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Martes 07.02.2017 | Última actualización | 9:34
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Rock en Baradero: sábado y domingo

Donde empieza el interior

El carisma y la energía de Ale Kurz, durante la actuación de El Bordo.  Gentileza Producción / Fotografía de Toilette.

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Foto:Gentileza Producción / Fotografía de Toilette.
El carisma y la energía de Ale Kurz, durante la actuación de El Bordo.


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Rock en Baradero: sábado y domingo Donde empieza el interior

 

 

 

Ignacio Andrés Amarillo

iamarillo@ellitoral.com

 

 

El segundo día del Rock en Baradero cumplió con las expectativas de ser el más convocante, a pesar de los pronósticos de los últimos días que anunciaban lluvia copiosa. Como cada jornada, la apertura (un poco demorada por las primeras gotas) estuvo a cargo de una banda surgida por concurso, en este caso Platillos Voladores. Fueron seguidos por Rivales y El Plan de la Mariposa (que deberían llamarse ellos Banda de Turistas, por el aspecto escandinavo de los tres hermanos que fungen como referentes del grupo. Esa primera tanda cerró de la mano de la banda platense Saltando el Charco, una propuesta de lo que hoy llamaríamos “estilo uruguayo”: básicamente quiere decir que suena bastante a La Vela Puerca, con una buena sección de vientos.

 

 

Electricidad y alegría

 

 

La sunchalense Marilina Bertoldi llegó con banda renovada, arrancando su set con “Sexo con modelos” (que da nombre a su última placa), siguiendo con “Puerto”, “Puentes”, “MDMA”, “Quisiera” (armonizando voces con la loopera), “Rastros” y “Cosas dulces”. La melena (¿y el ombligo?) más célebre del rock emergente cerró con “Y deshacer”, con cara de “me están apurando”.

 

La Perra Que los Parió presentó una propuesta cercana a la “fiesta comprometida” de Bersuit Bergarabat, con toques del “disco rock” que metía Intoxicados: de hecho hicieron su canción “Disco bar”, insertando un fragmento de “La rubia tarada” de Sumo.

 

Más obvios en Cosquín Rock que en Baradero, Los Caligaris pusieron la alegría cordobesa en la provincia de Buenos Aires. Para el que no los conoce, podríamos decir que son como si Los Auténticos Decadentes se hubiesen criado en la Docta, escuchando la Mona y tomando fernet. Justamente no faltó la celebrada “Asado y fernet”, al igual que el hit imperecedero “Nadie es perfecto” (la del Negro Cara de Pipa) entre saltos y bailongos, acompañados por Francisco Lago, cantante de Saltando el Charco; y un paso por “Ji ji ji” de los Redondos en clave cuartetera.

 

 

Ideas y canciones

 

 

Salta la Banca abrió el segmento tardío y central de la noche, bastante remojado por la lluvia que iba y venía. Santi Aysine salió de shorts, gorrita, zapatillas blancas y remera ajustada, con estampa de galán proletario, la cara bonita del trotskismo musical. El sobreviviente de Cromañón encabeza la banda barrial más innovadora en cuanto a lenguajes rockeros. “Mejillas de amapola”, “¿Quién dice?”, “Dale Dolores”, fueron parte del set, con la crítica a la policía en “Ellos”, a los medios en “Vosotros”, y el cierre con “Bautismo”.

 

Estelares llegó como siempre, con Manuel Moreira y Víctor Bertamoni a la cabeza, para tirar un set compacto de canciones coreables acompañadas de visuales alusivas, que arrancaron con “Aire”, “Doce chicharras”, “Alas rotas” y “Ella dijo”: Manuel festejó que la cante ahora la hinchada del Barcelona. Siguieron “Melancolía”, “Tanta gente”, “Rimbaud” (celebración de años juveniles); canciones “felices” como “Es el amor” y “Un día perfecto”. La despedida fue con “¿Quién no se ha besado en Mardel?” (“somos de clase media”, tiró) y “El corazón sobre todo”.

 

Los rosarinos de Cielo Razzo picaron alto en la grilla, sacudiendo a la multitud con “Galope”. Pablo Pino (voz), Diego Almirón y Fernando Aime (guitarras y coros), Cristian Narváez (bajo), Javier Robledo (batería), y dos invitados permanentes, Marcelo Vizarri (teclados) y Carlo Seminara (percusión) pasaron por “Luminoso” y “Buenas”, entre visuales “intergalácticas” en las pantallas. Como siempre, Pino agradeció la oportunidad laboral, antes de entregarse a “Chapa y bandera”, “Vieja caña” (ahí se armó pogo intenso). “Ya vienen los héroes”, dijo de las bandas que seguirían, y cantó “Qué sé yo”, antes de dedicarle “Cochicó” a Las Pelotas, que lo inspiraron. El tramo final fue con “Disfraz”, “Demás”, “Alma en tregua”, “Luna” y “Ventana”.

