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Diario El Litoral
Jueves 25.08.2016
10:39

Este viernes, en ATE Casa España

Renacer sónico

Babasónicos llega para presentar su nuevo disco “Impuesto de fe”, que incluye versiones de sus canciones en formato acústico, mostrándolas de modo intimista. En exclusiva, Adrián Dárgelos cuenta los entretelones de un proyecto multiplataforma.

 

Diego “Panza” Castellano (batería), Diego Uma (guitarra y voz), Adrián Dárgelos (voz), Diego Tuñón (teclados) y Mariano Roger (guitarra), veteranos de 25 años de andanzas. Foto: Gentileza Martín Bonetto


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Este viernes, en ATE Casa España Renacer sónico Babasónicos llega para presentar su nuevo disco “Impuesto de fe”, que incluye versiones de sus canciones en formato acústico, mostrándolas de modo intimista. En exclusiva, Adrián Dárgelos cuenta los entretelones de un proyecto multiplataforma.   Babasónicos llega para presentar su nuevo disco “Impuesto de fe”, que incluye versiones de sus canciones en formato acústico, mostrándolas de modo intimista. En exclusiva, Adrián Dárgelos cuenta los entretelones de un proyecto multiplataforma.  

 

 

Ignacio Andrés Amarillo

iamarillo@ellitoral.com

 

 

Babasónicos comenzó los festejos de sus 25 años de carrera presentando su nuevo disco “Impuesto de fe”, inaugurando un nuevo formato multiplataforma llamado “Desde adentro” (especial para televisión de HBO, CD+DVD, Blue Ray para México y USA, vinilo, y plataformas digitales), que incluye versiones de sus canciones en formato acústico.

 

Actualmente están realizando una gira de más de 40 shows por teatros de la Argentina y Latinoamérica mostrando esas versiones de manera intimista; el turno de Santa Fe es mañana desde las 21.30, en ATE Casa España (Rivadavia 2871). Las entradas se consiguen en la boletería de la sala.

 

Antes del desembarco, El Litoral se contactó con Adrián Dárgelos, vocalista de la banda, para conocer más sobre esta nueva apuesta artística.

 

 

Reinvenciones

 

 

—¿Cómo surgió la propuesta de “Desde adentro”, y cómo fue hacerlo?


—La propuesta la recibimos a fin de año de 2014; tardamos casi todo 2015, de marzo a noviembre, en producirlo, prepararlo. A principios de noviembre lo grabamos en México; después tardamos casi un mes más en mezclarlo, porque se mezcló una canción por día, fueron 16 días; una parte acá, otra en México y otra en Estados Unidos. Eso es lo que tardó el proceso general de producción.

 

Pero lo más duro de todo, lo más complejo fue seleccionar las obras, generar las versiones, en un marco tan grande de obra hecha.

 

—¿Cómo las eligieron?

 

—Uf, ese es el intríngulis. Básicamente, como nosotros tenemos unas 300 obras grabadas (pensá que tenemos inéditas, lados B), entonces versionamos todo, y a la vez al irte acercando a la fecha de grabación tenías que generar el concepto que abrace la forma de este disco. Los acústicos, o unplugged, atrasan, son muy antiguos: el concepto es del ‘89, anterior a Babasónicos. Entonces teníamos que ir viendo cómo reveíamos nuestro repertorio.

 

La primera idea nuestra fue reinventarnos: no respetar al pie todas las letras, armonías, melodías; ir directamente por algo nuevo, recomponer la canción desde la nueva formación que íbamos a plantar. A partir de ahí habremos visto unas 40 y pico de canciones, de las cuales terminamos eligiendo las que están ahí en el disco y otras más que van a ver en el show.

 

 

Fluidez

 

 

—Ya venían alejándose del AutoTune y otros artificios.

