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Viernes 24.02.2017
20:27

La crisis del sistema internacional (II)

El caso norteamericano

Foto: Ilustración de Lucas Cejas


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La crisis del sistema internacional (II) El caso norteamericano

Por Roberto Rodríguez Vagaría (*)


La política exterior de los EE.UU. en la era de Trump está marcada por la situación interior y no al revés. No son las ideologías convergentes y divergentes las que mueven su administración, sino el inmenso déficit de su comercio exterior; el atraso relativo de su infraestructura; la dificultad a la hora de reunir fondos para inversión pública; el peligro de inflación; la inadecuación de sus FF.AA. para la lucha antiterrorista; el terrorismo en su propio territorio; el desarrollo equilibrado de sus 50 Estados.


Buscan una lógica como método de oficio político para la Casa Blanca que les permita administrar.


Por eso regresan con furor los “intereses nacionales” como categoría de la sobrevivencia, de supremacía y, en segundo término, como componente de la cooperación internacional deseable.


El saldo negativo de su comercio exterior implica hoy más de 730 mil millones de dólares. Se trata de “un gordito goloso” que acumula un déficit apoteósico con China (le compra cuatro veces más de lo que le vende), con Japón y Alemania (les compra dos veces más de lo que les exporta), con México y Canadá (notorio).


A partir de esta realidad, entran en crisis los conceptos de integración del Nafta, el acuerdo comercial con la UE, el Tratado del Pacífico y el gasto en la Otan.


Parte del bienestar alemán y japonés se debe al gasto norteamericano en defensa.


Disuelta la Unión Soviética, la Otan tiene que “crear” enemigos que la justifiquen, aumentar el área de acción y los fondos aportables de sus 28 integrantes.


Resulta que los EE.UU. aportan el 73 por ciento del presupuesto, lo que se suma a sus propias operaciones indeclinables en el Medio Oriente y en el océano Pacífico, vinculado con China.


Pero la Otan es el núcleo de la defensa norteamericana y no será el general James Mattis, su ex jefe, quien disuelva el vínculo.


En el Nafta, la relación bilateral con Canadá es lo suficientemente significativa e histórica como para que Canadá no se solidarice con México, como está a la vista. Los EE.UU. le venden a Canadá por unos 245 mil millones de dólares y le compran por 325 mil millones; en tanto que a México le vende mercancías por 194 mil millones y le compra por 292 mil millones de dólares.


Los EE.UU. no van a deshacer el Nafta, pero intentarán llegar a un equilibrio. Por cierto que es un desafío difícil, porque Canadá tiene sólo 35 millones de habitantes (menos que el Estado de California), y los 122 millones de mexicanos no constituyen un mercado homogéneo.


El problema más grave es con China, neto exportador hacia los EE.UU. por 432 mil millones al año, mientras le compra restringidos 134 mil millones. Es más importante como tenedor de deuda norteamericana, en términos de confianza mutua, que como importador neto bilateral.


Por eso los asesores de Trump reclaman bilateralismo face to face; un poco de mercantilismo; sólo un poco de proteccionismo selectivo y gestivo por 8 años; el arreglo de diferencias con Rusia que eviten más gastos de despliegue en Letonia, Estonia, Polonia, el Báltico, el Mar Negro, con o sin el aval de los europeos, y que garantice la concreción de esfuerzos frente a las múltiples organizaciones del islamismo terrorista que no se agotará derrotando territorialmente a Isis.


Liderazgo económico


Los EE.UU. no pueden retirarse del mundo ni subordinarse a sus aliados, ni replegarse, porque son la única potencia global democrática, capitalista y tecnológica.


Pero a su liderazgo sólo lo sostiene su fortaleza económica, y esa condición sustenta todos los organismos plurilaterales. No ocurre los mismo con sus 27 socios en la Otan y sus dos socios en el Nafta.


Por eso mismo les interesa un Reino Unido liberado del proteccionismo europeo, y esa influencia de Londres extendida al Commonwealth de 52 países. Y, naturalmente, las respuestas de Alemania y Japón, a quienes ayudó, financió y defendió como para ahora no reclamarles nada.


Con México, el muro es una máscara que esconde un problema no menor interrelacionado con las siguientes cuestiones: 1) La reivindicación de fronteras controlables en tiempo de terrorismo ; 2) el desequilibrio comercial de 100 mil millones se incrementa con las remesas individuales por unos 20 mil millones anuales (compárese con el comercio exterior argentino); 3) la normalización de una inmigración requerida, registrable y consentida, no impuesta por la espontaneidad de las masas (30 millones; 19 millones legales, con 5 millones de gran éxito personal y 14 millones de trabajadores registrados. En la contracara: 11 millones en infracción, de los que 8 trabajan en negro y 3 han cometido algún tipo de falta o delito, trabajando también, y 800 mil estudiantes “ilegales”).


Sus diplomacias trabajan en silencio entre capitales y Estados buscando una solución compartible e integral.


Cualquier interés mexicano en América Latina es coyuntural. Su prioridad es normalizar su relación bilateral con los EE.UU. en un año como máximo.


El drama ecológico, entre tanto, es de difícil pronóstico para el Departamento de Estado, la Casa Blanca y el mundo mismo, porque se asienta en China.


La Argentina debe ser muy precavida ante cualquier encargo de Washington, porque no es líder en América Latina, ni “país llave” y todo lo que encare debe hacerlo con Brasil, sumando a Chile y consultando a Colombia y Perú.


Para reponerse, los EE.UU. necesitan invertir y comerciar. Tienen que recrear una paz posible y globalizada que someta a los Estados díscolos, con nuevas alianzas que hoy no existen. Esta es su búsqueda necesaria. Por eso Rusia. Por eso armar a Japón. Por eso exigir a Francia y Alemania que aporten a la Otan lo comprometido. Gran Bretaña estuvo siempre en su primera carpeta. También Israel. América Latina es un mercado con problemas políticos. No al revés.


La tendencia norteamericana es a la normalización imperfecta de relaciones bilaterales y plurilaterales pronto, lo urgen sus planes internos como no ocurría desde los años 30.


(*) Ex profesor titular de Política Internacional - Universidad de Belgrano . Miembro del Cari. Asesor del Ministerio de RREE 1983-89.


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