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Jueves 23.03.2017
20:35

Memorias (por Carlos Mués)

Una esquina con olor a café y billar

Café El Molino, Bulevar y San Luis. Foto: Archivo El Litoral



Memorias (por Carlos Mués) Una esquina con olor a café y billar

Carlos A. Mués


La piqueta de lo nuevo se cierne sobre un edificio casi centenario de la esquina suroeste de bulevar Gálvez y San Luis, donde por muchos años funcionó el famoso café El Molino, con todo su esplendor para la época.


Ventanales sobre esta esquina. Varios ventiladores de techo antiguos. Sillas de Viena, con esterillas verdaderas. Mesas impecables de casín y billar... ¡no existía el pool! Tulipas amarillas ribeteadas de verde, sobre los paños de los billares, que eran renovados por Pepe Gesualdo. Mesas de madera maciza, manchadas para siempre por el uso, y las pizarras de 25 tantos colgadas en las paredes al pie de las taqueras, con la talquera al lado para las manos.


Detrás de la barra, Montiel, que considero estaba en el inventario, tiraba los lisos y manejaba la máquina de cuatro canillas como los dioses. No existía el café a la crema. Era express. Uno de los mozos, Salva, y algún otro que no recuerdo.


Los parroquianos con sombreros en sus cabezas, jugando lindas partidas; muchas veces con el pucho, o a veces boquillas, en los labios o descansando sobre las cajitas de los fósforos de cera.


Según recuerdo, los dueños, en orden cronológico, fueron: los Marengo, una familia Giovino, Elías Salomón (gloria del fútbol, recientemente fallecido) con Eduardo Allende, y unos hermanos Habichayn.


Los Lupotti y los Franchino, propietarios del legendario y vecino molino harinero, y algunos empleados del lugar, a media mañana y/o a media tarde, se cruzaban a tomar un café haciendo un “alto en sus quehaceres”, lo que ahora le llaman “break”.


Vecinos de esos años eran Marizcurrena, y luego los Brussini con la panadería; Britos con el kiosco; la familia Sabá en su casa familiar.


Sobre la vereda de Bv. Gálvez estaba la parada de taxis, con personajes estables que se reunían en el café. Jacinto Akere vendía Lotería. Don Calderón pasaba por allí a diario, como así también habituales clientes como Coponi, Felipito, etc.


Mi casa de familia está aún en calle San Luis casi Balcarce (vereda este de una calle en ese entonces adoquinada). Nos criamos en ese barrio, a metros de donde hoy está el centro comercial. Pleno de recuerdos, con tranvías (el 1 y el 6); con el pito del molino anunciando la apertura y cierre de actividades diarias; con el ruido de las maniobras ferroviarias.


Son estas las primeras vivencias, al comenzar nuestras vidas. Por esto es que deseo transmitir estos hermosos recuerdos de mi niñez, ante la inexorable desaparición de ese emblemático rincón de Santa Fe.


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