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El Litoral
Domingo 05.03.2017
18:48

Por Gonzalo Andrés

En Internet, lo cotidiano se vuelve arte


Por Gonzalo Andrés En Internet, lo cotidiano se vuelve arte

Por Gonzalo Andrés (*)


Las tecnologías digitales e informáticas estructuran los vínculos sociales. Internet se constituyó en una plataforma de comunicación rápida y flexible. Una multiplicidad de pantallas configuran la escena contemporánea: televisores, computadoras, teléfonos móviles y tablets facilitan la circulación de contenidos y nuevas formas de interacción social. Fundamentalmente, las redes sociales dinamizan las interacciones y la posibilidad de intercambiar y compartir información.


Como consecuencia de la creciente expansión de tecnológica, actualmente todas las personas viven en un estado de exposición mediática. Las relaciones sociales mediatizadas se caracterizan por ser cada vez más individualizadas, audiovisuales y virtuales.


En una sociedad de pantallas, la construcción de una imagen personal se convierte en una exigencia. La presentación estética de uno mismo devino en un deber social. Las redes sociales virtuales son una máquina de producir y distribuir imágenes. La construcción de un retrato personal con el propósito de agradar a un visitante ausente, stalker, desconocido, es una característica del actual contexto físico-virtual.


Hasta el siglo pasado, solamente un pequeño grupo de personas podían difundir sus producciones en términos de broadcasting. Esto es, los medios tradicionales tienen la lógica de uno-a-muchos. En cambio, la red da lugar a la creación y exposición masiva mediante una lógica muchos-a-muchos. En los tiempos que corren, las personas producen textos e imágenes para espectadores muchas veces anónimos o desconocidos y que encima disponen de muy poco tiempo para leer. Las redes sociales posibilitan documentar lo cotidiano mediante textos, fotos y hasta videos en vivo. Esto produce cierta democratización de las formas de producción y circulación de los contenidos.


Las herramientas técnicas para el diseño y creación de textos, videos, memes y gif son cada vez más accesibles, lo cual habilita la creación de contenidos digitales fácilmente reproducibles por millones de personas. Documentar lo cotidiano y expresar pensamientos o sentimientos en Internet ha devenido en una táctica central en la construcción de identidad en la actualidad. Lo cotidiano, lo simple, puede ser retratable y convertirse en un producto estético para ser viralizable.


Rápido y efímero


Está claro que la pregunta de Facebook sobre qué estás pensando o la de Twitter sobre qué estás haciendo, solicitan respuestas rápidas y contingentes. Por lo cual, se resuelve con acciones y reacciones cotidianas, muchas veces banales, que van conformando paulatinamente un modo de presentación que hacen las personas de sí mismas.


En el siglo XXI, el espacio social mediatizado da lugar a la construcción de un estilo de vida exhibicionista, lúdico, estético y psicologista. El Yo se construye mediante la documentación de lo cotidiano. La apariencia se constituye en sustancia. El ser y el parecer se hibridan. Quizás el individualismo y la supremacía de lo efímero se consoliden con el lenguaje digital. En Facebook, Twitter o Instagram abundan los registros escritos o fotográficos de lo cotidiano: el plato de comida, el encuentro con amigos, la travesura de la mascota, el ingenio de un niño o una niña.


La documentación icónica de micromomentos habituales o casuales abundan en el mundo virtual. Tal como afirma el ensayista alemán Borys Groys, lo cotidiano se vuelve una obra de arte. El nivel más común de la experiencia diaria puede convertirse en una obra de arte para ser exhibida a los usuarios de la red. La práctica estética se ha vuelto una práctica habitual, casual y compartida. Los sujetos retratan su vida y su mundo para moldear su identidad. Esta democratización de la práctica artística, por decirlo de alguna manera, permite que todos se presenten como artistas de lo contingente. Así, en Internet no sólo la actividad de los usuarios está expuesta a la vigilancia institucional, sino que también se difumina el espacio íntimo en pos de una creciente mediatización de lo cotidiano.


(*) Dr. en Comunicación (UNR), Lic. en Comunicación (Uner). Becario post-doctoral de Conicet. En Twitter: gonza_andres.


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