 

 

Un clásico

 

 

“Ustedes saben que hay un nuevo pato en el mundo, que se llama Donald Trump, y para él es este tema”, dijo Germán Daffuncchio, abriendo el show de Las Pelotas con “Capitán América”. Siguieron “Solo”, “Tormenta en Júpiter” y “Ya no estás”. “¿Qué lindo día, ¿no?”, bromeó a su manera, para espesar la cosa con “Víctimas del cielo” antes de “Siempre estará”, y volver a bajar luego el tempo con “Personalmente”. “Si supieras” permitió que el multiinstrumentista Alejandro Gómez pudiera tocar la melodía de la que sale el cantito de “Las Peló”.

 

Secundado por el hombro y la sonrisa cómplice de la bajista Gabriela Martínez, el “antifrontman” abordo “Transparente”, “Hasta el fondo del río”, donde “se volvió un pato”, abriendo “Escondido bajo el brazo”. En ese momento aprovecharon para cantarle el “Feliz cumpleaños” al baterista Gustavo Jove, antes de “Era” y “Como una estrella”, que “se lo queremos dedicar al querido Bocha en su cumpleaños” (en realidad, Alejandro Sokol nació un 30 de enero).

 

El tramo final calentó con “Bombachitas rosas” y “Esperando el milagro”. En la dinámica festivalera, la posta es apurarse a meter dos temas más: Germán invitó como tantas veces a Gabriel Dahbar de Cayacanaya para “Como un buey” y “Día feliz”.

 

 

Orientales de madrugada

 

 

Finalmente arrancó el número central: No Te Va Gustar sacudió la fría noche con “Más mejor”, “Cero a la izquierda”, “Con el viento” y “Fuera de control”, en el comienzo de una lista larguísima: Emiliano Brancciari agradeció a los que aguantaron hasta tarde, y habló de los recuerdos que les trae ese espacio (antes había otro festival en el mismo lugar).

 

“Llueve tranquilo” antecedió al primer gran hit de su historia, “Al vacío”, seguida por “A las nueve”, “Mirarte a los ojos”, “Esta plaga”, “El error” (con la historia del origen, bastante graciosa), “Comodín” (con el peculiar videoclip en la pantalla), “Sin pena ni gloria” y “Ese maldito momento”. Ahí contó sobre la primera vez que tocaron en Baradero, de día, y de cuando tocaron esa canción: era “Clara”, tal vez la canción más uruguaya del rock uruguayo (con celebración al combo de Diego Bartaburu en batería y Gonzalo Castex en percusión). “Prendido fuego” llegó como adelanto del próximo disco.

 

“Arde”, “Rata”, “Paranoia” (con su video estelarizado por Favio Posca) fueron seguidas por el coro general en “Chau” (con la letra proyectada para eso), “Destierro” y “Verte reír” (cita a “Mañana en el abasto” de Sumo), “El camino”, “Tan lejos” y “Nada para ver” (con los vientos a pleno). El tramo final fue con “No hay dolor” (el trompetista Martín Gil en la voz), “Te voy a llevar” (cita a la ricotera  “Todo un palo” incluida) y, ya fuera de lista, “No era cierto”, orillando las cuatro de la mañana.

 

 

Figuras rocanroleras

 

 

La tercera y ultima jornada inició con algunas gotas y la fusión de la concursada Lapsus, seguida por Amantea. Allá por las cuatro de la tarde fue el turno de Sexto Sentido, una propuesta de neto rock and roll, que anticipó la tónica que iba a tener la jornada, tras lo cual llegaron Los Pérez García, que si bien pertenecen a ese universo suman una línea calamariana y vigorosa percusión; y, en una jornada de frontmen peculiares, alistan al carismático Beto Olguín en voz, guitarras y armónica.

 

Si de carisma se trata, Toti Iglesias de Jóvenes Pordioseros es un frontman de lo más inusual: capaz de tener un comportamiento errático y al mismo tiempo construir un gran vínculo con el público; capaz de hablar de vicios y hacer cantar a su mamá; de ponerse la máscara de Guy Fawkes de “V de Venganza” para terminar el set bajando al campo e irse con destino incierto. Aunque breve, su show fue un punto alto de la jornada.

 

Así “Pánico”, “No la quiero dejar”, “Lobo” y “Todavía no puedo olvidarte”, en la que Toti le habló a un gorrito colgado como si fuera la chica. Con una bandera argentina de capa, encaró “Descontrolado”, el himno del grupo; luego agradeció a quienes bancaron a la banda, y al sello Pop Art: “Estábamos muy caídos, a duras penas, confiaron en nosotros, sacamos ‘Pánico’ y ahora ‘Late’”.“Tranquilas, ya van a bailar”, le dijo a sus propias piernas, antes de la emblemática “Cuando me muera”. Cerró con “Ceremonia en el hall” de Ratones Paranoicos, “para los que tienen más de 30 años”.

