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Lunes 20.11.2017 - Última actualización - 9:04
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Entrevista con Mons. José María Arancedo

"La deuda social en la Argentina es enorme"

Dice que la pobreza sigue siendo un tema muy serio, que la justicia independiente es la mejor garantía, que el momento actual es difícil y demanda trabajar en conjunto, y que hay un mayor diálogo a nivel institucional. La marca siempre presente de la inundación de 2003 y una pregunta recurrente: ¿viene Francisco?

 

Foto: Mauricio Garín




Entrevista con Mons. José María Arancedo "La deuda social en la Argentina es enorme" Dice que la pobreza sigue siendo un tema muy serio, que la justicia independiente es la mejor garantía, que el momento actual es difícil y demanda trabajar en conjunto, y que hay un mayor diálogo a nivel institucional. La marca siempre presente de la inundación de 2003 y una pregunta recurrente: ¿viene Francisco?   Dice que la pobreza sigue siendo un tema muy serio, que la justicia independiente es la mejor garantía, que el momento actual es difícil y demanda trabajar en conjunto, y que hay un mayor diálogo a nivel institucional. La marca siempre presente de la inundación de 2003 y una pregunta recurrente: ¿viene Francisco?  

Textos: Nancy Balza

Video: Astrid Galetti 

 

José María Arancedo va a cumplir en diciembre 50 años como sacerdote y es muy probable que Santa Fe sea testigo del acontecimiento. ¿Por qué podría haber dudas? Porque hace dos años que cumplió los 75, es decir la edad en la que el Código de Derecho Canónico establece que un obispo debe renunciar. “Pero el Papa Francisco me pidió que continuara al frente del Arzobispado hasta concluir el período como presidente de la Conferencia Episcopal Argentina y ese plazo se venció. Ahora soy solamente arzobispo de Santa Fe”.


De manera que su permanencia en Santa Fe puede ser, como él mismo dice, hasta “el mes que viene, dentro de dos meses o cinco”. En este último caso, también podría celebrar aquí los 15 años desde que se hizo cargo de la arquidiócesis, el 30 de marzo de 2003, después de una grave crisis que terminó con la renuncia de su antecesor, Edgardo Storni (denunciado por presuntos abusos sexuales en perjuicio de seminaristas), y pocos días antes de la peor tragedia hídrica que recuerde la ciudad.


De la pobreza como prioridad, de la Justicia como el tema más importante en el plano humano, de los dos períodos al frente de la Conferencia Episcopal Argentina y de una de sus pasiones, el fútbol, dialogó con El Litoral quien, en todos estos años, sumó kilometros para recorrer cada una de las localidades de la arquidiócesis.


- ¿Terminaría el año acá?


- Pienso que si.


- ¿Y después?


- No se, no puedo poner fecha porque el Papa lo hace cuando ya tiene elegido el candidato. No se si está elegido; se hacen consultas y yo no participo en eso.

 

 

 


- ¿Qué se imagina haciendo cuando se vaya del Arzobispado?


- Yo sigo siendo sacerdote. Voy a volver a lo de siempre, a lo que empecé cuando empecé hace ya 50 años: ejercer el ministerio sacerdotal, atender enfermos, confesar. El episcopado llegó en un momento de mi vida pero hay muchos sacerdotes virtuosos, buenos, que no son obispos. Pienso que iré a Buenos Aires, pero tarea tengo, seguro. Si veo a un cura y le digo, “te quiero ayudar”, me va a decir, “venga Monseñor, tengo tantas misas, tantas confesiones, tantos geriátricos...”. Yo nací en Buenos Aires y viví en Temperley. A Mar del Plata fui como obispo, como vine acá. No tengo resuelto qué voy a hacer, a la edad de uno ya se tiene que aceptar que no se puede planificar mucho; pero por ahora estoy bien.


- ¿Qué balance hace de su paso al frente de la Conferencia Episcopal Argentina por dos períodos?


- Les decía a los obispos cuando celebraba misa, que agradecía a Dios en primer lugar, pero también a ellos por la compañía, la colaboración, la caridad con la cual han trabajado. Fueron seis años con dos gobiernos distintos: primero con Cristina Fernández y luego con Mauricio Macri. Pero la Iglesia mantiene siempre el camino pastoral de autonomía y también de colaboración con el poder de turno. Con mucha libertad pienso haber actuado tanto en el gobierno anterior como en éste, llevando adelante las opciones de la Iglesia a nivel principalmente espiritual, pero también en aquellos temas que son la resonancia temporal del evangelio. Así, sacamos un documento importante sobre las adicciones, nos pronunciamos sobre el tema de la trata, y también sobre la pobreza. En esas cuestiones la Iglesia es muy sensible y tiene que estar cerca y ser, muchas veces, voz de las necesidades que tiene el que no tiene nada.


