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Sábado 18.02.2017
23:31

Turf

Las hermanas Schneider, el orgullo de un papá

Se trata de dos entusiastas jóvenes que residen en nuestro hipódromo de Las Flores, hijas del jockey-cuidador Ariel Schneider; ambas acuñan el sueño de ser jinetes profesionales.

Ariel rodeado por sus hijas Alejandra y María Eugenia. Foto: Prensa UTTA


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Turf Las hermanas Schneider, el orgullo de un papá Se trata de dos entusiastas jóvenes que residen en nuestro hipódromo de Las Flores, hijas del jockey-cuidador Ariel Schneider; ambas acuñan el sueño de ser jinetes profesionales. Se trata de dos entusiastas jóvenes que residen en nuestro hipódromo de Las Flores, hijas del jockey-cuidador Ariel Schneider; ambas acuñan el sueño de ser jinetes profesionales.

De la Redacción de El Litoral

deportes@ellitoral.com

 

 

Alejandra y María Eugenia no sólo están unidas por el lazo familiar, sino que también comparten la pasión por el caballo y trabajan como peonas en el stud de Ariel, su padre. El caso de un par de adolescentes que en el Hipódromo de Las Flores van detrás de un sueño concreto.

 

 

Los ojos se le iluminan y el pecho se le infla. No es para menos, Ariel Alfonso Schneider no está hablando del desarrollo de una carrera que lo tuvo como jockey en la pista de Las Flores, ni tampoco la manera que seguirá la campaña de algún potrillo que el mismo presenta, sino que hace alusión a Alejandra y María Eugenia, dos de sus cinco hijos y con las que convive en las tareas del día a día del stud.

 

“Con ellas soy el amigo. Es un orgullo que quieran estar ligadas a esta actividad. Es de herencia y nadie las obligó a nada”, describe papá Schneider a modo de introducción de un sentimiento de amor puro y continúa: “sus infancias fueron diferentes. Nunca tuvieron una muñeca y todos los juegos estaban vinculados con caballos. Me acuerdo que simulaban a ser jockeys sobre los palos de escoba. Tengo cuatro hijas y un varón que es jinete aprendiz”.

 

Alejandra tiene 19 años y está muy convencida en lo que optó para su futuro. “Me encanta ser peona. Se aprende todos los días entre las patas de un caballo. Esto lo llevó desde la cuna. Más adelante mi objetivo es ser cuidadora, pero para eso hay tiempo”.

 

Llega el turno de conocer la palabra de María Eugenia, dos años menor que su hermana y compinche. Ella intentó empuñar una fusta, pero una patada de un sangre pura le ocasionó una lesión en una de sus rodillas. Pero el miedo no se le fue y redobla la apuesta, al confesar que “lo quiero intentar de nuevo” y agrega: “nuestro padre nos da consejos a cada una por igual y sabemos que a él le pone feliz que seamos parte de su equipo de trabajo”.

 

No hay dudas que un hijo te cambia la vida en forma positiva. Ser padre es algo maravilloso y la historia de Ariel da lugar a la emoción. Siempre se anhela lo mejor para los herederos y este hombre se puede quedar tranquilo que supo transmitirle esa pasión. Una linda lección de vida.


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