 

—Lo que pasa es: ¿Qué le podés dar a la música que le aumente la capacidad de transmisión, de sensación de libertad, de fluidez? La música la podés prefabricar y modular en casi todos los aspectos ahora. Lo que pasa es que cada vez que la manipulás le cortás la eventualidad caótica que hace que transmita algo: dimensiones de dinámica de sonido. Entonces: cómo vas desde la inspiración hasta la grabación y hasta la escucha de la forma más directa y más apabullante, con más detalle a la vez.

 

Empezamos haciendo las versiones; las canciones fueron elegidas a partir de la magnificencia de cada una de las versiones, de a qué lugar llegaban, cómo eran únicas, cómo superaban a la grabación original; cómo le hacían honor o no a la grabación original.

 

Cuando grabás un disco original, de canciones nuevas, es un poco más fácil, porque las canciones las vas montando, a veces hace un mes que las tocás. Entonces no sabés la dimensión real: quizás están altas o bajas de tono, o rápidas de tempo; pero bueno, lo vas produciendo al disco y va llegando. Normalmente en los discos nuevos estamos en una versión acabada de las cosas, pero cuando hacíamos los primeros teníamos tan poco tiempo que a veces las versiones podían ser menores a lo que al año tocábamos en vivo: porque entendíamos más el swing de la canción, lo adaptábamos mejor a la naturalidad de la expresión de la canción.

 

—Suele ocurrir...

 

—Entonces lo que nos pasa en este disco es que cuando grabás ya tenés que estar en ese punto, no tenés el tiempo de ir montándola: que primero grabe la sección de la base, después otro, corregís la base y volvés. Acá cuando la filmaste y la grabaste quedó todo: la voz, todo, no se puede corregir nada más. Por eso tardás más, porque tenés que tocarla con los arreglos y con el volumen de los arreglos: los que tienen que bajar el volumen se “fadean” a sí mismos con su instrumento. Y generan la dinámica de volúmenes en una banda: para eso tenés que haber tocado mucho tiempo con los mismos también, ¿no?

 

Tardamos nueve meses en preproducir, ensayar, tres veces más ensayos que un disco normal; compusimos temas nuevos, unos ocho, dejamos dos. Fuimos dándonos cuenta de que tenía que tener una parte medular de la historia de Babasónicos; otra parte de “hidden tracks”, tracks ocultos que revistos desde el tiempo son mejores que los que tuvieron promoción; y un tercer lado que era el de lo inédito.

 

En ese devenir descubrimos que el concepto que iba a tener este formato “Desde adentro” era algo así como “desnudo, cercano y fuera de alcance”. Lo pensamos como un show de televisión panregional, nadie nos dijo que no a nada. Entonces inventamos un show donde el público es el escenario: nosotros estamos en la máxima fragilidad del transporte de la canción, la mínima armonía posible, entre el público, sin perder la concentración. Al alcance del brazo del espectador, pero sin embargo no nos podrían suplantar y hacerlo: no pueden vencer nuestro estado de concentración. Son músicos tocando en una conexión tridimensional entre el público, donde el espectador no puede frenar su comunicación musical.

 

 

Números redondos

 

 

—Están celebrando los 25 años, coincidentemente.

 

—Teníamos planeado sacar un montón de material complementario: documentales de los primeros discos, un libro de fotografías que ya está en la calle, un libro de conversaciones que sale a fin de año: “Inflame” (el lado B de “Infame”) y otros vinilos salen ahora el lunes, los primeros discos, y en el último trimestre salen los del sello Bultaco; “Shambala” y “Vedette” ya se venden durante los shows.

 

—¿Qué balances hacés del recorrido y de los cambios en la industria?

 

—No hacemos mucho balance nosotros, no tenemos una visión muy contemplativa en retrospección: hacemos, manipulamos la obra, o un disco nuevo, o saco discos inéditos, o genero material para la difusión. La industria fluctúa y por eso tengo actitud en contra a la fluctuación y al devenir de la industria: no podés quedarte esperando que la industria te mejore la calidad de obra, o la calidad de vida, y que te dé más ingresos: eso es imposible. Como todas las industrias, quiere optimizar su lado salvaje de ganancias y de tu lado apuntás a tu música.


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