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Domingo 20.08.2017 - Última actualización - 08.03.2018 - 13:18
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Espacio para el psicoanálisis (por Luciano Lutereau)

La pre-pubertad



Espacio para el psicoanálisis (por Luciano Lutereau) La pre-pubertad

Por Luciano Lutereau (*)

 

Entre psicoanalistas suele hablarse mucho de la infancia y de la adolescencia, ¡cruel destino para aquellos niños que permanecen en un estado “intermedio”, que se encuentran en tránsito desde lo infantil hacia la juventud, pero aún no han alcanzado la pubertad!

 

La pre-pubertad es una categoría importantísima para pensar el crecimiento de los niños, ya que denota el gran trabajo psíquico que se realiza antes de la irrupción de lo sexual. Según cómo se tematice este momento, los efectos de la activación juvenil de la sexualidad pueden ser muy diferentes.

 

La pre-pubertad no es tanto una edad cronológica, sino un intervalo. Ya en su momento, Freud se refirió al período de “latencia” como aquel que comienza luego del sepultamiento del Complejo de Edipo y que constituye las barreras psíquicas que permiten el ingreso del niño al espacio escolar: vergüenza, prurito moral, inhibición de los impulsos en pos de la sublimación que puede implicar el aprendizaje. La pre-pubertad es el estado terminal del período de latencia, y se caracteriza por anticipar ciertas identificaciones de género que, con la pubertad, habrán de reformularse y consolidar la elección sexual.

 

La pre-pubertad es la etapa en que, por ejemplo, las niñas escriben sus diarios íntimos y los varones comienzan a coleccionar objetos. He aquí una diferencia sustancial: mientras que los varones toman objetos del mundo adulto para coleccionarlos (latas de cerveza, paquetes de cigarrillos, etc.), en un acto que sustrae y miniaturiza formas adultas del goce; las niñas construyen un espacio de interioridad.

 

Ahora bien, ¿cuál es la “intimidad” del diario íntimo? En efecto, no se trata de llamar diario a cualquier conjunto de anotaciones hechas en un cuaderno. En el diario íntimo femenino, se busca una voz propia.

 

Mientras que es frecuente que en los niños pequeños veamos que utilizan frases de adultos, o que hablen y no sepamos quién habla, en el habla del pre-púber se teje la distinción entre enunciado y enunciación, la diferencia entre el decir y lo dicho que instala la represión. En los diarios se le habla al diario (a veces hasta se le pone un nombre propio), se le pide disculpas por no escribir lo suficiente, se ejercita la distancia entre el deseo de contar y lo que puede contarse. Asimismo, permite la proyección imaginaria en la identidad del personaje y la fantasía de la autoría. “Seré escritora”, dice una niña que afirma una posición femenina antes de que la cuestión del sexo se plantee de manera acuciante.

 

Muchas veces, cuando son pequeños, los niños tienen amigos imaginarios o invisibles, prolongaciones personificadas de sus primeros muñecos y compañeros de juego. Algo semejante ocurre en la pre-pubertad, en la que el diario viene a ocupar esta misma reduplicación narcisista, pero con otros fines. La pre-pubertad es, en última instancia, una recuperación de los medios infantiles, pero en función de otros propósitos. Lo mismo ocurre con las colecciones, miniaturas que resignifican esas otras miniaturas que fueron los juguetes.

 

Situación paradójica la del niño que crece: todo el tiempo readapta sus viejos recursos para lo nuevo. Paradoja que devela que lo propio del crecimiento es la resignificación.

 

Hoy en día no es tan corriente ya que los niños coleccionen objetos inútiles o bien escriban diarios íntimos. Estas series (la de los objetos y la de los cuadernos) exponen un trabajo psíquico en relación a descompletar la serie parental, por eso son tan importantes. La búsqueda de una voz propia y el trabajo infinito de la colección (que siempre busca un objeto faltante) horadan progresivamente que los únicos interlocutores de un niño sean sus padres. A partir de este hueco se va ingresando lentamente en el mundo adulto. Los niños de nuestro tiempo parecen quedar detenidos en momentos previos a esta etapa, incluso a veces adviene la pubertad y no por eso consiguen madurar. Porque bien se puede tener la posibilidad del sexo, y no por eso haber crecido psíquicamente. Por eso es tan importante que los psicoanalistas repensemos el trabajo de pre-pubertad como trasfondo de muchos de los síntomas de nuestra época.

 

(*) Doctor en Filosofía (UBA) y Doctor en Psicología (UBA). Coordina la Licenciatura en Filosofía de UCES. Autor de los libros: “Celos y envidia. Dos pasiones del ser hablante”, “Ya no hay hombres. Ensayos sobre la destitución masculina” y “Edipo y violencia. Por qué los hombres odian a las mujeres”.


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