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Miércoles 07.06.2017 - Última actualización - 7:02
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Grave denuncia de una estudiante

Preocupación por maltratos de "trapitos" en cercanías a la Facultad de Derecho

Una alumna fue perseguida, insultada y, además, le rayaron el auto. Comerciantes de la zona advierten por violencia verbal e incluso física. 

Los cemerciantes advierten que los cuidacoches “conocen todos los movimientos y horarios” de quienes trabajan y viven en la zona. Foto: Flavio Raina




Grave denuncia de una estudiante Preocupación por maltratos de "trapitos" en cercanías a la Facultad de Derecho Una alumna fue perseguida, insultada y, además, le rayaron el auto. Comerciantes de la zona advierten por violencia verbal e incluso física.  Una alumna fue perseguida, insultada y, además, le rayaron el auto. Comerciantes de la zona advierten por violencia verbal e incluso física. 

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En los últimos meses no fueron pocos los casos policiales que involucran a cuidacoches de la ciudad de Santa Fe. Los hechos (reflejados en las crónicas de El Litoral) se registran en diversos puntos de la capital provincial. Peleas, insultos y amenazas son los denominadores comunes en los diversos episodios que tienen como protagonistas a los llamados popularmente “trapitos”. 


 En este contexto, llegó a la Redacción de El Litoral la denuncia de la madre de una estudiante de la carrera de Abogacía (Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la UNL) que sufrió un verdadero calvario. Según el testimonio de la mujer, su hija fue perseguida y hostigada por el cuidacoche para tratar de cobrar su “tarifa”. 


“No es la primera vez que nos pasa esto”, comienza Grisel (se resguarda la identidad de la entrevistada por su seguridad). “En diciembre de 2016 a otra de mis hijas (tengo tres de entre 19 y 27 años que estudian allí) le rayaron el auto en su presencia: ‘no me das lo que quiero, acá tenés’, le dijo el cuidacoche en aquella oportunidad”, continuó. 

 

Foto: Flavio Raina

 

Sobre el caso reciente, la damnificada contó que ocurrió la última semana de mayo en la zona de la Plazoleta de Los Inmigrantes (San Jerónimo y Mariano Comas) entre las 18.30 y las 19, cuando finalizaba el horario de cursado. “La amenazó por dos cuadras, ella atinó a quedarse en la puerta del taller que está por calle San Jerónimo; estaba muy angustiada. Al otro día, fui y traté de hablar con este hombre porque no soy ‘antitrapito’ y me parecía que podía encontrar una solución”, relató. 


Cabe destacar que la mujer fue acompañada por personal de la GSI que trabaja en la zona al momento de conversar con el cuidacoche: “Me dijo que no le importaba nada y que lo iba a seguir haciendo. Al otro día, mi hija va con el auto y el mismo hombre se lo rayó. La tienen identificada: ‘vos sos la que vino la mamá’ le dijo ese individuo”.


“Creo que son víctimas de todo un sistema, yo trabajo en el sector social y estoy lejos de pensar que los erradiquen; pero estos son lugares de estacionamiento medido. Se paga el Seom y además por una cuestión de humanidad también se colabora con el cuidacoches. Lo mismo ocurre en otros puntos de la ciudad, como las plazas céntricas (hace referencia a la Plaza San Martín y Plaza España) y la zona de bares de barrio Candioti. Pero todo tiene un límite”, afirmó la mujer. Para finalizar, reclamó medidas de fondo y coordinadas para enfrentar esta problemática. 


 
“Cuando le decís que no”


A raíz de esta denuncia, El Litoral recorrió la zona en cuestión y charló con algunos comerciantes que no sólo corroboraron la historia sino que además brindaron un panorama completo de la situación. 


“Hay un hombre que tiene problemas con los chicos de la facultad; los busca y los corre. También con los comerciantes; por ejemplo a un local le rompió un vidrio. Te amenaza con piedras y cascotes. Una vez vinieron unas inspectoras de tránsito e hicieron multas donde estaba él y les dijo que les iba a pegar. Hay mucha gente que no le quiere dar. Ahí empiezan los problemas”, aseguró el empleado de un comercio ubicado por calle San Jerónimo. 

