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Miércoles 11.10.2017 | Última actualización | 7:30
7:16

Un concierto del “10” en una noche inolvidable

El día que Messi fue Gardel, Le Pera y los guitarristas

Ante la adversidad, se puso el equipo al hombro y produjo una actuación a la que es muy difícil definir con palabras. Argentina jugará el Mundial de Rusia gracias a una actuación tremenda del mejor de todos.

Foto: Agencia EFE


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Un concierto del “10” en una noche inolvidable El día que Messi fue Gardel, Le Pera y los guitarristas Ante la adversidad, se puso el equipo al hombro y produjo una actuación a la que es muy difícil definir con palabras. Argentina jugará el Mundial de Rusia gracias a una actuación tremenda del mejor de todos. Ante la adversidad, se puso el equipo al hombro y produjo una actuación a la que es muy difícil definir con palabras. Argentina jugará el Mundial de Rusia gracias a una actuación tremenda del mejor de todos.

Enrique Cruz (h)
(Enviado Especial a Quito, Ecuador)


Uno que trabaja con las palabras no encuentra eso, las palabras para describir lo que se vivió en esta Quito tan cambiante desde lo climático, tan rigurosa por la altura que comprime y condiciona, pero a la vez tan agradable por todo esto que hemos vivido en un 10 de octubre inolvidable para todos.


No hay palabras para definir la actuación brillante y decisiva de un jugador que en la adversidad de un gol a los 40 segundos, se puso el equipo al hombro y demostró que es un elegido y que su nombre no podía quedar al margen del Mundial. ¿Cómo se puede explicar un campeonato del mundo sin el mejor jugador del mundo? Imposible.


“Hicimos lo que estábamos obligados a hacer”, dijo luego del partido. Y los involucró a todos, cuando todos sabemos que fue él, más el acompañamiento casi tímido –aunque valorable- del resto, el gran responsable, como queriendo demostrarle a todos que si querían algo fuera de lo común, algo fuera de lo normal, algo que tenga una explicación más extraterrestre que terrenal, él era capaz también de conseguirlo.


Fue Messi y diez más. ¿Si ayudaron los otros diez?, claro que ayudaron. Otamendi con su capacidad de liderazgo en el fondo; Biglia con su fe inquebrantable para batallar y batallar, jugando prácticamente al filo del reglamento; Di María elaborando su propia “revancha”; Acuña y Salvio sabiendo que tenían que ponerse el overol y colaborar con los de atrás, frente a dos jugadores muy rápidos y complicados como los Ibarra.


Era mucho lo que había en juego. Y posiblemente, el “crack” que se habría producido en el caso de una derrota, hubiese dejado muchos heridos. Deportivos e institucionales. Jugadores y dirigentes. Todos eran conscientes de eso. Pero hubo uno que comandó la resistencia. El que no podía faltar a la cita y una vez más tenía que demostrar por qué es quién es y por qué el mundo futbolero no lo admitía ausente de la magna cita del año que viene.

 


Si algo faltaba era superar el mazaso del principio del partido. Casi un golpe de nocaut, porque mucho se había hablado de la parte sicológica y de cómo incidía todo eso en un equipo que parecía endeble desde lo anímico. Y había que hacer dos goles, por lo menos, para dar vuelta el resultado. Justo Argentina, con esa anemia increíble de goles que traía. Sin embargo, fue Messi el que en 20 minutos cambió la historia del resultado y del partido, porque a partir del momento en que Argentina se puso en ventaja, el equipo se tranquilizó y supo de qué manera tenía que cuidar el resultado.


A la brillantez de Messi, inconmensurable por dónde se lo mire y con definiciones brillantes, se sumó el gran partido de Di María (jugando por adentro, sin la necesidad de recorrer la raya) y un funcionamiento que fue creciendo en lo colectivo como para darle un marco a ese trabajo descollante del “10”. Algunas imprecisiones no empañaron nada. Podía pasar en el marco de esas condiciones que impone la altura, más un campo de juego algo desparejo y una pelota que por momentos se tornaba intratable. Pero hubo inteligencia para manejar el partido, aplomo para hacer pasar el tiempo y “dormir” el segundo tiempo, manteniendo lejos a Ecuador de Romero y esperando otra genialidad de Messi para colocar el 3-1 que nos depositó en el Mundial.


Me voy con la sensación de que estos partidos, como el de ayer, no pueden pasar desapercibidos ni quedar en el olvido. Lo sabíamos de antemano. Ganar podía ser la gloria (acrecentado el concepto a partir de la notable actuación de Messi); perder, hubiese causado un terremoto futbolero cuyas esquirlas podían provocar un serio daño para un fútbol argentino al que se lo ha maltratado mucho en los últimos tiempos.


BAJO LA LUPA


ROMERO (5).- Poco trabajo, atento con los remates de media distancia y algo flojo en las salidas con los pies.


MERCADO (5).- Se complicó un poco con la velocidad de Romario Ibarra. Fue de menor a mayor.


MASCHERANO (6).- No desentonó jugando como lo hace en el Barcelona, pero también se complicó en algunas salidas. Terminó bien y ordenando al resto.


OTAMENDI (7).- Muy buen trabajo, seguro en el juego aéreo y ganando por abajo. Fue el mejor de los de atrás.


SALVIO (6).- Tuvo que ponerse el overol y le dio una buena mano a Mercado en la marca. Ida y vuelta constante por derecha. Entendió la función.


BIGLIA (7).- Se condicionó un poco por la amonestación, pero tuvo una labor a destajo y efectiva en el medio, tanto en el quite como en el juego.


ENZO PÉREZ (5).- Aplicado, ordenado, tratando de romper líneas cuando el equipo tenía la pelota.


ACUÑA (6).- Otro que entendió el sacrificio y el ida y vuelta que debía hacer por izquierda.


DI MARÍA (7).- Volvió a ser ese jugador que, cuando aparece, es capaz de complicarle la existencia a los defensores rivales. Jugó por adentro, sin necesidad de ir por la punta para desbordar y meter centros. Participó activamente en las mejores jugadas.


MESSI (10).- ¿Qué se puede agregar a lo ya dicho?. Descollante, autor de los tres goles y de los mejores momentos de Argentina. Se puso el equipo al hombro y tuvo esa actuación que algunos todavía le estaban reclamando.


BENEDETTO (5).- Se sacrificó por el equipo, defendió con acierto en las jugadas de pelota quieta favorables a Ecuador, tuvo una sola a su favor pero se la tapó el arquero.


ICARDI.- Poco tiempo pero una situación favorable. Enzo Pérez lo dejó solo, mano a mano con Banguera y el arquero, en gran reacción, le ahogó el grito de gol.


PAREDES.- Entró a darle un poco de aire al medio.


FAZIO.- Su ingreso fue con el partido definido y casi terminado.

Además tenés que leer:

El entrenador de la selección confesó que “en la charla final nos juramentamos todos que debíamos aportar lo mejor de cada uno para llevar al mejor jugador del mundo al Mundial. Y así, Messi se liberó y tuvo un partido increíble”

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