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Lunes 20.02.2017 | Última actualización | 13:45
13:29

La política en foco

Sangre, barras y complicidades

En Rosario, la narcocriminalidad se mezcló con el fútbol y lo manchó con sangre. Las bandas comenzaron a resolver sus diferencias en las tribunas.

Foto: Archivo El Litoral


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La política en foco Sangre, barras y complicidades En Rosario, la narcocriminalidad se mezcló con el fútbol y lo manchó con sangre. Las bandas comenzaron a resolver sus diferencias en las tribunas. En Rosario, la narcocriminalidad se mezcló con el fútbol y lo manchó con sangre. Las bandas comenzaron a resolver sus diferencias en las tribunas.

Germán de los Santos

politica@ellitoral.com

 

Las tribunas encierran historias cada vez más oscuras. Los colores de las camisetas aparecen desteñidos por la violencia y los negocios ligados a la narcocriminalidad que hoy representan el principal interés para liderar una hinchada.

 

El fútbol, con una clase dirigente que en su mayoría está salpicada por sospechas de corrupción y manejos espurios del dinero de los socios, sólo sirve como aglutinante, como factor de identificación de una pelea que nada tiene que ver con el color de la camiseta.
Este escenario se ve con más claridad en Newell’s, donde se desató una guerra por el manejo de la barra este último año que dejó seis muertos y dos dirigentes que fueron atacados a balazos.

 

En los tribunales de Rosario comenzó esta semana el juicio contra el ex líder de la barra Diego Panadero Ochoa, acusado de instigar el crimen de su antecesor Roberto “Pimpi” Caminos, asesinado en la puerta del bar Ezeiza en marzo de 2010.

 

“Pimpi” intentó matar a Ochoa en febrero de 2010 al ordenar una emboscada en la autopista Rosario- Buenos Aires contra los colectivos de la barra. En ese vendaval de balas murió un pibe de 14 años Walter Cáceres de un disparo en el pecho, que nada tenía que ver con esas peleas. La Justicia imputó a la banda de los Monos como mano de obra para llevar adelante ese hecho, pero en el juicio oral fueron declarados inocentes. Algunos testigos dieron marcha atrás. “Pimpi” Caminos gobernó las tribunas bajo el reinado de 14 años del entonces presidente leproso Eduardo José López, a quien la justicia provincial sigue investigando por administración fraudulenta a un paso más que cansino. La pareja de López era jueza.

 

Este engranaje de violencia que rondó por las tribunas y las calles nació de estas complicidades, y no de un repollo. El barrio Municipal donde mandó “Pimpi” Caminos es hoy escenario de otra guerra atravesada por la pelea de bandas y la droga, con su hijo Alexis como principal gestor a pesar de que fue detenido en octubre pasado. Esa guerra dejó 16 muertos en el último año en un radio de 15 cuadras, donde está enclavada lo que los vecinos llaman “Pimpilandia”.

 

Uno de los últimos crímenes que sucedieron allí está imputado Rubén Segovia, pariente de los Monos y quien aspiró a controlar la barra hasta que cayó preso hace cuatro meses.

 

Segovia está acusado de la muerte a tiros de Lorena Ojeda, que falleció luego de 45 días de agonía. Ese asesinato terminó con la detención del abogado penalista Marcos Cella, quien pagó una fianza de un millón de pesos para volver a las calles de Rosario, pero está acusado de ser partícipe secundario de ese homicidio.

 

La muerte de Lorena Ojeda fue consecuencia de otro crimen, el de Jonathan Rosales, asesinado por la pelea por la barra de Newell’s el 22 de junio pasado. Brisa Ojeda, hermana de Lorena, era la única testigo del crimen. E iba a identificar al autor en una rueda de reconocimiento. Segovia sabía que se iba a hacer esa rueda y le pidió a su abogado Cella según la imputación del fiscal Luis Schiappa Pietra que demorara ese trámite.

 

A la par, sicarios fueron a buscar a Brisa Ojeda, pero cometieron un error y balearon a su hermana Lorena, que falleció 45 días después. En las escuchas, Segovia le dice a Cella: “Amplialo para la semana que viene, yo veo si la hago desaparecer”. Esa lucha demencial por el liderazgo de la barra, en este caso la de Newell’s, provocó un espiral de violencia que ya no se ve en las tribunas, sino en los barrios, donde se trasladó ese mar de disputas a sangre y fuego.

 


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