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Viernes 10.02.2017 | Última actualización | 16:19
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En el norte de la ciudad

Violento asalto en una casa del barrio Lomas del Valle

Cuatro delincuentes armados redujeron a una familia y se llevaron un importante botín.

Foto: El Litoral


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En el norte de la ciudad Violento asalto en una casa del barrio Lomas del Valle Cuatro delincuentes armados redujeron a una familia y se llevaron un importante botín. Cuatro delincuentes armados redujeron a una familia y se llevaron un importante botín.

Joaquín Fidalgo

jfidalgo@ellitoral.com


Rosa Lezcano, de 64 años, y Ángel Canastraro, de 69. Se conocieron hace aproximadamente medio siglo. Nada tenían cuando se casaron. Trabajaban en quintas de la zona norte de la ciudad como “medieros”. Primero compraron un terreno sobre calle Zavalla al 9000, en barrio Lomas del Valle, y luego construyeron su casa. Con el tiempo, ella consiguió empleo en el Estado y él, a los 25 años, comenzó con un reparto de lácteos. “Salía a las 3 de la madrugada en el carro, que era tirado por caballos”, recordó esta mañana el hombre. Para ellos, su casa siempre fue un lugar seguro, pero todo cambió la mañana del martes.


“Yo me levanté temprano para despedir a mi hijo, que salió cerca de las 7.15 en la camioneta para trabajar. Él se quedó con el reparto, porque mi marido está jubilado”, contó la mujer.

 

“Después entré para despertar a mi nieto, que es preventista, pero cuando salí del baño con el mate vi pasar un tipo en el fondo de la vivienda. Rápido, traté de cerrar la puerta, pero él me atropelló y de un empujón me tiró para atrás. Después me agarró del cuello y me puso un revólver en la cabeza. Yo gritaba y él me apretaba más. No podía respirar. Atrás suyo entraron otros tres. Al menos dos de ellos estaban armados. Creo que no sabían que teníamos visitas: dos matrimonios con una nena de 3 años que vinieron de San Jorge a nuestra ciudad para hacerse estudios médicos. A medida que salían de sus piezas, los iban agarrando a todos y los tiraban al piso en el comedor”, narró Rosa hoy en el patio de su hogar. Todavía se le llenan los ojos de lágrimas al revivir esos terribles momentos.


Ángel sufre de Parkinson. “Les pedí que no me tiren al piso por mi enfermedad. Entonces me sentaron en un puff. Querían plata”, manifestó el hombre.


Su esposa no paraba de rezar en voz alta, durante el atraco. “Me pedían que me calle, pero yo no podía. Entonces el que me tenía agarrada me dijo que me quede tranquila. Que a la casa la había marcado la policía y que si hacíamos lo que ellos querían, nadie iba a salir lastimado”, señaló Rosa.


Encerrados


Como el dueño de casa demoraba para entregar dinero, uno de los malvivientes lo golpeó con la culata de un arma en la cabeza. “Dale, dame la plata o los vamos a matar”, lo amenazó. “Yo le pregunté si se irían cuando yo les dé el dinero y él asintió. Entonces le entregué todo lo que teníamos, unos 200 mil pesos. Pero apenas los agarró me pidió más, pero yo ya no tenía nada. Se llevaron hasta la plata que tenían nuestras visitas para los estudios médicos, los celulares y la moto de mi nieto”, se lamentó.


“Es tremendo esto que pasó. En 47 años nunca nos habían entrado a robar. A mi nieto y mis sobrinos los patearon en el piso. Después nos encerraron a todos en el baño. Éramos ocho, todos apretados. Nos dijeron que esperemos ahí sin movernos. Eso hicimos. Uno volvió minutos más tarde para ver si no habíamos desobedecido. Entonces miró fijo a mi nieto y le dijo: ‘cuidá a tu familia, que es buena gente’. Después se fueron”, puntualizó la mujer.


“Estoy muy mal y yo tengo que estar bien, por la enfermedad de mi marido y de mi mamá también. Esto pasó a plena luz del día. Yo hubiese preferido regresar al hogar y encontrar todo revuelto, no esto. Parece que conocían algunas cosas de nuestros movimientos. Todo lo que tenemos lo hicimos en 47 años de trabajo duro. Nuestros padres no tenían nada. Hicimos esta casa, pero estamos desprotegidos. No tenemos seguridad, porque no pasa un patrullero. No tenemos alumbrado. Tenemos que poner luces nosotros y pagar la electricidad. No tenemos mejorado, ni recolección de basura, pero a los impuestos los pagamos religiosamente. Da mucha impotencia todo”, se quejó Rosa.


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