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Martes 22.08.2017 - Última actualización - 8:20
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Adriana Montenegro es psicopedagoga desde hace 28 años

Orientación vocacional: esa compleja brújula que marca un destino de vida

La experta señaló las dificultades de los chicos para decidirse por una carrera universitaria. “En la elección vocacional, El joven debe considerar desde su historia personal, vínculos afectivos y su realidad social hasta qué cree que lo hará realmente feliz en su futuro proyectado”, dice.

Foto: Internet.




Adriana Montenegro es psicopedagoga desde hace 28 años Orientación vocacional: esa compleja brújula que marca un destino de vida La experta señaló las dificultades de los chicos para decidirse por una carrera universitaria. “En la elección vocacional, El joven debe considerar desde su historia personal, vínculos afectivos y su realidad social hasta qué cree que lo hará realmente feliz en su futuro proyectado”, dice. La experta señaló las dificultades de los chicos para decidirse por una carrera universitaria. “En la elección vocacional, El joven debe considerar desde su historia personal, vínculos afectivos y su realidad social hasta qué cree que lo hará realmente feliz en su futuro proyectado”, dice.

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¿Cuál es la mejor forma de elegir la carrera universitaria acertada? ¿Hay recetas mágicas? No: la decisión vocacional es mucho más compleja, no es una brújula exacta cuyo rumbo marcado aparece simplemente y hay que seguir. Esto sumado a los cambios generacionales —y en El vínculo entre hijos y padres— que se han producido en las últimas décadas, las transformaciones en la mirada propia respecto de las proyecciones de autorealización personal, entre otros factores.

 

La orientación vocacional desde la psicopedagogía se vio empujada a poner El foco en estas nuevas reconfiguraciones epocales. “Hay un cambio generacional que nos obliga a mirar la esta disciplina desde otra óptica. La vocación es algo interno de cada joven, y no podemos desconocer todo lo que El sujeto trae consigo: su historia, sus intereses, sus cambios de etapas tardíos, su relación con sus padres, etc”.

 

La definición es de Adriana Montenegro, Licenciada en Psicopedagogía, psicopedagoga del Colegio Arquidiosesano San José y jefa de Alumnado de la Universidad Católica de Santa Fe (UCSF), donde recibe a diario todo tipo de consultas de los alumnos. Hace 28 años que se dedica a la orientación vocacional: es una voz autorizada para hablar de una problemática con tantas aristas a considerar.

 

El cambio generacional

Hay una historia biográfica detrás de cada estudiante que hace éste se incline hacia una determinada área, pero que tampoco será determinante. “Muchas veces nos basamos en esa historia, pero también en este presente y en esta realidad en la cual El sujeto está inmerso, muy diferente a la de dos décadas atrás, para poder proyectarse hacia El futuro que quiere tener”, dice la orientadora.

 

De pronto aparecen los cambios socioculturales que se ven hoy. “Antes teníamos adolescentes mucho más preocupados por su futuro. Hoy la adolescencia y adultez es más tardía: los chicos siguen viviendo con sus padres varios años más después de los 18. Notamos en ellos una visión de futuro de país ciertamente negativa respecto del la situación laboral, que hace que esa selección y decisión que tienen que tomar, como casarse, tener una familia, estudiar, etc., son mucho más tardías de lo que eran antes”.

 

Montenegro no duda en definir este “clima de época”: “Hacer un buen proceso de orientación vocacional implica lograr que El sujeto pueda conocerse a sí mismo y a la realidad en la que está inmerso. En estos momentos trabajamos con un sujeto que está en crisis, pero también con una realidad en crisis. Esto implica orientar al sujeto en la crisis en que estamos viviendo”, afirmó.

 

Por otro lado, según la especialista, la escuela secundaria no “entrena” a los chicos para elegir. “Preparar en El quinto año a los chicos para enfrentar la universidad es un paso muy arduo”, aseveró, desde su experiencia personal. “Porque han pasado cinco años del nivel medio donde las exigencias son mucho menores (que las de la universidad) en muchos aspectos. No desde El docente, sino desde la currícula”.

 

Montenegro, trabaja hace 28 años en orientación vocacional. “Trabajar en crisis significa ir acomodándose permanentemente con El fin de poder llevar al adolescente a este trabajo interno que debe hacer”.Foto: Gentileza UCSF.

 

 

 

Maduración

Descubrir la vocación no se da como por arte de magia. La vocación muchas veces necesita de un proceso de maduración del alumno, que es necesaria para poder decidir a conciencia qué va a hacer con su vida y sus proyecciones. “Elegir en El tiempo de maduración adecuado es lo correcto”, insistió la experta.

 

“Cuando uno es feliz haciendo lo que hace, siente que está en lo correcto. Y hoy, los chicos en su mayoría no saben lo que es la felicidad como proceso de vida a largo plazo: para ellos, la felicidad es algo rápido, efímero, pierden la noción de la realidad y de que El tiempo apremia”.

 

Y graficó esta situación: “Ocurre que los chicos no pueden llegar a serenarse, no pueden detenerse en ellos mismos. Y aquí aparecen los cambios en los hábitos sobre los nuevos usos de las nuevas tecnologías. Vemos que no pueden soltar El celular en ningún momento: todo es ruido, es rápido y efímero. Están expuestos a estímulos externos todo El tiempo”.

 

Introspección

Frente a esto, una de las claves para llegar a esa maduración vocacional que lleve a elegir una carrera, trabajo u oficio es, para El alumno, llegar a un proceso de introspección. “Esto quiere decir que los ingresantes puedan pensarse a sí mismos, tomarse un tiempo y reflexionar respecto de su vida, de sus cualidades, de qué les gusta, en qué se destacan”.

 

Centrar a los alumnos en su posición, en su propio eje de autorreflexión, “a veces se nos hace difícil a los orientadores vocacionales. Llegar a ese conocimiento interior al adolescente de hoy le cuesta muchísimo. La diversificación que tienen de su propia tensión no la pueden interiorizar”.

 

“Se trata de enfrentar al sujeto-alumno a cómo te se ve a sí mismo, a su propio imaginario de qué quiere ser, qué le hace feliz”, agregó Montenegro. Es una suerte de espejo al que tienen que mirarse El chico para poder tomar una decisión de vida importante como qué estudiar. “Esto es lo que a veces se hace muy difícil en general para las nuevas generaciones”, explicó Montenegro.

 

Elegir implica dejar algo de lado

Elegir implica “siempre dejar algo de lado. Por eso es tan difícil. Hablamos de lazos afectivos, dejar la escuela secundaria, los amigos más conocidos, y de asumir un rol distinto, porque eso demanda El ser universitario. Pero al mismo tiempo, es una aventura que les permite a los chicos comprender la realidad desde otro lugar. Asumir responsabilidades que antes no asumía”, dijo la orientadora vocacional.

 

Otra cuestión: repensar su historia personal y familiar, y El contexto social en El que están inmersos. “Siempre hay que tener en cuenta la realidad familiar que uno tiene, viendo todos los aspectos que hacen en lo económico, los vínculos con los padres o hermanos, etc. Se tiene que tener en cuenta todo esto: y seguros del todo no estamos nunca, pueden surgir dudas vocacionales”.

 

Pese a lo sinuoso del camino de la vocación, “hay que mantenerse firmes en nuestras decisiones y sabernos en la realidad social en la que cada chico está inmerso y de la que forma parte. Porque la sociedad cambia, y te marca. Lo que hay que hacer es despegarse de esos factores externos y mirarse uno a sí mismo para poder mirar su propio futuro proyectado”, concluyó.

 




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