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Diario El Litoral
Viernes 19.08.2016
16:50

Ecuestre

El binomio que hizo creer en el ecuestre

En el repaso es imposible no recalar en aquellas actuaciones de los Juegos Panamericanos de Toronto 2015, donde los galopes de Cannavaro 9 fueron una porción considerable de la medalla plateada obtenida junto a Quintana, Larocca y Birabén. Tampoco se debe pasar por alto todo lo previo a esta final de Río, que en el camino tuvo presentaciones que fueron de menor a mayor de este binomio sediento de una presea.

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Ecuestre El binomio que hizo creer en el ecuestre En el repaso es imposible no recalar en aquellas actuaciones de los Juegos Panamericanos de Toronto 2015, donde los galopes de Cannavaro 9 fueron una porción considerable de la medalla plateada obtenida junto a Quintana, Larocca y Birabén. Tampoco se debe pasar por alto todo lo previo a esta final de Río, que en el camino tuvo presentaciones que fueron de menor a mayor de este binomio sediento de una presea. En el repaso es imposible no recalar en aquellas actuaciones de los Juegos Panamericanos de Toronto 2015, donde los galopes de Cannavaro 9 fueron una porción considerable de la medalla plateada obtenida junto a Quintana, Larocca y Birabén. Tampoco se debe pasar por alto todo lo previo a esta final de Río, que en el camino tuvo presentaciones que fueron de menor a mayor de este binomio sediento de una presea.

Este deporte más estético que batallador encontró a la Argentina en los primeros planos gracias al jinete de Curitiba, Brasil, una paradoja porque el Martín Fierro enuncia ser toro en rodeo propio y ‘torazo’ en rodeo ajeno y, en este caso, Albarracín  siempre se tuvo por ‘güeno’ y representó con orgullo al país en el que no nació y saltó en el que sí.

 

Matías Albarracín y Cannavaro 9 llegaron hasta acá luego de no poder conseguir una buena sumatoria entre los 4 del equipo nacional que esta vez no contó con Birabén quien fue reemplazado por el jinete suplente de Rosario, Bruno Passaro. Pero el binomio finalista rindió con excelencia en todo el certamen en salto individual, fue mejorando pasada a pasada y no sólo eso, sino que lograron el pasaje a la última prueba de todas, la más difícil, la de 27 jinetes que, voraces, buscaron el oro.

 

En la primera final que se desarrolló este viernes, pasadas las 10 de la mañana, el argentino con su potro hicieron un excelente raid tras cometer una sola penalidad, la cual fue por tiempo y no por faltas sobre los obstáculos. De esta forma se vieron posibilitados de saltar por una medalla al mediodía tras colocarse decimocuartos en la tabla general de clasificación detrás de binomios descollantes de todo el mundo.

 

La ilusión, entonces, se mantuvo hasta lo último de lo último en estos Juegos Olímpicos, tal vez impensado al momento de hacer su debut en la competencia allá por el 14 de agosto. El hecho significó contar con una sensación de victoria incluso antes de comenzar a saltar en la final B. Pero faltaba todavía más. Albarracín y Cannavaro 9 dejaron a la Argentina en lo más alto del ecuestre mundial. El jinete antes de la última prueba guió a su caballo hacia las nuevas dificultades que presentaba el circuito, procuró que este reconociera cada valla, cada ría y, tanto fue así que en el salto final igualaron lo realizado horas antes y cometieron una sola falta por tiempo -70 segundos lo impuesto-. El potro deleitó a propios y extraños con sus suspensiones en el aire y sus ‘estiletazos’ que al nacido en Curitiba lo dejaron impresionado y mucho más que satisfecho.

 

Las medallas quedaron a muy poquito, a dos penalidades que fueron las que reunió el dueto argentino en la sumatoria de las dos finales. La presea dorada fue para el equino Big Star montado por el británico Nick Skelton, detrás estuvo All In con su jinete sueco Peder Fredricson y por último completaron el podio el canadiense Eric Lamaze y su caballo Fina Lady 5, quienes se llevaron la medalla bronceada. El mejor potro argentino llevó al mejor caballista nacional a obtener un diploma olímpico que en un principio parecía imposible, no por subestimación, sino por la calidad y el nivel sensacional que mostraron los punteros de la tabla general.

 

Al término de toda actividad, con algarabía pero a la vez más mesurado, Albarracín dijo que “a las cuestiones personales las relegaré si lo tengo que hacer para seguir creciendo en el deporte, a nosotros nos apoyaron aun con resultados adversos pero ahora hay mayores herramientas”. Por otra parte contó que “Cannavaro ahora se va con Larocca, es de él y me lo pidió para después de los Juegos, yo seguiré con otro caballo de iguales condiciones, de lo contrario apoyaré a los 4 que estén en Canadá en dos años”.

 

Un octavo puesto que seguramente despertará mucho interés en la actividad, un logro que demostró que no es imposible conseguir un reconocimiento a nivel mundial en la máxima cita olímpica. “La gente que vino apoyó mucho, gritaban por mí y cuando vieron que yo no volteaba ningún palo empezaron a creer. Codearme con estos ‘cracks’ y haber terminado los recorridos sin tumbar vallas al igual que los campeones olímpicos es un orgullo” se sinceró Matías.

 

Este diploma olímpico vale oro, no todos los atletas fueron a estos Juegos de Río en busca de una medalla, podio o diploma, como ya lo dijo un sabio de otro deporte “la producción se mide en función a la posibilidades”, en clara mención a la frase que alguna vez soltase Marcelo Bielsa.


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