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Domingo 08.10.2017 | Última actualización | 15:32
15:21

En Quito, buscando altura futbolera en la altura geográfica...

Que se abra el arco por el amor de Dios

Contra Perú fuimos ofensivos pero no eficaces, creamos oportunidades y no se las pudo definir, los nervios y la impotencia se hicieron presente a partir de los 25 minutos de cada tiempo. Hay que evitar las ataduras y hacer lo imposible por meterla, porque no cabe otra que ganarle a Ecuador.

No lo dejen solo. Lionel Messi trata de encontrar explicaciones. Fue el mejor en el marco de un partido que Argentina mereció ganar, pero falló por falta de contundencia. El estuvo cerca, con un remate que pegó en el palo. Foto: EFE


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En Quito, buscando altura futbolera en la altura geográfica... Que se abra el arco por el amor de Dios Hay que evitar las ataduras y hacer lo imposible por meterla, porque no cabe otra que ganarle a Ecuador. Contra Perú fuimos ofensivos pero no eficaces, creamos oportunidades y no se las pudo definir, los nervios y la impotencia se hicieron presente a partir de los 25 minutos de cada tiempo. Hay que evitar las ataduras y hacer lo imposible por meterla, porque no cabe otra que ganarle a Ecuador.

Enrique Cruz (h)

(Enviado Especial a Quito, Ecuador)

 

Es el momento en el que los papeles suelen quemarse y ya no importan tanto aquéllas cuestiones que deberían ser fundamentales para un análisis. Siendo más claros en el concepto: para ganar un partido hay que hacer merecimientos futboleros, pero en este caso, ante Ecuador —como lo fue ante Perú—, hay que ganar cómo sea. A ese punto hemos llegado.

 

Hay dos cosas positivas que el equipo demostró ante Perú: 1) la vocación por ser ofensivo y hacerse dueño del trámite del partido; 2) la generación de situaciones de gol. Y hubo una negativa que empañó lo otro: la cantidad de oportunidades desperdiciadas. Por eso, decir que Argentina jugó bien, con todo lo que el concepto significa, es un error. Una condición para jugar bien es la de tener eficacia, sobre todo cuando la agresividad ofensiva se manifiesta en tanta generación de situaciones de gol. Si un equipo puede crear ocho o nueve oportunidades y la pelota no entra, algún error se cometió. Y ese error está emparentado con la falta de eficacia; y si un equipo no tiene esa condición, evidentemente le falta algo esencial para decir que juega bien.

 

Pero los merecimientos fueron claros y esto es lo que hoy debe estar todavía dando vueltas por la cabeza de los jugadores. Ya no se entiende cómo puede ser que estos jugadores que se cansan de hacer goles en sus equipos, donde entran todas las que tiran al arco y son goleadores en sus ligas, no puedan repetir en la selección. ¿Nervios?, ¿atadura?, ¿falta de jerarquía? Esto último lo descarto de plano, porque a esa jerarquía la pueden demotrar en sus clubes y es la misma jerarquía que los ha llevado a ser distintos y pretendidos.

 

Ya vendrá la hora de hacer un análisis mucho más profundo y largo en el tiempo. Acá se han cometido errores dirigenciales gravísimos. Tuvimos tres entrenadores en las Eliminatorias. Martino se fue dejándonos terceros en Eliminatorias y sin que nadie explique el por qué pegó el portazo. Estuvo nueve meses sin cobrar y llegó el Patón Bauza, “el agua y el aceite” en la comparación futbolera con el Tata, y ahora Sampaoli, otra vez “agua y aceite” con el antecesor, como una elección obligada en la búsqueda de un entrenador de moda y ofensivo.

 

Pero ahora nos urge otra cosa, porque quedar afuera del Mundial sería un fracaso para todos. Entonces hay que ganar. Y para hacerlo, hay que meter goles, algo tan simple como fundamental y esquivo para este equipo que está plagado de goleadores.

 

El objetivo, ya convertido en “milagro” a esta altura de las circunstancias, o de “hazaña”, hay que ir a buscarlo a la altura de Quito, donde los 2.800 metros juegan su propia exigencia para el jugador argentino. Será otro rival. Y en realidad, habrá que enfrentar a tres adversarios: 1) la selección de Ecuador; 2) la altura, y 3) la propia selección argentina.

 

Si las oportunidades se crean y no se convierten; y si a medida que pasan los minutos, la presión se siente y la impotencia se adueña de todos (o de casi todos, porque la excepción es Messi), entonces hay algo interno que también perjudica. Hay que vencer a los propios fantasmas. Kempes dijo una cosa que es muy cierta: “Hay que jugar con el corazón, pero también con la cabeza”. La gente quiere y pide que el equipo ponga “huevo”. Nadie discute que eso, ante Perú, no faltó durante los 90 minutos. Pero los momentos en los que se jugó bien —aún con exagerada tendencia a lateralizar mucho los pases— fueron muchos menos en cuanto a duración de minutos y se dieron en los arranques de ambos tiempos, lo cuál marca también cómo a medida que va pasando el tiempo, se da aquéllo de que la mochila empieza a pesar mucho más. Moraleja: al que está obligado, el paso del tiempo le va jugando en contra si no consigue rápidamente lo buscado.

