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Martes 22.11.2016
20:48

Tribuna de opinión (por Néstor Vittori)

Los lobbistas del maltrato animal y sus exageraciones

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Tribuna de opinión (por Néstor Vittori) Los lobbistas del maltrato animal y sus exageraciones

 

Por Néstor Vittori

Ojalá que los galgueros presenten un recurso de amparo contra la inconstitucional y desproporcionada ley recientemente aprobada, que prohíbe las carreras de galgos y promete severas sanciones pecuniarias y cárcel para sus organizadores y partícipes.

El lobby contra las carreras de galgos sesga el conocimiento de la cuestión y contamina de inmoralidad y desnaturalización una práctica más que centenaria en el campo argentino, que tiene en los galgos un auxiliar cotidiano de las tareas rurales y en el trabajo con hacienda. Además, tradicionalmente, después de la lluvia y cuando no se puede trabajar con el ganado, los jóvenes de campo salen con sus perros a correr liebres.

De esas destrezas y de la genética de los perros surgieron las competencias, que fueron perfeccionándose para terminar organizándose en canódromos, como ocurre actualmente en Argentina y en otros lugares del mundo, algunos realmente famosos como el de Hialeah en Miami, Florida.

El galgo corre por naturaleza, y no hay ninguna desnaturalización en esa actividad del perro cuando, en lugar de correr en el campo lo haga en un canódromo. Si en esta instancia se comprueban prácticas excesivas, insalubres y contrarias a la imparcialidad de la actitud corredora, en realidad, y esto no es nada nuevo, se puede legislar regulando la actividad y estableciendo controles obligatorios, que desde ya existen, porque los que compiten no quieren que malas prácticas les saquen ventajas.

No hay demasiadas diferencias entre las carreras de galgos y las carreras de caballos, las cuales están sumamente reguladas y controladas en los hipódromos donde se realizan y aun en las canchas de cuadreras, cuando las competencias se realizan a campo.

Los caballos también corren naturalmente en su vida salvaje, y los hombres, desde la prehistoria, los doman y los aplican a distintas actividades (recordemos en la Ilíada el reconocimiento a los troyanos como grandes domadores de caballos). La carrera de caballos es un hábito milenario, que no contradice, no abusa, ni deforma en absoluto la naturaleza del caballo.

La vertiente de los que pretenden prohibir los distintos usos del caballo, por considerarlos contranatura y causantes de sufrimientos injustos, deberían pensar qué destino tendrían los millones de caballos que se utilizan con fines rurales y deportivos. Al no poder ser utilizados con esos fines, no tendría sentido mantenerlos y cuidarlos como ocurre habitualmente, y no tendrían otro destino que su envío a frigoríficos para su faena.

La paradoja es que quienes pretenden sustraer a los caballos de los supuestos abusos que presumen que se cometen contra ellos, en realidad los están condenando a morir en una playa de faena.

A esta altura, quiero reivindicar, tanto para los galgueros como para los jinetes, equitadores y criadores, una genuina relación de amor con sus animales, que se traduce en todas las formas de cuidado que les proporcionan en la alimentación, en la salud y la administración del esfuerzo.

No niego la existencia de excesos, pero éstos son la excepción y generalmente se registran en los conglomerados humanos marginales, con los animales utilizados en el cirujeo o en los pisaderos de ladrillos, que están a la vista, donde se observan numerosos casos de animales desnutridos, enfermos y maltratados.

Pero estos casos, que sin duda existen, son un reflejo de la marginalidad en que viven sus dueños, carentes de la mínima educación, excluidos de cualquier actividad formal y generalmente hambreados tanto ellos como sus familias, de los cuales no se puede esperar una actitud humanitaria, cuando ellos no reciben un trato de esa naturaleza por parte de la sociedad a la que marginalmente pertenecen.

Sería importante que los activos lobbistas contra el maltrato animal pusieran todo su esfuerzo en colaborar en el mejoramiento de las condiciones de vida de los protagonistas de ese maltrato, que no es otra cosa que un espejo de sus propias vidas.

Quiero reivindicar, tanto para los galgueros como para los jinetes, equitadores y criadores, una genuina relación de amor con sus animales, que se traduce en todas las formas de cuidado que les proporcionan.


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