 

La zona de la Plaza de los Inmigrantes, escenario de la historia aquí contadaFoto: Flavio Raina

 

A pocos metros, la encargada de un comercio de calle Cándido Pujato advierte que los cuidacoches “conocen todos los movimientos y horarios” de quienes trabajan y viven en la zona. “Creo que hay dos grupos de cuidacoches, uno es más prepotente y exigen un pago de hasta 50 pesos. Hay casos que persiguen a las chicas hasta la puerta de la facultad. Ellos ya saben qué auto no les pagó”, contó. 


Al ser consultada por sobre qué situaciones se viven en relación a los “trapitos”, la trabajadora explicó: “Hay problemas con uno en particular que es maleducado y generó disturbios también con los vecinos. No le quieren pagar precisamente porque es grosero, incluso hace sus necesidades en plena calle. Y presenciamos peleas entre ellos.” También agregó que la actuación policial es “un remedio del momento” porque al poco tiempo que “los sacan vuelven a estar”. 


Al finalizar la recorrida, El Litoral pudo observar una situación que se contrapone a lo planteado: un cuidacoche, con claros gestos de solidaridad, ayudaba a una estudiante con discapacidad visual a ingresar a la facultad de Abogacía. 


 
Qué dice la ley con respecto a los cuidacoches


Como bien explicó este medio en febrero, la normativa relacionada al cuidado de vehículos en la vía pública está en un “limbo”. Cuando se aprobó el estacionamiento medido (N°10.009), se excluía de la zona a los cuidacoches en los horarios de funcionamiento del sistema. Años después se modificó esa norma con otra (N° 10.966) que autorizaba la actividad “mediante la entrega de una credencial, que determinará el lugar y hora que comprende la autorización”. Finalmente, otra ordenanza (N°11.394) derogó las anteriores dejando en libertad de poder ejercer este polémico trabajo. 


Al mismo tiempo, tiene vigencia la Ordenanza N° 8.133 (de 1981), la cual habilita y establece normas claras —con deberes y obligaciones— para el trabajo de los cuidadores de vehículos. “Toda persona mayor de edad interesada en ejercer como cuidador de vehículos deberá presentar una solicitud en la Mesa de Entradas de la Municipalidad, con sus datos personales, certificado de conducta intachable expedido por la Policía provincial y Libreta de Sanidad”, dice esa norma.


Entonces, la regulación de la actividad queda en un “limbo” legislativo ya que en términos normativos la labor de los cuidacoches en la ciudad está permitida. De mientras, el problema se complejiza y chocan constantemente los derechos y libertades individuales (de los conductores) y las necesidades sociales (de los cuidacoches), que en muchas oportunidades derivan en episodios de violencia.
 

Centro de estudiantes


Si bien lo vivido por esta estudiante sucedió fuera de la facultad, no quita que el centro de estudiantes tome algún de tipo de acción. En diálogo con El Litoral, Natalia Balestra (presidente Centro de estudiantes de Derecho y Ciencias Sociales) explicó que se llevaron a cabo una serie de iniciativas para abordar no solo el problema de los cuidacoches sino a la inseguridad como un tema más complejo. Por ejemplo, se instalaron cámaras de seguridad en la fachada del edificio, se recibió un botón de pánico y se coordinó patrullaje de la GSI en horarios nocturnos. 

 

Otro relato, la misma violencia


Otro vecino de la ciudad envió a la redacción de El Litoral su testimonio en relación a la agresión sufrida por un cuidacoche. Gustavo contó que el domingo 4 de junio en Corrientes y San Martín estacionó su auto para que su mujer vaya a un supermercado de la zona. “Habremos estado 10 minutos, como mucho. Cuando nos estábamos por ir, el ‘trapito’ se puso delante del auto y no nos dejaba avanzar. Nos gritaba ‘si no me vas a dar nada, por lo menos decime gracias’. Intentamos salir pero nos seguía bloqueando y, además, subió el tono de los gritos. Finalmente, nos dijo que no íbamos a poder estacionar nunca más en esa cuadra”, aseguró. 


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