 

Sampaoli metió sistemas y jugadores en la coctelera antes de Perú, probó varios dibujos y se inclinó por el 4-2-3-1. Este es un esquema que tranquilamente se podría repetir. Acuña se ha ganado un lugar en el equipo, Mascherano es un jugador importante para un partido de esta magnitud y Messi necesita que alguien lo acompañe, que defina lo que es capaz de crear o que lo ayuden, pivoteando en la puerta del área para devolverle la pelota cuando arranca en tres cuartos de cancha y busca un socio para el toque. El propio Sampaoli habló que él debe tener “la claridad suficiente” para “elegir” el jugador que pueda marcar lo que nadie puede: el gol. Acá se ha criticado mucho a Higuaín y a Agüero, pero son jugadores que han tenido una tremenda capacidad de gol con la camiseta de la selección. Benedetto —pedido a gritos por la gente— tuvo dos muy claras y no pudo marcar, lo mismo que le pasó a Icardi ante Venezuela. Esto no quita que cualquiera de los dos —o el mismo Dybala— tengan eso que estamos pidiendo a gritos que ocurra: que alguien encuentre la llave para abrir el arco de enfrente.

 

“Por entusiasmo, corazón y ganas, nada que reprocharle a este equipo. Pero si no existen la claridad y el acierto, no estaremos en Rusia”.

Mario Kempes

Goleador y figura de Argentina en el Mundial de 1978

 

La última vez en el Atahualpa. Argentina consiguió un punto valioso en el partido que se jugó en Quito en las Eliminatorias anteriores. Fue 1 a 1. Di María cae ante la marca de un rival. “Fideo”, de flojo partido en la Bombonera ante Perú, es uno de los que mejor se adapta a los rigores de la altura. Foto: EFE

 

 

¿Qué hay que hacer?

 

Argentina está en el sexto lugar de las Eliminatorias y afuera de toda chance, en este momento, de ir al Mundial de Rusia del año que viene.

 

Si habría terminado el certamen, estarían yendo Brasil, Uruguay, Colombia y Chile, mientras que Argentina estaría jugando —por tener mayor cantidad de goles a favor que Argentina— el repechaje ante Nueva Zelanda.

 

¿Qué tiene que darse para que Argentina vaya al Mundial?, ganarle a los ecuatorianos, como primera medida, y esperar una de estas opciones:

 

* Que empaten Perú-Colombia.

 

* Que no gane Chile ante Brasil.

 

* Que gane Perú ante Colombia (por más que lo haga Chile ante Brasil), pero que lo haga por una diferencia de goles menor que Argentina.

 

Como se puede apreciar, el optimismo que tenía Sampaoli luego del partido en la Bombonera se podía sostener a través de estas posibilidades que, es cierto, ofrecen chances concretas a Argentina, siempre que el resultado en Quito sea favorable.

 

Además, Argentina iría al Mundial en el caso de empatar el partido ante Ecuador y que Chile pierda con Brasil por dos goles, que Perú pierda ante Colombia en Lima y que Paraguay no le gane a Venezuela en Asunción.

 

En este último caso, la combinación de resultados es muy grande como para esperar un “milagro” si es que Argentina no consigue ganar en la altura de Quito, donde no nos fueron bien las cosas, generalmente

 

Hay que jugar de contragolpe

Eduardo Stelhick (x)

 

Si Sampaoli piensa en salir a apretar arriba y a presionar sobre la salida del rival, se equivoca. No es un partido para jugarlo como lo hizo ante Perú, porque sería un verdadero suicidio futbolero. Es un partido para esperar bien agrupado, dejarlo venir al rival y jugarlo de contragolpe.

 

Ecuador tiene jugadores realmente importantes y rápidos del medio hacia adelante. Le va a faltar alguno, pero doy dos casos: Antonio Valencia e Ibarra son jugadores ideales para el juego de Ecuador en la altura y si tienen espacio, resultan absolutamente desequilibrantes.

 

¿Cómo plantearía el partido?, con un 4-4-2. Pondría línea de cuatro atrás y dos volantes que se queden retenidos en el medio, con dos volantes con mucha llegada, más Messi y un punta que podría ser Icardi.

 

Un jugador que, desde mi punto de vista, no puede faltar, es Angel Di María. Considero que es el jugador argentino que mejor rinde en la altura. Lo he visto ante Bolivia, en La Paz, donde la altura es mayor, y creo que es un jugador que se siente bien en esa clase de exigencia. Di María debería ser uno de los volantes laterales, en tanto que por el otro lado habría que ver si se juga con Dybala o alguno que tenga condiciones para darle dinámica al traslado de la pelota.

 

El partido no va a ser fácil, Ecuador va a querer ganarnos y les cuento algo más: existe una admiración del ecuatoriano hacia el fútbol de Argentina. Pero es tan grande esa admiración, que se transforma en un sentimiento contrario y lo que más quieren, es ganarnos. Ecuador está eliminado, pero para ellos, ganarle a Argentina es un objetivo en sí mismo que está al margen de una posibilidad matemática que ya perdieron por completo después de la última fecha.

 

(x) Ex jugador de Unión, jugó y dirigió en Ecuador.

Además tenés que leer:

El seleccionado argentino de fútbol llegó a Ecuador para enfrentar el próximo martes en Quito a la selección local en el último partido de las eliminatorias sudamericanas, encuentro del que depende que los dirigidos por Jorge Sampaoli participen o no en el Mundial Rusia 2018.

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