 

A recoger el guante del “salir después de Toti” llegó Sueños de Pescado, una ascendente banda de La Plata a la que podríamos calificar como los más punks de la escena barrial, tanto por el look como por cierto toque y sonoridad. Demostraron tener mucho apoyo del público, que les respondió coreando su nombre hasta varios minutos después de que se bajaron del escenario.

 

 

Intensidad y relax

 

 

El Bordo llegó con la buena onda, la facha y las canciones de Ale Kurz y su hermano Diego en la primera primera guitarra, con una carrera afianzada, sonidos frescos pero a la vez del gusto de un público que viajó hasta Baradero en busca de sonidos específicos (aunque “Los Perdidos” se encuentren para seguirlos a todos lados). A esta altura, ya le escapan al chiste fácil de “barriales de Villa Crespo” (Pablo Spivak, Miguel Soifer y Leandro Kohon aportan al concepto).
Desgranaron canciones como “Deporte nacional”, “En la vereda”, “Existir” “Noche extraña”, “Lejos”, “Así” (con los vientos a pleno), “Corazones olvidados” (buen rock de guitarras, adelanto del próximo disco), “¿A dónde vas?”, “La banda” (bien rocanrolera), “Instinto”, “Soñando despierto” y “El regreso”, con Ale entregándose al público desde la valla central.

 

Nonpalidece entró como un número raro en medio de la grilla, con su propuesta de reggae roots: “Somos el hielo en el gigantesco vaso de fernet”, bromeó el siempre simpático Néstor Ramljak, entre consignas como “ustedes son la chispa que termina en el asado” y el lema de que “el reggae por el barrio hace bien y es necesario”. Arrancaron con “Sledgehammer” de Peter Gabriel en versión instrumental, aprovechando toda la potencia de la sección de vientos, y pasaron éxitos como “Reggae del universo”, “Danger Man” y “La flor” (la del cantito de “dale Nonpa”).

 

Guasones trajo otro frontman especial, Facudo Soto, pero esta vez en plan recatado, en buena sintonía con la banda, en la que destaca como siempre Maxi Tim desde la guitarra. “Infierno blanco” abrió de a poco para electrificar con “Como un lobo” y “Farmacia”. Saludaron como todos a las demás bandas de la jornada, antes de entrarle a “Pobre tipo” y la intensa “Ya estoy subiendo”. “Tan distintos” cambió el ritmo, antes de “Pasan las horas”, con Beto Olguín de Los Pérez García como invitado. “Todavía” vino en un tiempo relajado, antes de “Desireé  parte II” y “Hay momentos” con un arranque acústico y un sabor a Calamaro. El último aliento fue con “Reyes”, “Gracias” y “Dame”.

 

 

El final

 

 

Los Gardelitos vinieron muy gustosos a cerrar el festival. Fueron precedidos por un video de Aconcagua producciones con la estética de la Paramount, antes de que aparecieran los trabajadores de AGR en conflicto en las pantallas (mencionados por varios artistas durante los tres días). Después llegaron los créditos que presentaban a Eli Suárez, Diego Rodríguez y Paulo Bellagamba junto a su staff, para que ahí sí saliera el trío, con su vestuario de orquesta típica pero sonando a rock afilado (aunque Eli saca sonoridades canyengues a su voz, mejor que muchos que lo intentan por ahí sin éxito).

 

“Puño y letra”, “Gardeliando”, “Lo que vendrá”, “Comandante Marcos” (otra muestra del compromiso letrístico) y “Al pie de la letra” fueron la apertura, antes de que Eli leyera algunas banderas (ritual básico en estos conciertos) y compartieran un cantito de cancha que dice que “estamos copando las villas argentinas, de la mano de Korneta y su familia”.

 

Vino “Novelas mexicanas” y “La ciudad que se oculta”, con dos figuras inflables (un tanguero con guitarra y un angelito atado a un farol) que se quedaron hasta el final, “Envuelto en llamas” y “Pájaro y campana” (dedicada al fundador, Eduardo “Korneta” Suárez, en tiempo de chamamé). Los últimos alientos llegaron con “Calles calientes”, “Viejo y querido rocanrol”, “Un taxi” y “Mezclas raras”.

 

Así pasó una nueva edición de este encuentro bonaerense que reclama su propio espacio en la grilla del verano rockero argentino, entre la tranquilidad de las callecitas de Baradero y la humeante estampa soviética de su refinería de maíz: rock del país allí donde empieza “el interior”.

 


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