Nada salvaje” fue una nueva ventana estética para la banda. ¿Puede ser que lo próximo de Eruca vaya por ese lado?

 

—La búsqueda por suerte siempre nos lleva a encontrarnos con que lo que se asemeja en todos nuestros trabajos es que son distintos (risas). Lo bueno es que no puedo decir ‘sí, va por ahí‘, porque en realidad el disco que estamos ya cerrando es muy ecléctico por momentos, pero es distinguible la personalidad de la banda: no es Rombai o Márama, no (risas), sino que escuchás a Eruca Sativa. Pero lo interesante es que es distinto de lo que venimos haciendo, conservando la personalidad de Eruca. Es un disco de esos para poner y escucharlos varias veces, porque impacta de distintas formas cada vez que lo escuchás.

 

—O sea que de entrada no lo entendés.

 

—(Risas) Creo que lo entendés, pero tiene muchos niveles de análisis. No puedo adelantar mucho, porque no me gusta hablar de algo que no se escuchó todavía, y que tiene que ver con la interpretación de cada persona que lo escucha. A veces hablar de algo que no se puede explicar, como la música, es medio difícil. E incluso en muchos puntos limitante para el que lo va a escuchar.

 

—¿Y cuándo tendremos un adelanto?

 

—En noviembre es la fecha de salida del disco, y uno o dos meses antes vamos a largar algún corte que trate de representar a un disco en el que es muy distinto un track del otro. Vamos a elegir uno como que represente esta nueva etapa, como fue “Nada salvaje”: “es representativo de este momento”; quizás no tanto, porque es muy distinto entre sí lo que estamos haciendo.

 

—Ganaron el Gardel por el video de ese tema, que tiene la estética retrofuturista que está también en el vestuario que vienen usando. Por ahí representa la fusión de lo electrónico y lo valvular.

 

—Sí, creo que esa dicotomía empezó en “Huellas digitales”: la huella y lo digital, lo viejo y lo nuevo, lo pasado y lo futuro. Creo que nos seguimos desarrollando por esa línea: “Nada salvaje” es un tema que habla de un montón de cosas que tienen que ver con el presente, con lo que vivimos como seres humanos con la tecnología; pero en el fondo habla de las emociones, que vienen del pasado, no son algo tecnológico. Estamos yendo y viniendo con esa dualidad, y la estética, el videoclip, se rige por eso. Es retrofuturista, como decís: medio “Mad Max”, toda esa onda donde el futuro no es tan futurista como lo imaginamos, sino que es apocalíptico. Tiene que ver con qué es lo que nos imaginamos que existe en el futuro: nos imaginamos que no es tan prometedor. Esa es la imagen que tenemos nosotros: más “Mad Max” que “Tron”.

 

 

Etapas

 

 

—Se cumplieron dos años de los conciertos en el Ópera donde se grabó “Huellas digitales”. ¿Cómo se los ve desde hoy?

 

—Pasaron muchas cosas desde entonces. En el Ópera, sin saberlo nosotros, Brenda ya estaba con Emilia en su panza (en un estado inicial de poquitas semanas), así que comenzaba toda esta nueva etapa que tiene que ver con Brenda y yo siendo madres, con otros tiempos de banda, pero aun así laburando a full. Porque no paramos nunca: ante la vista del público nos tomamos siete meses, que en realidad fueron mucho más intensos, porque además de ser madres estábamos preparando la salida de un single, de un videoclip y un Luna Park (risas). Imaginate que estábamos totalmente pasadas de vuelta con nuestros bebés de apenas dos o tres meses, ensayando para el Luna. Fuimos a probar el vestuario, decidiendo la lista de temas, definiendo las visuales, el escenario, las luces. Y además componiendo, porque estábamos armando este disco que se graba y se edita este año.

 

“Huellas digitales” para mí fue una etapa distinta de la banda, después de la trilogía “La carne-Es-Blanco”. En “Huellas...” dimos vuelta la página y nos desafiamos como artistas, como intérpretes y como compositores, porque fue poner a prueba las canciones. Fue como en un campo de práctica de guerra, que las tiroteen por todos lados a ver qué pasaba. Resistieron esa prueba de fuego: que las interpretemos de otra forma y que las toquen otros músicos; superaron la prueba porque evidentemente hay canciones que trascienden el arreglo, la forma en que están interpretadas. Creo que logramos llevar nuestras canciones a la trascendencia, como por ejemplo un tema que no es nuestro pero que interpretamos en nuestro repertorio, que es “Amor ausente”: consideramos que trasciende el arreglo, la interpretación, es un tema hermoso siempre. Como lo toques: fusionero, folclórico, con o sin las cuerdas, es un tema que emociona.

