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Viernes 03.03.2017
10:38

Eruca Sativa presenta "Barro y fauna"

Una vuelta de tuerca

El trío arranca en marzo la gira de su más reciente disco, que cerrará con un nuevo Luna Park. El Litoral dialogó con la bajista Brenda Martin sobre el camino estético de la agrupación. 

Brenda durante su actuación en Rock en Baradero, el viernes 3 de febrero pasado. Foto: IAA



Eruca Sativa presenta "Barro y fauna" Una vuelta de tuerca El trío arranca en marzo la gira de su más reciente disco, que cerrará con un nuevo Luna Park. El Litoral dialogó con la bajista Brenda Martin sobre el camino estético de la agrupación.  El trío arranca en marzo la gira de su más reciente disco, que cerrará con un nuevo Luna Park. El Litoral dialogó con la bajista Brenda Martin sobre el camino estético de la agrupación. 

 

 

 

Ignacio Andrés Amarillo

iamarillo@ellitoral.com

 

 

En 2015, el single “Nada salvaje” fue la primera colaboración entre Eruca Sativa y el productor Adrián Sosa, secundado por Aníbal Kerpel en la mezcla y Tom Baker en mastering: el trío grabó en la Argentina y el trabajo posterior se realizó en Estados Unidos. El resultado fue tan satisfactorio que se tomó la decisión de ir a grabar a los East West Studios, para concretar lo que se convirtió en “Barro y fauna”, el cuarto disco de estudio de la sociedad entre Lula Bertoldi (guitarra y voz), Brenda Martin (bajo y coros) y Gabriel Pedernera (batería y coros).

 

En el marco del festival Rock en Baradero, con el disco en la calle pero antes de su gira presentación, El Litoral dialogó con Brenda para conocer la nueva apuesta estética y su futura plasmación por los caminos.

 

 

Nuevo proceso

 

 

—Arrancando 2017, sacando a pasear “Barro y fauna”. El experimento había sido “Nada salvaje”, de probar con Adrián y compañía. ¿Cómo fue trabajar con otra gente y en Estados Unidos?

 

—Siempre fui la más reacia a laburar con un productor, con alguien de afuera. Pensaba: “¿Quién es quién para decirme qué tengo que escribir, o cómo tengo que tocar, o cómo tiene que sonar mi música. Me parece que lo lindo es componer y crear la música uno. Entonces nunca había sentido la necesidad.

Pero surgió la necesidad: en este disco sentí como que “ahora sí quiero que venga alguien”. Con los chicos lo sentimos, porque estábamos en un momento también entre nosotros tres, en el que nos habíamos convertido en una especie de Profesor Jirafales y Doña Florinda: cada vez que había un arreglo yo decía: “¿Por qué no hacemos esto?”, “Bueno, sí...”. Era como “pase usted, después de usted”. No sabíamos hacia dónde ir; creo que porque llegamos a un punto de dejar tanto los egos de lado, poniendo todo en la mesa: “Y... si vos lo decís, está buenísimo”.

Entonces necesitábamos un productor, alguien que nos dijera: “vamos por acá”. Si no nos gusta, vamos de vuelta. En ese sentido, laburamos muy bien con Adrián; porque no manipuló nuestra música para nada, sino que nos ayudó a destrabar esos momentos en que no sabíamos hacia dónde ir en las canciones. Sin cambiar nuestro estilo, sin decirnos: “Acá metan un coro para que salga en tal canal”.

 

—Hay un tipo de productor que es eso, que te setean la ecualización para salir en tal lado...

 

—Y también hay un tipo de músico que necesita eso o busca eso. En el sentido canciones, el proceso con Adri fue súper respetuoso. Y en el sonido trabajamos con Juan Manzur, un ingeniero de sonido que también es de acá. O sea: nos fuimos a Los Ángeles a trabajar con argentinos; eso está bueno, porque fue como una primera salida, pero no es que nos fuimos porque pensamos que las personas de acá no sirven. Sino que necesitábamos abrir la cancha e ir a la Meca donde se grabaron los súper discos a ver cómo era, porque por algo es.
Juan respetó muchísimo lo que sonaba en la sala, no es que nos transformó en nada. Logró el sonido que sacábamos en la sala. Y en cuanto a la experiencia de estar allá, cuando entramos dijimos “qué bueno que vinimos”: nosotros ensayamos en salas muy buenas acá, y hemos pasado por estudios muy grosos; pero cuando vas allá, que tienen tantos años de historia, y ves colgado el bajo de Flea (de Red Hot Chilli Peppers), y te dicen “acá donde van a ensayar ustedes lo hizo Jaco Pastorius con Weather Report”, te empezás a llenar de magia, de mística. Empezás a abrir los ojos, las orejas, la mente, todo, y aprendimos un montón. El resultado está bueno porque la parte humana estuvo buena.

 

 

Exploración

 

 

—Hay algunas mutaciones en lo tímbrico, y en los elementos que mete Gabriel desde la electrónica. Eso implica llevar cosas nuevas a la sala, máquinas, efectos.

 

—Grabamos con lo que teníamos, por ahí pedimos prestados instrumentos. Yo grabé con mi set. En “Huellas digitales hicimos esa incorporación electrónica, donde Gaby empezó a trabajar con el pad.

 

—En algún momento alguno trae un chiche nuevo y se muestra los “autitos” con el otro.

 

—Sí, eso nos gusta: ir viendo sonidos nuevos. Porque te hace tocar distinto, pisar un pedal ya te hace que toques otra cosas, usás el instrumento de otra forma. Como cambiar el instrumento te hace tocar distinto: está más duro, tiene las cuerdas más separadas, es más blandito...

 

—El fretless...

 

—Claro: agarrás un fretless y te sale intuitivamente tocar como Pastorius. Querés hacerlo, no te sale ni a palos, pero te lleva a usar lenguajes distintos. Por eso, nos gusta incorporar cosas nuevas.

 

 

Etapas

 

 

—Están anunciando la presentación oficial del disco para mitad de año.

 

—En Buenos Aires. Es la primera vez que vamos a girar con la presentación y vamos a hacer el cierre de la gira el 22 de junio en el Luna Park. Pero empezamos la gira el 17 de marzo en Córdoba, en la Plaza de la Música. El 18 hacemos Rosario y después salimos a hacer más fechas.

 

—Ya hablaron mil veces del “cambio de situación” de la maternidad, pero no habían salido con un disco de estudio desde entonces. ¿Cómo es de diferente salir a bancarlo?

 

—Todavía no lo hicimos (risas). Estamos en un momento nuevo, nuestros hijos están un poquito más grandes, entonces no los llevamos siempre. Porque por ahí es medio un trajín la gira, están un poco más independientes. Entonces los llevás, los metés en el hotel, estás media hora y te tenés que ir a probar sonido o a comer. Entonces no entienden, o no disfrutan: quieren quedarse saltando en la cama un poco más, pero te tenés que ir a probar, y ahí es lindo porque hay pasto pero ya te tenés que volver al hotel. Entonces siento que es el momento de empezar a viajar un poco más sola. No sé cómo va a ser la gira de presentación, pero va a ser el momento de reencontrarnos nosotros tres, y empezar con esa parte de la independencia.


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