https://static.ellitoral.com/img/logo-litoral.png El Litoral
El Litoral
Miércoles 14.06.2017
20:05

Espacio para el psicoanálisis (por L. Lutereau)

Las mujeres y el embarazo



Espacio para el psicoanálisis (por L. Lutereau) Las mujeres y el embarazo

Por Luciano Lutereau


El embarazo es una experiencia fundamental en la vida de muchas mujeres. Un acontecimiento que no se superpone a la maternidad y que debe ser pensado de manera independiente. El acceso de una mujer a la posición materna implica la capacidad de aceptar una actitud receptiva (que no es pasiva en absoluto): un hijo siempre se recibe, quizá no necesariamente de un hombre, pero su lugar de “don” es incontestable y sitúa a la mujer en algo que la excede respecto de sí misma. Un hijo jamás se tiene (mucho menos se lo regala), éste es uno de los descubrimientos del psicoanálisis que incluso marca cuán distinta es la función materna de la mera satisfacción de las necesidades de una cría. En los temores recurrentes que padecen muchas madres, de que a los niños les ocurra algo, se juega la fantasía de pérdida que constituye al hijo como tal.


Un hijo siempre encarna una falta, y que él mismo pueda faltar es lo que mejor muestra su condición irreductible a cualquier posesión. Decir “mi hijo” es una contradicción en los términos, de la que muchos padres adoptivos testimonian cuando advierten que ellos, en última instancia, fueron los “adoptados”. Este aspecto permite generalizar el reverso de la filiación y afirmar, contra el sentido común, que no son los padres los que tienen hijos, sino que son éstos los que otorgan a aquellos la potestad de la crianza y el cuidado amoroso.


La depresión posparto


Ahora bien, el embarazo no sólo puede ser (entre otras) la puerta de acceso a la maternidad, sino el momento de redescubrimiento de la propia feminidad para la mujer. Por ejemplo, habitualmente se habla de “depresión posparto” y lo cierto es que pocos profesionales saben de qué se habla en este caso. En última instancia, los médicos no tienen más que una formación observacional y descriptiva como para poder delimitar aspectos complejos de las vivencias subjetivas. Así es que muchas veces se confunde la depresión posparto con otros fenómenos, o bien básicamente se tilda de “locas” o “emotivas” a las mujeres que parieron hace poco, como si después de parir pudiera esperarse cualquier cosa de una mujer. Sin duda, ésta es una interpretación violenta que conviene despejar. Y por suerte, en el último tiempo, se ha comenzado a tematizar la violencia obstétrica.


La depresión posparto no es la añoranza que una mujer podría tener de cierto estado de bienestar en que habría consistido la gestación. En efecto, para muchas mujeres el embarazo es un estado de incomodidad enorme y no deberían sentir culpa por no dar la talla del imperativo actual que idealiza a la mujer encinta. Este imperativo es hipócrita porque desexualiza a la mujer y, además, la disocia de su vida cotidiana (por ejemplo, espera que quiera dejar de trabajar y si no... sospecha). Por lo tanto, la depresión posparto no se vincula con la idea naif de querer volver a un paraíso perdido.


En principio, la depresión posparto se vincula con una modificación en el modo de relación de la mujer con el mundo. Cuando estaba embarazada, su demanda tenía un interlocutor dispuesto. A una mujer embarazada se le deja el asiento, por lo general no se le niega colaboración. “Tiene prioridad”, como suele decirse. No obstante, pasado el parto este privilegio se desvanece. La omnipotencia de su demanda padece una severa frustración que incluso puede ser interpretada como un castigo. No son pocas mujeres las que luego de parir sienten una culpa inespecífica y consciente.


De este modo, cuando la demanda es frustrada, el saldo recae sobre la mujer de manera persecutoria. Muchas veces, este fenómeno se expresa con la insistencia de pedidos contingentes, como si el aspecto crucial no fuera lo que se pide sino la reacción que el otro tomará para responder. Otras veces como daño a la imagen, y por eso las mujeres se sienten feas, ven su cuerpo deformado (y no distinto), etc., aunque esto no ocurra siempre. En cualquier caso, el invariante en el inconsciente es la culpa. La frustración de la demanda produce culpa, y esta culpa queda referida a un desprecio infantil: la mujer que fantaseó con ocupar el lugar de su madre, vuelve a quedar ubicada en el lugar de hija envidiosa. El carácter persecutorio de este sufrimiento fue entrevisto por Freud cuando en su texto “La sexualidad femenina” (1931) habló de la angustia de ser “devorada” (por la madre) como constitutiva de la niña y su temprana demanda de un hijo. La depresión posparto es la reedición de esta posición en la mujer.


Asimismo, esta posición se encuentra asociada a otros dos elementos: por un lado, la aparición de una celotipia referida al temor de ser abandonada por la pareja. Ésta es una derivación del sentimiento de culpa anteriormente mencionado. Por otro lado, el temor a quedarse a solas con el bebé, que se verifica en muchas madres que necesitan ser asistidas todo el tiempo, no porque no puedan solas sino porque expresan por esta vía el temor a que la decisión última en el cuidado del niño recaiga sobre ellas.


La depresión posparto, en última instancia, no es un fenómeno extraordinario, una locura parcial y pasajera, sino la trama de fantasías que una mujer debe atravesar luego de parir para recuperar nuevamente una posición femenina.




Más Noticias de Opinión

Tribuna de economía (por Mauricio Yennerich)
Mirada desde el sur (por Raúl Emilio Acosta)
Lo más visto
Historia repetida: el tren descarrila y los vecinos se preocupan -  -
Área Metropolitana
Dólar hoy: seguía la tendencia en baja -  -
Fútbol para "Droopy"  y Manuel de Iriondo  - Entra y juega bien. Es cierto que el 4-4-2 de Leo Madelón es intocable desde el vamos: sumó a Troyanski por Gamba y el ADN sigue intacto en Unión, que tiene un arranque invicto de la Superliga Argentina. Pero también es real que cada vez que Rodrigo Gómez (foto) ingresa, lo hace de muy buena forma. “El Droopy”, sumando minutos desde el banco, empieza a convertirse en un elemento importante para el equipo tatengue. -
Ortiz afuera del partido contra Godoy Cruz... ¿Llega contra Junior? -  -

Recomendadas