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Martes 21.03.2017
19:52

Los no olvidables

Graham Greene

Foto:Archivo El Litoral
Graham Greene.


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Los no olvidables Graham Greene

Por María del Carmen Villaverde de Nessier

 

Siempre activos interesados en el campo de la lectura tenemos que tener en cuenta que una de las principales vías de acceso a la cultura es la capacidad de comprender mensajes a los que podemos acceder si somos habituales lectores. Sólo un lector competente puede ser activo intérprete de la realidad en una sociedad en constante transmisión de información, entrecruzada, múltiple, ininterrumpida. Así es, la lectura es un valor en sí misma de allí el sentido de recurrir a buenos escritores, los no olvidables. Hoy: Graham Greene.


Un escritor incansable que exploró con maestría narrativa al hombre moderno, sus ambigüedades y confusiones, sus angustiantes preguntas tantas veces sin respuestas, buscando siempre estos temas acuciantes del siglo XX, tanto él como a sus contemporáneos. Pasó así por lo romántico, por el realismo político y policial considerando exhaustivamente los conflictos moralistas dudosos, ocultos servicios secretos, cotidianos antihéroes, desamores y amores corroídos y desvirtualizados.


Su obra cuenta con más de 32 títulos entre los que no se puede dejar de mencionar: “Historia de una cobardía”, “Rumor al caer la noche”, “El misterio del miedo”. La fama aparece para su quehacer literario con: “El tren de Estambul” (sobre espionaje) obra que también se editó como: “El expreso a Oriente”. Igual éxito tuvieron: “El poder y la gloria” junto a “El fin de la aventura”. Según sus propias palabras fueron en general novelas serias.


Novelas escritas con maestría técnica, ágil y moderna. Pero nunca o casi nunca, se nombró la historia que hoy queremos rescatar: “El pequeño tren”, historia que junto a otros cuentos no publicados, escribió para sus hijos. Ésta tiene un muy claro ajuste integral similar a tantas de las obras que caracterizaron a Ítalo Calvino y a Umberto Eco, a quienes Greene admiraba, donde se logra captar en plenitud el rol activo del lector. Es una revelación de las infinitas posibilidades que ofrece el hecho literario con verdadero goce estético. Todo el cuento nos introduce en una prosa narrativa plena de “ahora o nunca”; de “llegar ya a aburrirse de un andar tan lento como una tortuga”, o de, como opina el erizo observando su paso: “¡Santo Cielo!, va tan rápido como un pájaro”.


Así en la obra se escalonan, con acierto y humor simple, las miles de miradas que se mezclan siempre en la realidad, “según el color del cristal” y las indefectibles relaciones de orden y valor tan diversas que conlleva siempre la sociedad. El pequeño tren goza paseando por la naturaleza que atraviesa contento con llegar a la ciudad “CampodeHumo” donde Ronquidito, el tren, cerrando los ojos, se siente muerto de miedo. Encantadoras y compartibles metáforas sintetizan las diferentes emociones cotidianas que giran entre la oscuridad y la luz, las alegrías y los temores, la soledad y los reencuentros. Releamos a Graham Greene.


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