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Domingo 15.10.2017 - Última actualización - 08.03.2018 - 13:15
19:16

Espacio para el psicoanálisis (por Luciano Lutereau)

Cuando el varón es padre



Espacio para el psicoanálisis (por Luciano Lutereau) Cuando el varón es padre

Luciano Lutereau (*)

 

La paternidad no es un acto solitario. Su principal propósito es unir las generaciones. Así, un hombre es padre cuando se resitúa respecto de su padre.

 

En este punto, entonces, ¡toda paternidad implica una fantasía parricida! Por eso los hombres cuyos padres murieron cuando ellos eran niños o jóvenes, suelen diferir la paternidad (sin que eso implique una postergación neurótica). Es que ser padres implicaría morir, y la fantasía de que la fantasía no sea sólo una fantasía.

 

En casos de este estilo suelen sobrevenir pequeñas hipocondrías, somatizaciones, actings que llevan al riesgo, y otras formas de actuar la muerte como posibilidad. No obstante, en la mayoría de los casos directamente rechazan la paternidad. No por neurosis, sino por un dolor insoportable. La angustia de muerte no se deriva de la angustia de castración, como primero pensó Freud. Por suerte, luego cambió de opinión.

 

La paternidad hoy

 

Por otro lado, quisiera detenerme en ciertas particularidades de la paternidad en nuestro tiempo. Lo que se detecta hoy en día en varias consultas es que los varones postergan la paternidad, no que ya no quieran serlo, sino que asocien la paternidad con frustraciones y, por lo tanto, la dejen para cuando ya tengan una posición adquirida (en lo económico y en lo social) que no llega nunca. No obstante, antes de hacer un diagnóstico precipitado, cabe hacer una pregunta previa: ¿existe el deseo de ser padre?

 

De acuerdo con lo anterior, cabe tener presente que el deseo de paternidad no es algo espontáneo en un varón. En todo caso, depende de la mujer. Porque un varón no desea ser padre; quizá quiera tener un hijo, pero no es lo mismo. La paternidad en un varón depende del deseo de una mujer, es decir, de querer darle un hijo a una mujer. Y si hay una disminución en el interés de los varones por tener hijos, se debe en cierta medida a que las mujeres están menos interesadas también en la maternidad.

 

Por cierto, eventualmente ocurre que una mujer quiere que un varón quiera tener un hijo, pero esta estructura sí responde más a una posición neurótica (“querer que el otro quiera” como una forma de no poder autorizarse el deseo) que a un deseo de maternidad.

 

De este modo, cuando la idea de un hijo aparece para un varón sólo se representa mediante pérdidas (de tiempo, de libertad, de dinero, etc.), es decir, el varón interpreta la paternidad a partir de la angustia de castración. Por eso es tan importante el deseo de la mujer, porque en base a éste es que un varón puede dar un hijo y no verlo como una pérdida, sino un crecimiento en la filiación y en otorgar un linaje.

 

Un varón no madura espontáneamente. Madura a partir del encuentro con una mujer. Hace poco un muchacho de más de veinte años, lo decía de una manera muy graciosa. En una entrevista reciente, decía: “El problema con las mujeres es que maduran y listo”. Interrogado al respecto, continúa: “Sí, maduran y los hombres, en cambio, queremos seguir haciendo cosas de chicos toda la vida, como mi tío que tiene 40 años y todavía juega a la Play”. “¡Qué problema!”, agregué por mi parte. “No, el problema es que las mujeres te hacen madurar, sin mujeres no se puede crecer”.

 

Para concluir, entonces, podría pensarse que muchas de estas cuestiones se explican por el modo en que el neoliberalismo ha permeado en la sociedad; es decir, por la búsqueda continua de placer y de experiencias, etc., pero ¿qué no se puede explicar por el capitalismo “salvaje”? En efecto, hoy somos todos un poco niños, en la medida en que todos somos consumidores, porque el modelo del consumidor en la sociedad actual es el niño; pero también, de vez en cuando, se hace oír el llamado de un deseo por trascender. Y pensar que la culpa es del mundo en que vivimos, como si alguna vez hubiera sido mejor (o podría serlo mañana), es una idealización más al servicio de la postergación, uno de esos motivos que siempre vienen a justificar la cobardía para actuar.


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