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Domingo 29.01.2017 | Última actualización | 21:49
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De domingo a domingo

Tropiezos adolescentes de Macri, en su segundo año de gobierno

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El gobierno de Mauricio Macri edifica todos los días sus propios muros y los pone como tabiques alrededor de los laberintos que se autoinflige.l gobierno de Mauricio Macri edifica todos los días sus propios muros y los pone como tabiques alrededor de los laberintos que se autoinflige.

El gobierno de Mauricio Macri edifica todos los días sus propios muros y los pone como tabiques alrededor de los laberintos que se autoinflige.

 

Foto: Archivo


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De domingo a domingo Tropiezos adolescentes de Macri, en su segundo año de gobierno El gobierno de Mauricio Macri edifica todos los días sus propios muros y los pone como tabiques alrededor de los laberintos que se autoinflige. El gobierno de Mauricio Macri edifica todos los días sus propios muros y los pone como tabiques alrededor de los laberintos que se autoinflige.   E El gobierno de Mauricio Macri edifica todos los días sus propios muros y los pone como tabiques alrededor de los laberintos que se autoinflige.l gobierno de Mauricio Macri edifica todos los días sus propios muros y los pone como tabiques alrededor de los laberintos que se autoinflige. El gobierno de Mauricio Macri edifica todos los días sus propios muros y los pone como tabiques alrededor de los laberintos que se autoinflige.  

Por: Hugo Grimaldi

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El gobierno de Mauricio Macri edifica todos los días sus propios muros y los pone como tabiques alrededor de los laberintos que se autoinflige. Así, contra su propia prédica y la del Papa Francisco, tira por la borda diálogos abiertos, escribe decretos que irritan, deja que el presidente en persona defienda casos vidriosos y encara muchas batallas perdidas de antemano en temas que, más allá de darle de comer a los opositores, abre frentes de grave crítica aun dentro del espacio de Cambiemos.

 

“Nada que nos preocupe, estamos gobernando”, dicen como para zafar en la Casa Rosada, cuando el periodista pregunta por qué se transitan ciertos jardines. Entre los observadores siempre queda flotando la misma duda a la hora de ver por qué el gobierno está actuando así: o son genios en tácticas de comunicación, para evitar que la discusión de la gente se traslade a los golpes que aún tiene para darle al bolsillo la economía (tarifas, comienzo de las clases, etc.) o siguen siendo todavía unos “pichis” de la política quienes, tras haber transitado el año de la niñez a pura prueba y error, hoy se comportan como típicos adolescentes que van de tropiezo en tropiezo y aún carecen de rumbo definido.

 

Con las próximas elecciones metidas entre ceja y ceja desde hace un tiempo, tópico ineludible porque de él dependerá mucho el futuro político del oficialismo hasta 2019, parece que las encuestas dicen que las mayorías quieren siempre lo mismo: que el ajuste lo pague el otro. De allí, que este año y hasta octubre, parece que el gobierno se vestirá otra vez de gradualismo, aprovechando el cambio de ciclo económico y surfeará sobre las olas con la intención de darle aire a mucha gente desde el consumo y la obra pública.

 

Podría sintetizarse la situación más de fondo diciendo que al gobierno todo se lo nota demasiado metido en el día a día, desvío que hace que el largo plazo ya no luzca. A veces hasta parece insólito que se haya perdido el norte, algo que claramente resulta ser una decepción para muchos votantes de Cambiemos.

 

En el caso del kirchnerismo, esto no era un problema, porque la mirada de cortísimo plazo está en el gen populista, pero que un “gobierno de CEO's” ahora parezca que ya no ve más allá de las narices significa que en la política argentina el horizonte ha sido deglutido una vez más por el día a día. Alinear el giro hacia fórmulas más keynesianas y ocuparse casi en exclusiva del corto plazo parecen ser hoy las dos puntas de una misma pinza, un revival del mejor Axel Kicillof.

