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Viernes 11.11.2016
21:38

Por Néstor Vittori

La victoria de Trump, una vuelta de página

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Por Néstor Vittori La victoria de Trump, una vuelta de página
 

Por Néstor Vittori

La victoria de Donald Trump en las elecciones norteamericanas es una violenta vuelta de página, que no por sorprendente era imprevisible.

Representa la versión más perfecta del “que se vayan todos”, producto de un sentimiento generalizado de hartazgo de una parte significativa del electorado estadounidense respecto de su dirigencia política, a la que responsabiliza del rumbo decadente de su nación.

Hillary Clinton resulta el chivo expiatorio de un sentimiento de impotencia que experimenta un sector importante de la ciudadanía del norte, consecuencia de un largo período dominado por el proceso de globalización, que colocó a vastos sectores de trabajadores de ese país en situación de decadencia económica y desaparición efectiva de sus fuentes de trabajo.

Este proceso, inevitable alternativa pensada y desarrollada por el mundo capitalista frente a los límites del crecimiento, incorporó a los países emergentes, muchos de ellos del sudeste asiático, y a China, a la economía capitalista competitiva. La estrategia fue apostar al crecimiento de sociedades muy sumergidas a través de desarrollos industriales que resultaron sumamente competitivos; primero, por el bajo costo de su mano de obra; y luego, por su creciente incorporación y evolución tecnológica traducida en términos de alta competitividad internacional.

La percepción agravada de decadencia se objetivó en la inmigración, básicamente mexicana, que en una sucesión interminable se fue incorporando a la disputa por los puestos de trabajo, y desplazando supuestamente al trabajo autóctono. Y digo supuestamente, porque hay diversas investigaciones de campo que indican que los trabajos ocupados por los inmigrantes no son apetecidos, y más bien despreciados, por los norteamericanos blancos.

De cualquier modo, este combo estaba allí latente, y ni los políticos ni los medios de comunicación, ni los científicos, fueron capaces de explicar lo que ocurría y generar comprensión respecto de la inevitabilidad de la evolución socioeconómica del país. No advirtieron a tiempo el cambio de paradigmas que produjo el final del largo período de la Guerra Fría, ciclo que mantuvo por años a los EE.UU. en una vigilia de armas frente al peligro de confrontación con el bloque soviético.

La hipótesis de conflicto de magnitud mundial se diluyó con la explosión económica y social de la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas en 1992, y de su posterior disgregación, fenómeno que introdujo cambios importantes en el panorama político y económico mundial. Entre otros, la sobredimensión de buena parte de la estructura económica norteamericana al desaparecer el enemigo.

La apertura al comercio mundial, la competitividad asiática, la precarización del enemigo, fueron factores que incidieron en la realidad económica y social del país del norte. Y los afectados expresan ahora su revancha mediante reclamos contra el libre comercio, piden el cierre defensivo frente a la competencia de terceros países, el aumento del proteccionismo y, en una xenófoba afirmación nacionalista, reaccionan contra hispanos y musulmanes.

También, con la reaparición de ideologías supremacistas que resaltan a la América profunda de los WASP ( blancos, anglosajones y protestantes) asociados con el núcleo fundador de esa nación. Parecieran olvidar que conviven desde hace muchísimos años con minorías de distintos orígenes, que se fueron incorporando en distintos momentos a los EE.UU. con aportes que enriquecen y valorizan la cualidad multicultural de ese gran país.

A Trump le toca ahora llevar adelante sus promesas electorales, que sin duda van a chocar frontalmente con buena parte de la estructura social e institucional de los Estados Unidos, tanto en los planos de la economía y la política, como en la de los acuerdos que integran sus relaciones internacionales. Deberá lidiar con un mundo que lo reconoce, pero que cada vez le teme menos.

El correr de los días dirá si la América profunda conserva su doctrina republicana democrática y pluralista o, por el contrario, ha optado por esa paradoja de la libertad que es la elección del tirano.


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