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Sábado 17.09.2016
10:27

Señal de Ajuste

La vida es compleja, la muerte no

“Quarry” es un producto de un standard superior, calidad HBO, ya que se incubó en Cinemax, una cocina propia de la señal que ha comenzado a elaborar ficciones. Foto: Gentileza Maxprime


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Señal de Ajuste La vida es compleja, la muerte no

 

 

 

Roberto Maurer

 

 

Ha regresado de la guerra, sólo quiere reunirse con su esposa. Es fanático de Otis Redding y a los pocos días se enoja porque sus vinilos están desordenados. Y falta su favorito: “Otis blue”, donde canta soul. Descubre que su esposa lo ha estado engañando con otro y además, el desconocido se ha quedado con su álbum predilecto. Lo mata, lo recupera y al día siguiente el disco vuelve a sonar en casa: el plato de la bandeja gira con el disco y el revólver encima. Ella ahora sabe que él sabe. Algo ha cambiado, es el último eslabón de una cadena de persuasiones que convierte al personaje en asesino profesional, y la última y brillante secuencia del primer capítulo de “Quarry” (MaxPrime, lunes a las 21).

 

Se inspira en un ciclo de novelas escritas por el singularmente productivo Max Allan Collins, vinculado a la literatura de variados géneros, al cine, al comic y al rock, cuyas tapas con mujeres semidesnudas evocan certeramente las ilustraciones de los libros de Mickey Spillane que a mediados del siglo pasado se caracterizaron por su violencia brutal y una visible misoginia. En el género del policial negro, en su momento parecieron representar la culminación del pulp fiction y la novelística hardboiled. No es casual: Max Allan Collins no solamente admiró a Mickey Spillane, también colaboró con él en sus últimos años.

 

 

Mano de obra desocupada

 

 

El productivo Collins, a quien se atribuye un renacimiento del género policial, creó a Quarry en 1976 en su novela “The Broker”. Es el sobrenombre en las sombras de Mac Conway, un experto tirador que vuelve de la guerra de Vietnam en 1972 a Memphis con su camarada Arthur, durante la campaña presidencial donde el candidato demócrata George McGovern entusiasma con su progresismo y ha prometido acabar con la impopular guerra. En ese clima de excitación, a la salida del aeropuerto Quarry y su amigo se encuentran con una multitud que los espera no para aclamarlos como soldados que pelearon por su país, sino para insultarlos por su participación en una masacre en Vietnam. La era de Acuario no les resulta favorable.

 

Quarry —todavía no se llama así- no puede asimilarse a la vida civil, nadie le da trabajo y hasta su padre, a pesar de ser un veterano de Okinawa que lo comprende, toma distancia porque su nueva esposa es pacifista. Desocupado, sufriendo algunas alucinaciones, en una ciudad hostil, Quarry es un capacitado ex combatiente y tirador de elite sin empleo, cuyo oficio solicita un desconocido que lo visita con una proposición. Se hace llamar “The Broker”, parece un hombre de negocios y a su manera lo es. “Yo aporto servicios, la gente tiene problemas y yo ofrezco soluciones. De las permanentes”, le dice.
—¿Son de la mafia? ¿Son de la CIA?-, pregunta Quarry, molesto.
—¿Tienes alguna preferencia?-, responde el visitante, que es un intermediario entre sus clientes y los asesinos por contrato, que nunca se conocerán entre sí. “Todo es limpio y profesional. Un sistema perfecto. Lo único que debes saber es apretar el gatillo, algo que ambos sabemos que haces muy bien”.

 

 

El nacimiento de un killer

 

 

Quarry lo echa, pero su amigo Arthur aceptó y trata de convencerlo: “Así que reventar cabezas de vietcongs como melones está bien, pero está mal matar a hijos de puta que se lo merecen”, razona. Todo un debate moral.

 

—Si haces esto, serás como dicen que eres- argumenta Quarry, refiriéndose a la sociedad que los acusa de una masacre.

 

—Ya somos como dicen que somos-, es la contestación.
Quarry comienza a involucrarse, conoce a un capataz de “The Broker”, un gay demencial llamado Buddy que sostiene que le están haciendo un favor al mundo eliminando muchachos malos. La vida es compleja, pero la muerte no: es sólo apagar un botón.

 

En los próximos capítulos de un total de ocho el protagonista se convertirá en killer de una red criminal que se extiende a lo largo del Mississipi. Hasta el momento, la historia se detuvo en la detallada reconstitución de la época, el drama del veterano de guerra y la subjetividad en conflicto del ex marine, sin llegar con plenitud llega al sadismo, la brutalidad y el sexo duro del original.

 

“Quarry” es un producto de un standard superior, calidad HBO, ya que se incubó en Cinemax, una cocina propia de la señal que ha comenzado a elaborar ficciones. Un crítico del Washington Post escribió que “Quarry” y la ambigüedad moral de su protagonista, le recordaba cierta ficción donde un profesor de química de Albuquerque con cáncer había empezado a fabricar metanfetamina para ganar unos pesos. No es una adivinanza difícil.

 


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