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Diario El Litoral
Martes 04.10.2016
20:32

Señal de ajuste (por Roberto Maurer)

Bestias domesticadas

La atracción de la noche, que comenzó con un sketch a bordo de un taxi, fue Carlos Tévez. Luego, entraron Los Nocheros y Denise Dumas, como apéndice de la casa. Foto: Gentileza América


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Señal de ajuste (por Roberto Maurer) Bestias domesticadas

 

 

Roberto Maurer

“Animales Sueltos” ha regresado como “Animales Sueltos Clásico” (América, los sábados a las 21.30), aunque es relativo su parentesco con el late night show que, descansando en la personalidad de Alejandro Fantino, debutó en 2009 y siguió un derrotero que tras varias temporadas se apartó del perfil original.

En los últimos tiempos, el conductor reunió a un productivo póker de opinadores de renombre que alterna con entrevistas del género “a solas y relajados” con el cual Fantino se fue encumbrando como gran entrevistador. Ciertamente, su timing y sentido de la teatralidad configuran una personalidad única en la tele, y es la de alguien que se hizo a sí mismo colocando un ladrillo sobre otro. Ganó varios Martín Fierro y fue honrado por el ex ministro Aníbal Fernández, que lo trató de “miserable”.

Estilo careta

En su origen, aprovechando la clandestinidad de la medianoche, con gatos y zafadurías se lograron resultados óptimos. Era una buhardilla de transgresión y pecado. Esta versión clásica ha borrado en parte sus rasgos de nacimiento, y conserva la complicidad pícara ahora suavizada entre de Fantino y Coco Sily —su compañero de todas las temporadas-, y un par de secretarias que apenas participaron. Es un horario familiar, funciona en un living muy grande en semicírculo y con mucho público: ya no existe la intimidad del viejo formato, éste es el estilo careta del gran show, en fin, Susana Giménez. Pero Alejandro Fantino, siempre logra momentos de pantalla caliente.

Carlitos

La atracción de la noche que comenzó con un sketch a bordo de un taxi fue Carlos Tévez. Luego, entraron Los Nocheros y Denise Dumas, como apéndice de la casa. Fantino y Coco Sily presentan, insisten en la amistad que los une, y el juego se restablece en torno al machismo recargado y la visión anacrónica del cómico, a quien su compañero le propone un beso en la boca. “Es amistad”, argumenta Fantino, mientras se oye preguntar a la estilizada Dumas si será “con lengua”.

—¿Y en el fútbol? -se dirigen a Tevez-, ¿hay besos en la boca en entre los jugadores?

—Sí, en el vestuario -contesta Carlitos confirmando avanzadas teorías acerca de las costumbres en el popular deporte. Luego pasan imágenes de besos en la boca entre hombres famosos.

Se cuentan anécdotas divertidas, hay momentos sensibleros como el encuentro de Tévez con el Papa en Roma y el mensaje vaticano, así como notas a un par de amigos de Fuerte Apache y con un niño discapacitado, en un noble intento de arrancar lágrimas al futbolista; se habla sobre la educación de los hijos y los folcloristas interpretan zambas y chacareras sin aboleramientos, y finalmente estrenan una especie de cumbia villera titulada “Carlitos pura pasión”.

Sigamos amigos

Hubo una broma fallida, de ficción que se intenta contrabandear como realidad, cuando aparece una inglesita que acaba de bajar del avión: Fantino la presenta como un intercambio cultural con su hijo adolescente que viajó a Londres, y de quien deberá hacerse cargo. “Les juro que no es joda”, sostiene, y durante largos minutos tratan de conversar con la muchacha, pero ninguno habla inglés. Todo fue chiste, pero no se entendió.

De todos modos, no afectó el animado clima de una terturlia sin divismos, que pudo derivar en terremoto si prosperaba una moción de Carlos Tévez cuando propuso con expresión traviesa: “¿Y si hablamos de política?”. Todos callaron y fuimos a un corte.


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