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Domingo 29.01.2017 | Última actualización | 21:59
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Mirada desde el sur

Perón y los concejales

Concejo Municipal de Rosario Foto: Archivo


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Mirada desde el sur Perón y los concejales

Por Raúl Emilio Acosta

 

Cuenta la leyenda que una delegación de concejales de diversas municipalidades del GBA fueron a Perón con quejas sobre el armado político territorial y los posibles candidatos, y que “el viejo” les dijo que era importante y esforzada la tarea que ellos debían hacer, que confiaba mucho en ellos... Ante el silencio, prosiguió: “Atender las cuestiones de Alumbrado, Barrido y Limpieza, que no es política sino servicio a la población. Esa es la tarea de ustedes. La política es un arte que se estropea si no se vive en un sitio bien alumbrado, bien barrido y totalmente limpio, no sé si me comprenden...”, dicen que terminó el viejo, y como siempre, con un guiño picaresco. Fue el final de la charla y, por mi parte, el entendimiento de que la comuna es un sitio especial

 

Años después, viajando con un excepcional maestro, Osiris Troiani, le escuché un consejo paseando por Madrid (él buscaba una muñeca vestida de española “de este tamaño”... y se llevaba la mano a la cintura. Era para su nieta) “vea Bigotes... el último refugio de la democracia es la comuna, usted puede interpelar al que lleva las finanzas, al que le cuida la salud y al que vigila por su seguridad. Toda intermediación desvirtúa y traiciona. La comuna es democracia, lo otro tráfico y negociado...”.

 

Uno era un zorro militar, demasiado astuto para el común de los militares, el otro un ácrata lúcido, arbitrario y caprichoso. Ambas cuestiones son, en pureza, absolutamente necesarias y, a la vez, poco practicables.

 

En Rosario hay concejales con 15, acaso 20 años de presencia, en los que ninguna de las tres cuestiones esenciales han sido su aflicción y, sin embargo, Rosario debería atender más el cumplimiento del ABL. Los votos perdidos por el socialismo y, básicamente, por la intendencia se deben en cierto modo al crecimiento de otras aflicciones que no le son, por fueros y jurisdicciones, directamente pertinentes. La Fein no tiene pertenencia sobre la droga y las vías navegables, para dar un ejemplo que aflige a los suyos.

 

Los concejales rosarinos han tenido variados comportamientos en sus veteranías. Los hay que acumulan ordenanzas, proyectos de ordenanzas, pedidos de informes y participaciones declarativas hasta sumar, pongamos... 4.000. La Iglesia todavía mueve el mundo con 10 mandamientos. Son formas de supervivencia. Otros han tomado para sí algunos temas. Un concejal, los perros, otros la trata. Los hay que no han tomado ningún tema y acompañan a muchos. Otros buscan el afecto y la charla, como el estimado concejal de la palomita.

 

Entre un concejal con el alma definitivamente canalla y otro altísimo en su ego, pero sin ninguna palomita en el cariño de su pueblo, se mueve el concejo rosarigasino. Aquí debutó Cavallero, Binner, por un momento Bonfatti. Aquí la primera mujer presidente del cuerpo: Martha Sánchez. Aquí dos presidentes de Rosario Central, el vasco Usandizaga y el rulo Broglia. Aquí el más escondido fanático leproso: Evaristo.

 

En el Concejo, aun cuando quieran esconderlas, las fortunas malhabidas, las trapisondas que mediante argucias legales permiten la existencia de kioscos en diversos sitios de la economía y el rebusque, aparecen. Todo aparece.

 

En estas elecciones de medio término, que ya arrancaron, aparecerán tres cuestiones inevitables. Me quiero ir para ascender. Quiero volver. Quiero entrar. Nadie piensa retirarse. Tendrán que retirarlos a la fuerza. También con la indiferencia. Algunos han pensado que son utilísimos a la sociedad en varios lugares a la vez y otros se lamentan por haberse quedado demasiado, se maldicen por no haberse ido antes, unos por estar en una foto, otros por haberse negado a la foto... en fin. No se conoce discurso que diga: tengo oportunidad de seguir pero me vuelvo a mi casa. Mucho menos que citen a Perón y declaren: lo mío es alumbrado, barrido y limpieza, ayúdenme a mantener de ese modo a la ciudad.

 

El que ha sido totalmente superado es mi admirado colega. Troiani decía que la comuna era el último refugio de la democracia verdadera, directa, de diálogo real con quien nos representa. En este siglo he terminado por entenderlo a Osiris. Él siempre habló de comuna, no de intendencia. No son iguales. En una aún se aloja, con indulgencias, la democracia directa.

 

Uno era un zorro militar, demasiado astuto para el común de los militares, el otro un ácrata lúcido, arbitrario y caprichoso. Ambas cuestiones son, en pureza, absolutamente necesarias y, a la vez, poco practicables.

 


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