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Martes 12.09.2017 | Última actualización | 19:52
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La vuelta al mundo (por Rogelio Alaniz)

La guerra civil española en la Argentina

En noviembre de 1939 llegó al puerto de Buenos Aires el vapor Massilia. Allí venían 147 exiliados españoles cuyo destino será Chile, Paraguay, Brasil y Bolivia. Natalio Botana se hizo presente en el puerto y discutió con el capitán del barco. Todos bajaron en Buenos Aires. Foto: Archivo El Litoral


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La vuelta al mundo (por Rogelio Alaniz) La guerra civil española en la Argentina

Rogelio Alaniz

 

La guerra civil española dividió a la opinión pública argentina, una división que se inició en el interior de la comunidad española pero que se extendió a intelectuales y políticos argentinos. Cuando Franco se levantó en armas en julio de 1936, el presidente de la nación era Agustín Justo; y cuando la República se rindió definitivamente en abril de 1939, el presidente era Roberto Ortiz. Ambos mandatarios mantuvieron, lo que se dice, una actitud neutral, aunque en el interior de la Concordancia también hubo serias diferencias entre sus corrientes liberales simpatizantes con la causa republicana y algunos núcleos conservadores inclinados hacia el franquismo.

 

Más de 300.000 españoles vivían entonces en Buenos Aires. Muchos fueron republicanos, pero no fueron pocos los franquistas. Los republicanos organizaron brigadas internacionales, pero también lo hicieron los falangistas criollos. Muchas mujeres se solidarizaron con la República, pero también hubo numerosas manifestaciones femeninas de solidaridad con Franco.

 

Desde ya, los periódicos de izquierda apoyaron a la República desde sus inicios y luego de concluida la guerra. Claridad, la editorial dirigida por Antonio Zamora, fue uno de los ejemplos paradigmáticos de la defensa republicana desde un registro de izquierda. Por su parte, la revista Sur, dirigida por Victoria Ocampo y el popular diario Crítica de Natalio Botana apoyaron a la República desde posiciones que nada tenían que ver con la izquierda y el comunismo.

 

Los actos públicos fueron amplios y masivos. En el Luna Park y el Coliseo se convocaron a multitudes. También los radicales organizaron actos de solidaridad con la República en Córdoba. Lisandro de la Torre, Arturo Frondizi, Alfredo Palacios, fueron los políticos más destacados en esta actividad solidaria. Entre las mujeres cabe destacar a Elvira Rawson de Dellepiane, Bertha Singerman, Alicia Moreau de Justo, Victoria Ocampo, Norah Borges, Delfina Varela de Ghioldi.

 

“Vida Femenina” y “La Nueva España” fueron revistas editadas por españoles residentes en Argentina y que simpatizaron con la República. Lo mismo ocurrió con “España Republicana”, una revista fundada en 1918, que continuará hasta 1964. Desde la otra barricada la Agrupación Monárquica Española editará un boletín con críticas furibundas a los rojos y sus compinches locales. La revista estará auspiciada por doña María Pía de Borbón.

 

La grieta

 

A poco de iniciada la guerra, la revista Sur impulsó una solicitada de apoyo a la República, solicitada que contará con las firmas de 34 escritores. Allí están, entre otros, su directora Victoria Ocampo, Jorge Luis Borges, Eduardo Mallea, Leónidas Barletta, Alejandro Korn, César Tiempo, Alfonsina Storni, María Rosa Oliver, Aníbal Ponce, Conrado Nalé Roxlo, Samuel Eichelbaum y Alberto Gerchunoff.

 

Como consecuencia de ese posicionamiento los escritores de orientación nacionalista que escribían en Sur se retiraron de la revista. Leonardo Castellani, Julio Irazusta, Ignacio Anzoátegui, Leopoldo Marechal, Ernesto Palacio y Ramón Doll son algunos de los nombres destacados. Por su parte, Forja, con la aprobación de Raúl Scalabrini Ortiz y Arturo Jauretche, se declara neutral porque consideraron que para el interés nacional la lucha principal era contra el imperialismo inglés, una verdadera paradoja, porque los nacionalistas criollos en este punto van a coincidir con la muy odiada y dominadora Inglaterra.

 

En la misma línea, y como para corroborar estas sugestivas afinidades, Carlos Ibarguren, presidente del Pen Club Buenos Aires, elevó una nota al embajador español en Argentina, Enrique Díaz Canedo, reclamando la libertad de José Antonio Primo de Rivera.