 

En la Casa Rosada no lo niegan, pero aseguran que “no se puede comparar, porque nuestra estrategia de fondo sigue estando presente. Estamos trabajando para mejorar la situación fiscal y vamos hacia una reforma tributaria y una baja de costos laborales”, prometen.

 

El efecto Trump

 

Para mal de males, la irrupción de Donald Trump y su ultractividad en materia de rediseño inmediato de la política de los Estados Unidos le agregó a los padeceres locales la cuota de incertidumbre que padece el mundo. ¿Quién se atrevería a planificar algo hasta que casi todas las cartas queden expuestas sobre la mesa? No lo hacen los privados y menos el gobierno argentino que, como casi todos, está esperando ver de qué lado va a soplar el viento. En todo caso, agrega el periodista, Trump puede hasta llegar a ser una buena excusa.

 

Las bravatas del nuevo mandatario y el modo humillante con que pretendió renegociar el Nafta con el presidente de México, Enrique Peña Nieto, poniendo por delante el pago de la pared de separación fronteriza hizo fracasar cualquier avance.

 

Primero, dijo que “México aún no lo sabe, pero pagará por el muro” y un día después se descolgó diciendo que los productos mexicanos tributarán un arancel del 20 por ciento. Alguien debió sacarlo del error porque usó ese argumento sólo una vez, ya que o el sobreprecio lo tendrán que afrontar los consumidores estadounidenses o bien, si los exportadores mexicanos derivan la mercadería a otro destino, Trump no tendrá a quién cobrarle.

 

Hay que consignar que muchas de las premisas que pretende imponer el recién llegado a la Casa Blanca, y sobre todo las que están condicionando gravemente la relación con su vecino del sur, van a contramano del pensamiento de fondo del presidente y su equipo (proteccionismo vs. apertura), aunque otras cosas del nuevo mandatario estadounidense apuntan, con casi ninguna flexibilidad de su parte por ahora, en una línea parecida (control de inmigrantes), aunque el gobierno dice que en el caso argentino se trata de “control de delincuentes” y es lo que explica “la firma de la canciller Susana Malcorra en la reciente reunión de la Celac”.

 

También hay que referir que el peronismo -sobre todo el ala kirchnerista- está exactamente igual que el gobierno, pero a la inversa, ya que aunque siempre tiene presente la aversión que siente por todo lo que provenga de los EE.UU. ama el cierre de la economía que promueve Trump. Los palos hacia la prensa, que son un calco de aquello que los K hicieron durante tantos años en la Argentina (“partido de oposición”), es música para sus oídos y el populismo agresivo del nuevo presidente les encanta.

 

Y aunque habitualmente critica que se controle a la inmigración aquí, nada ha dicho de la agresión del republicano hacia el “hermano latinoamericano” y, por ende, miembro de la “Patria Grande”.

 

Volviendo a Macri, se puede observar que durante su primer año de gobierno aprendió a los tropezones de qué se trata la política y corrió desde atrás muchos temas. Si bien se fue de boca con declaraciones inoportunas o se equivocó en ponderar elementos del tironeo legislativo (caso Ganancias), tan mal no lo ha hecho si se les computan los éxitos y fracasos de esa etapa de acomodamiento.

 

Ahora, bastante confundido y quizás agrandado porque este 2017 lo había mostrado como un hábil “instalador de agenda”, ya que se habla de sus temas y sólo de sus temas, el gobierno ha vuelto a las andadas con varias cuestiones de controversia, aunque algunas las ha encarado con cierto éxito, como la búsqueda de mayor productividad en Vaca Muerta y una eventual réplica de ese modelo para otras actividades.

 

Para avanzar en otras de sus propuestas ha pedido discutirlas previamente y luego en el Congreso, como la ley penal juvenil y el control de inmigrantes, aunque en este último tema ya se han tomado decisiones administrativas que han calentado la discusión. Otras cuestiones las resolvió por decreto (reformas a las ART, cambios en los feriados), con graves metidas de pata políticamente hablando, ya que se le abrieron frentes que son los que le están dando cada vez más letra a la oposición, gremios incluidos.

