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Lunes 30.01.2017
20:48

Borges y la ciudad de Salónica (por Jorge Cerana)

Inicialmente había un poema

Foto: Telam / Archivo


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Borges y la ciudad de Salónica (por Jorge Cerana) Inicialmente había un poema

Por Jorge A. Cerana (*)

“Abarbanel, Farías o Pinedo,
arrojados de España por impía
persecución, conservan todavía
la llave de una casa de Toledo”.
Borges, “Una llave en Salónica”, en “El otro el mismo”, 1964


Estanislao Giménez Corte ha elaborado un trabajo sobre la contribución de Borges en aspectos relevantes que van mucho más allá de su obra literaria, sobre todo en su relación con el periodismo. Analizando una experiencia particular, pude conocer un caso de la influencia de Borges en otro campo, como el cine documental. Siendo turista poco informado y estudiante lejano a la literatura y la historia, por cosas del destino y la juventud, llegué a la ciudad de Salónica (Grecia), donde debía residir por unos cuantos meses.


Tenía que enfrentarme con un idioma difícil y poco comprensible para nosotros suramericanos, donde el contacto con otros idiomas no latinos es alguna rareza. Ante ese primer choque cultural y acostumbrando el oído, encontré cierta familiaridad en los modos y el estilo. Para mi gran sorpresa, empecé a reconocer voces muy ligadas a nuestros glosarios, que tienen principalmente raíces griegas. Aquella etimología de las palabras, que hemos trabajado en los diccionarios escolares, nos va dando su ayuda y también expresiones cotidianas que indican lo cercano que podemos encontrarnos con la legendaria y actual lengua helénica.


Al escuchar palabras domésticas y expresiones que no podían ser otras que del idioma español, despertó mi atención y sentí un gran sobresalto. ¿Dónde me encontraba? Sí, sentía un español algo enrarecido pero definitivamente ibérico. Aunque el impacto sólo se percibía en algunos barrios próximos al mercado, la repetición de encuentros y alguna información adicional me permitió elaborar una explicación que calmó mi inquietud. ¿De qué se trataba? Es que en forma simultánea, mientras España realizaba la conquista americana, invadiendo con la cultura hispánica estas tierras occidentales, desalojaba de sus tierras y con mucha crueldad a toda una población asentada en la península por cientos de años. Fueron expulsados árabes y judíos, que habían dado importantes aportes a la cultura y a las ciencias universales. Esa parte de la hispanidad, en una nueva diáspora étnica, cultural y religiosa, fue bien recibida en el seno del imperio Turco Otomano. Salónica en esos tiempos era considerada la segunda urbe cosmopolita del imperio, después de su mítica capital Estambul, la antigua Constantinopla.


La llegada de la emigración hispánica, constituida por judíos sefarditas, hizo de esta comunidad la más importante de la ciudad, cambiando radicalmente su fisonomía y la incorporación de una nueva lengua, el español. Esto que para mí fue un descubrimiento, ya había sido registrado poéticamente por nuestro Jorge Luis Borges, en bellos versos escritos posiblemente en su juventud: “Una llave en Salónica”.


El relato realizado por Borges ha resultado muy inspirador, tanto que sirvió de disparador para que el cineasta Paolo Poloni (**), gran documentalista, realizara una visita fílmica a la ciudad, registrando los rastros que quedan de aquella Salónica, la Jerusalén de los Balcanes. ¿Por qué hablamos ahora de aquella Salónica perdida? La sociedad sefardita, que vivió casi 500 años en la ciudad, la convirtió -con una enorme proyección económica y cultural- en una de las ciudades más progresistas del imperio Turco; y, luego de la moderna Grecia, se encontró en pocos meses devastada por la invasión alemana y su secuela de deportaciones y exterminio. Quedan hoy sólo resabios, restos que nuestro Borges pudo guardar para la posteridad, del hondo sentir de la diáspora de un pueblo en el exilio, sin patria y con éxodos repetidos hacia Oriente y Occidente.


Borges se encuentra con esta realidad, que es común a nuestros pueblos americanos, eternos inmigrantes, tomando algunas referencias de su pasado genealógico, como el de su familia materna los Acevedo, de posible origen judío según registros que así lo consignan. Paolo Poloni, suizo, de esa nación que Borges también sintió suya, toma también lo suyo de este poema. Estas culturas que se trasladan, que aparecen y desaparecen y reaparecen en lugares remotos, a veces sin contacto aparente, es lo que Borges y Poloni reflejan en sus respectivas obras. ¿Cosas del realismo mágico borgiano? ¿Cosas del realismo documental de Poloni? (***)


(*) Ingeniero Agrónomo (UNR). Especialista en Suelos (UN Río Cuarto) y en Manejo de Cuencas Hidrográficas (UN Los Andes, Venezuela). Profesor Titular e Investigador (Uner). Miembro consejo editorial Ediuader (Uader). Becario Iaeste Salónica, Grecia, 1973.
(**) Paolo Poloni, nacido en 1954, en Lucerna, Suiza. Es director y documentalista.
(***) Referencias: “Salónica” (2008), una película de Paolo Poloni; “Yo judío”, por Jorge Luís Borges. Revista Megáfono, 3, Nº 12, Pág. 60, Buenos Aires, abril de 1934; “Historia de los judíos sefardíes. De Toledo a Salónica”. Benbassa, Esther y Rodríguez Aaron: Abada, Madrid, 2004; “Si esto es un hombre”, de Primo Levi. Einaudi Editore Torino, 2002; “Borges periodista. Usos de la metáfora en textos para la prensa” (Biblos, 2016), de Estanislao Giménez Corte.

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