 

Otra referencia a tener en cuenta es la revista católica Criterio, dirigida por monseñor Gustavo Franceschi. Criterio simpatizaba con el franquismo, una simpatía que no excluía algunas polémicas internas, sobre todo cuando en esos años arribó a Buenos Aires el filósofo católico Jacques Maritain, quien no ocultó sus críticas al régimen franquista y particularmente el concepto de “guerra santa” defendido más que por Franceschi, por Julio Meinvielle.

 

Capítulo aparte merece el diario “Crítica” y la decisión de su director Natalio Botana de apoyar a la República en toda la línea. Durante los tres años de la guerra el diario publicará editoriales, crónicas y columnas en las que defenderá la causa republicana. “El norte de España ya es una colonia ítalo-alemana”, es el título de una editorial. “La República será aplastada por culpa de la neutralidad de las potencias democráticas”, escribió en 1939.

 

La FUA, la central estudiantil argentina, será solidaria con la causa republicana. Gracias a las gestiones de Botana, el joven Guillermo Delgado será designado representante estudiantil ante el gobierno de la República. Botana será uno de los impulsores de la suscripción popular a favor de la Cruz Roja Española. La actividad se coordinará con el apoyo de la embajada española y, muy en particular, de la esposa del embajador Díaz Canedo, la señora Teresa Manteca Ortiz. También será activa la participación de la embajada española cuando se haga cargo de ella el dirigente conservador, católico y republicano, Ángel Ossorio y Gallardo.

 

Pura sangre republicana

 

En los primeros meses de 1939, llegará a Buenos Aires el dirigente socialista Indalecio Prieto. “Crítica” publicará la noticia en primera plana. Concluida la guerra con los resultados conocidos, Botana desplegará una intensa actividad para recibir en Argentina a los exiliados republicanos. Su solidaridad se extenderá a la organización de colectas. Fiel a su estilo, en noviembre de 1939 y con motivo de la victoria obtenida en el Hipódromo de Palermo de su caballo Romántico en el clásico Carlos Pellegrini -victoria que le significó la suma de 50.000 pesos- Botana no vacilará en donar esa plata a la causa, donación que además se promocionará en las páginas del diario con los comentarios humorísticos del caso, en particular acerca de Romántico calificado de pingo de pura sangre republicana.

 

Botana auspiciará la Comisión Argentina para Niños Españoles, una institución solidaria cuyo objetivo será proteger a los hijos de los republicanos. En esta comisión estarán presentes Marcelo T. de Alvear, Alfredo Palacios, José Peco, Carlos Saavedra Lamas y Mariano Castex. Por su parte, el poeta Enrique Banchs, presidente de la Sade, reclamará a través de una carta pública que Buenos Aires refugie a los escritores españoles antifranquistas.

 

En noviembre de 1939 llegó al puerto de Buenos Aires el vapor Massilia. Allí venían 147 exiliados españoles cuyo destino será Chile, Paraguay, Brasil y Bolivia. Botana se hizo presente en el puerto y discutió con el capitán del barco. Don Natalio en el puerto organizó uno de sus habituales escándalos contra el capitán que no sabía qué hacer con un personaje del cual le habían informado que era uno de los hombres más influyentes de Buenos Aires. En cierto momento, el capitán le dijo que no le va a permitir subir al barco y que los exiliados se irán a otro país. Según se cuenta, Botana respiró hondo y sonrió, mientras su habano parecía apuntar el pecho del atribulado capitán. Luego le dijo : “No sólo voy a subir al barco, sino que además los 147 exiliados van a bajar conmigo”. Y efectivamente así se hizo. Todos los exiliados descendieron y en tierra firme Botana le entregó a cada uno de ellos un sobre con el dinero suficiente como para vivir dignamente durante los dos primeros meses.

 

Como capítulo de cierre, corresponde recordar que el presidente de la Nación, Roberto Ortiz, emitió un decreto permitiendo a los exiliados quedarse en la Argentina. Según se dijo después, Ortiz pagaba con este gesto el apoyo de Botana a la asonada militar del 6 de septiembre de 1930, una imputación dudosa ya que para 1939 los realineamientos políticos eran otros y, por lo tanto, las amistades y los correspondientes favores habían variado.


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