 

—Es un tema que para ustedes también tiene otras significaciones: el tema que los unió, la historia de Titi Rivarola, que llueva en Cosquín Rock cuando lo tocaron...

 

—Es un tema que habla de nuestra historia. Siempre tiene algo para decir, es atemporal, me emociona siempre: no es que me tiene que haber pasado algo recientemente, en cualquier lugar me pone la piel de gallina y es un placer enorme volver a tocarlo.

 

 

Pura química

 

 

—Están acercándose a la década de vida. ¿Qué balances se pueden hacer, o qué cosas no harías si tuvieses que pasarlo de nuevo?

 

—Haría todo lo que se hizo, más no se podía hacer: laburamos y definimos los tiempos al máximo. Siempre laburamos a full, y con la llegada de los bebés alguno dijo: “Bueno, van a bajar el ritmo”. No, en realidad ahora laburamos el triple porque ahora el tiempo es menos. En estos diez años lo que más rescato es haber encontrado la gente con quien concretar un proyecto profesional, auténtico y muy personal, porque para cada uno es así, cada uno los siente como su proyecto. Eso es lo más fuerte: sentir que es de uno, que es propio, que lo defendés con dientes, uñas y todo. Por eso funciona y va para adelante: cada uno desempeña su rol de la mejor forma posible.

 

—Lograron algo que no es muy fácil, que es cierta simbiosis sin perder las individualidades.

 

—Lo loco es haberse encontrado, porque coincidimos en muchas cosas (en muchas otras no), siempre encontramos el balance para todo: vamos para el mismo lado, aunque pensemos en forma distinta. Sí, es fuerte la química, la simbiosis, y eso es la pasta que mantiene junto todo: sin eso no estaríamos más juntos. Es muy honesto, muy real, y se ve en vivo y abajo de escenario; que somos muy amigos, ya somos una familia.

 

 


Invitada

 

 

—Podríamos hacer el festival Lulapaliza con todas las bandas con las que has compartido escenario o estudio. Hace poco grabaste con santafesinos como Dunas de Marte, Astro Bonzo, con Electrocuerpo de Paraná; lo hiciste con Mastifal. Tenés como un récord de participaciones, y todos ponderan tu buena onda.

 

—Sí, tengo como un prontuario (risas), de bandas y participaciones muy grande. Primero porque me encanta; segundo porque me invitan, la verdad es que no me da invitarme sola en ningún lado, todas han sido invitaciones de las bandas y estoy súper agradecida. El otro día fui a grabar con KenneK, una buena banda emergente de Buenos Aires, que está grabando su primer disco: me vinieron a buscar a mi casa, charlamos un montón en el auto, escuchamos música, llegamos al estudio y tomamos unos mates. Me trajeron de vuelta, estaba con mi hijo.

 

No estoy lucrando con nada, es una colaboración de verdad; es tomarse el tiempo de compartir un rato con colegas con los que la diferencia más grande es la trayectoria de mi banda con respecto a la de ellos, o los años arriba de un escenario; pero no hay más diferencias que ésas, porque en muchas cosas pensamos muy parecido, nos manejamos de la misma forma.

 

Tener los pies sobre la tierra tiene mucho que ver con este trabajo que hago, y que no lo quiero perder nunca, porque tal vez es muy fácil que la cabeza se te vaya por las ramas, meterse en una burbuja de lo tuyo. Uno tiene que poder ver que hay cosas más allá de lo de uno. A veces es muy difícil: a nuestra banda le va bien, tenemos convocatoria, los medios nos respetan; pero me parece súper importante la parte donde devolvemos algo a la gente que nos escucha, a los colegas que nos admiran, y uno puede hacer algo que les sirva a ellos. Además es un aprendizaje grabar con bandas de distintos estilos, distintos temas y tonalidades.

 

Lo de la banda emergente ya lo viví, lo pasé; ahora vivo esto y estoy súper contenta con mi trabajo: como de esto, lo pago con mi música, pero no me olvido de todo lo que viví, y eso es gracias a estar en contacto con bandas que están pasando lo que ya pasé.


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