 

Hasta en el fútbol

 

Y hasta se enredó con el culebrón del fútbol y se metió en la AFA para marcarle la cancha a Marcelo Tinelli y está pagando con una grave operación de hackeo a las redes oficiales, que no parecen estar demasiado custodiadas y muestran una alarmante vulnerabilidad, que estuvo destinada a desacreditar a la ministra Patricia Bullrich, debido a la depuración que se ha encarado en las fuerzas de seguridad, aunque para muchos aún el cuchillo no ha llegado al fondo.

 

Vale la pena hacer un repaso de algunos de estos temas, para observar en conjunto el mapa de enredos en el que se han metido Macri & Cía. sobre el que la oposición se está haciendo un picnic: A) Gustavo Arribas: el actual jefe de la AFI (ex Side), amigo personal y hombre de confianza del presidente, no pudo demostrar aún que la transferencia de 71 mil dólares que recibió en una cuenta radicada en Suiza, canalizada a través de un operador de cambios que reconoció haber pagado coimas a intermediarios en nombre de Odebrecht, tenía como origen la venta de un departamento suyo en Brasil. En el juzgado esperan la escritura, pero Arribas aún no la aportó. B) Inmigrantes: si bien no hay puntos en común con las políticas de Trump, no pudo haber sido más inoportuno que se haya echado a rodar el control migratorio en estos tiempos, justo cuando el momento pone sobre el tema un foco de discusión bastante mayor. Pese a que prometió debatir el tema, el gobierno avanzó por ahora básicamente en tres frentes: 1) Desde el punto de embarque, las líneas aéreas deberán remitir a Migraciones una información anticipada de los pasajeros. Así, podría detenerse a quien haya delinquido en el país de origen o expulsarlo si consiguiera llegar. Se promete que el procedimiento se va a extender a cruceros, ferries y ómnibus; 2) Se creó la Comisión Nacional de Fronteras para controlar pasos limítrofes y coordinar fuerzas de seguridad; 3) Se avanzó en un decreto que busca bajar a dos meses el trámite de expulsión de extranjeros condenados por delitos graves en el país o el exterior. C) ART: por Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) se aprobó una reforma en la Ley de Aseguradoras de Riesgo de Trabajo, pese a que había un proyecto con media sanción en el Senado que hace intervenir a juntas médicas antes que a los Tribunales y ayuda a reducir la “industria del juicio”.

 

El DNU fue recurrido por “inconstitucional” y se criticó que se haya tratado de eludir el debate que se iba a dar en la Cámara de Diputados. D) CGT: los sindicalistas no sólo criticaron al gobierno por el decreto (pese a que habían estado de acuerdo con la media sanción), sino que censuraron la pérdida de empleos y lo acusaron de “pasividad” ante los empresarios, por no haberles hecho respetar el compromiso tomado el año pasado en la Mesa de Diálogo. Prometieron debatir el jueves próximo el llamado a un paro general. E) Feriados: éste fue el problema que Macri se compró sólo con las fechas del 24 de Marzo y el 2 de Abril, dos feriados que no perdieron su condición de tal, pero que pasaron a ser móviles.

 

El traspié no sólo cohesionó al peronismo, sino que le dio vuelo al kirchnerismo y a las organizaciones de derechos humanos, que se sienten representados por él, junto a adherentes de Cambiemos, que sienten por convicción que no debió hacerse y otros porque suponen que fue un error político. El periodista preguntó qué pasaría si se da marcha atrás. “No pasaría nada y no creo que ocurra, pero si hay que hacerlo, mejor que sea pronto”, señaló el interlocutor oficial. Admitir un error, sobre todo porque no se buscó consenso al respecto, a veces da mayor crédito que empacarse, reacción típica de adolescentes.


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