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Viernes 03.02.2017 | Última actualización | 20:20
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Tribuna política (por Néstor Vittori)

Inundaciones y futuro

Canal Vila Cululú y ruta 34, departamento Castellanos, enero de 2017. Foto: Inta Rafaela



Tribuna política (por Néstor Vittori) Inundaciones y futuro

Por Néstor Vittori

 

Las inundaciones, realmente graves en distintas zonas de la provincia de Santa Fe, causadas por las intensas precipitaciones suscitadas entre el 23 de diciembre y el 13 de enero pasados, no deben llamarnos a engaños ideológicos, con razonamientos que nada tienen que ver con la realidad, aunque para ello se invoque a referentes supuestamente inobjetables.


Haciendo blanco en una región conocida en profundidad producto de mi larga militancia gremial ruralista, al observar el mapa de cotas de una extensa zona de los departamentos Castellanos y Las Colonias, podemos ver que las zonas inundadas en su mayoría se corresponden con zonas bajas e inundables, o bordes de las mismas, que nunca tuvieron características boscosas, sino de bajos tendidos.


Éstos fueron recuperados para las actividades ganaderas, tamberas y agrícolas, mediante obras de drenaje y saneamiento como el canal Vila Cululú construido en la década del 60.

 

Este canal comienza al sur de Castellanos y Vila, y transcurre en una dirección suroeste noreste, permitiendo drenar los excesos hídricos de una cuenca prácticamente cerrada, con un importante borde de retención a la altura de Bigand, que hubo que cortar, para escurrir hacia el canal y la cañada de Sunchales, siguiendo hacia al arroyo Cululú y por el mismo al río Salado.


Esta obra de saneamiento se inició durante el gobierno del Dr. Aldo Tessio, a instancia de su ministro de Obras Públicas, Dr. Luis Romero Acuña, oriundo de Vila, quien tuvo la dimensión de comprender, por conocerlo de cerca, la problemática del agua en esas cercanías.


Esa concreción aportó un importantísimo factor de producción y progreso a una vasta región de la provincia, transformando bajos y esteros en campos aptos para diversas actividades productivas.


Hago esta referencia porque contrasta decididamente con la perspectiva de los últimos años, reconocida por los presidentes comunales de las zonas más afectadas, en las que no hubo una visión integral de la cuenca y sólo se han realizado trabajos menores en materia hidráulica, sin asumirse las inquietudes frente la posibilidad anunciada de precipitaciones intensas y reiteradas producto del cambio climático, agravadas por el recibo de agua de otras jurisdicciones.


En este sentido, hay un buen reporte de información recabada por Gustavo Gigena, secretario de Redacción del periódico Nuestro Agro y publicada en su edición de agosto de 2015.

 

La visión esencialmente urbana de los gobiernos socialistas, los ha enfocado en la resolución de los problemas de las ciudades. Procediendo con inercia y lentitud, cuando no con desconocimiento, en el abordaje de los problemas que afectan a la producción agropecuaria, como son todas la obras de infraestructura, ya sean éstas hidráulicas, camineras, ferroviarias, portuarias por nombrar solamente a las más importantes.


Peor aún, no ha faltado la intervención de algún ministro, cuestionando el modelo de producción zonal y promoviendo un cambio, hasta ahora expresado sin precisiones.


Cabe señalar que el modelo histórico de producción de la región ha sido la alternancia de ganadería o tambo con agricultura, en ciclos de rotación más o menos rígidos, que si se rompieron en dirección del monocultivo de soja, fue inducido por la política del gobierno nacional orientada en esa dirección, con una parsimoniosa tolerancia de los gobiernos provinciales.


La expropiación de la rentabilidad de la ganadería y la lechería, así como el tratamiento que recibieron el maíz y el trigo que fueron tornándose inviables, determinaron la cesión de territorio al cultivo de soja, a la sazón la única producción con algún grado de rentabilidad.


Testimonio de esto es la pérdida de 12 millones de cabezas de nuestro stock ganadero, la reducción del área sembrada con trigo a la menor superficie en 100 años y la fuerte caída de la producción de maíz.


Restablecida la rentabilidad de la ganadería y de las otras producciones agrícolas como el maíz y el trigo, por eliminación de las retenciones y el intervencionismo de los ROE para la exportación, la matriz de rotación inmediatamente comenzó a restablecerse, lo que se comprueba con la retención de hembras vacunas y la expansión del área sembrada de estos cultivos.


Las pérdidas, que producto de los fenómenos climáticos recientes, van a tener que soportar los productores, los industriales, los comerciantes, los trabajadores de la región y aun el propio Estado, son el testimonio de la mala elección de las opciones por parte de los sucesivos gobiernos, que de pronto, como emblemáticamente se lo exhibe, han invertido recursos en obras superfluas, como el famoso Patio de la Música de Rosario, cuando con esa plata se podrían haber construido numerosas alcantarillas y reemplazado puentes colapsados por años de antigüedad.


No es ésta una crítica a la decencia y honorabilidad de los gobernantes socialistas, que sin duda pueden exhibir con el orgullo de la normalidad, en una Argentina plagada de indecencia y corrupción.


Pero sin duda lo es al ejercicio de sus opciones, que han relegado a las fuentes generadoras de una riqueza que sí o sí se derrama sobre toda la geografía económica provincial.


Es menester que el gobernador Lifschitz, que ha recibido dos impactos climáticamente graves, en su corto tiempo en el gobierno de la Provincia, redireccione su enfoque provincial, hacia la región interior, promoviendo un cambio institucional en las cuestiones que implican en el tiempo, una proyección que va mucho más allá de su mandato.


La cuestión hidráulica es una de las principales, que requiere un ámbito permanente para que se puedan discutir y construir políticas de Estado, que van a ser determinantes del futuro desempeño de la provincia en materia económica y social.


Pero para ello hay que tener en cuenta el estado de situación actual, el pésimo ánimo de productores y empresarios que son los que invierten y pierden ante fenómenos incontrolables o mal controlados, tratando de recrear confianza y una visión prospectivamente optimista.


Para ello, sería conveniente tener muy presente aquello que inmortalizó la frase de Albert Einstein: “Es muy difícil, que haciendo lo mismo, se puedan obtener resultados diferentes”.


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