También se trabajó en los archivos de la CEA que corresponden al período de la dictadura, se pudo digitalizar todo y se pueden consultar, siguiendo un protocolo, por aquellos familiares que tengan deseos de hacerlo. Todas son cosas muy valiosas, sobre todo la presencia de la Iglesia en los momentos en que le ha tocado actuar, no fáciles del país, con autonomía pero también con cercanía en lo que hace a la pobreza, a la drogadicción, a los derechos humanos y también la tarea, sobre todo interna, como la catequesis. Viene un nuevo período que tendrá, dentro de la continuidad, un acento propio. Hay una gran cercanía con Francisco, siempre ha tenido gestos de cercanía, teniendo él también el tema de cuándo viene.

 

 


- Esa es la pregunta, ¿cuándo viene Francisco?


- Se lo he dicho muchas veces en un tono coloquial: “te estamos esperando”. y él se siente cerca, pero hay un momento en que uno respeta su agenda y su decisión.


- ¿Es un tema de agenda o de momento político?


- Creo que es todo, en esas cosas entrar en el corazón de una persona es difícil. Es un momento de agenda, que él tiene muy armada con problemas muy serios en todo el mundo. Puede ser algo respecto a nosotros, al país, que prefiera esperar un poco más. Pero lo que quiero marcar muy claro es que él está afectivamente muy cerca de la Argentina, se siente argentino. Cuando hablamos parece casi un porteño más.


- ¿Y usted cómo ve el momento político actual?


- Creo que es un momento difícil pero con esperanza, en eso tengo que ser sincero. Creo que tiene que trabajar mucho lo institucional: los legisladores, el Poder Judicial, los gremios. Es un momento en que Argentina está llamada a encontrarse para pensar el futuro en conjunto, sin que eso signifique una unidad política monolítica. Hay diversidad e, incluso, el mismo gobierno no tiene mayoría parlamentaria. La pobreza sigue siendo un tema muy serio que debe preocupar mucho porque la deuda social lo es. La Universidad Católica siempre ha tenido informes muy claros; la deuda social en la Argentina es enorme, una deuda que nos tendría que avergonzar. Tenemos que mirar al futuro con esperanza, pero también saber que el futuro pertenece a todos y que es importante que se encuentren todos desde la diversidad, no pretender hegemonías. Y todos tienen que saber negociar y ceder, sobre todo aquellos que más pueden. El que más tiene, tiene que ser mucho más generoso de lo que es. A veces en Argentina pedimos que vengan de afuera, pero los que están adentro no ponen lo que pueden. Entonces, repito: es un momento difícil pero con esperanza, aunque ésta no es esperar a que las cosas cambien: es comprometerse en el presente para cambiar las cosas. Y ese compromiso tiene que ser de todos, utilizando los cauces institucionales. Acá tienen una gran tarea la parte legislativa, el Poder Judicial, el Ejecutivo y las diversas instancias corporativas, desde la CGT hasta los empresarios. La que tiene que salir adelante es la Argentina.

 

 


- Se lo pregunté en otra ocasión y se lo vuelvo a preguntar ahora. En los temas en que se estuvo trabajando durante estos años, como pobreza, narcotráfico, trata, ¿es una voz escuchada la Iglesia?


- Creo que si; la Iglesia tiene un poder moral pero no un poder político en el sentido de que no tiene legisladores ni un ejército: tiene una palabra y siempre ha hablado. Cuando salió el tema del narcotráfico nos dijeron: “son los primeros que hablan con esta claridad”. Cuando se hacía denuncia de que esto no podía existir sin una cierta complacencia del poder político y económico del país; eso tocó mucho. Pero si, la Iglesia va a hablar siempre, lo importante es que haya gente que la escuche.


- Como dijo, usted estuvo al frente de la CEA durante seis años entre dos gobiernos, ¿qué cambios observa?


- Hay un diálogo mayor a nivel de presidencia, un respeto a los partidos y sus gobernadores. Me gusta mucho cuando veo que los gobernadores se reúnen, eso es importante. Un país federal tiene que tener una gran impronta de la presencia de los gobernadores en el país. Verlos reunidos es un signo positivo de federalismo, y también que participe el Poder Legislativo. Son signos institucionales positivos.


En cuanto a la Justicia, uno se alegra de que actúe, pero muchas veces ha habido atrasos y aceleraciones. Esas cosas no deben suceder. La justicia tiene que tener una autonomía, más allá de los partidos políticos de turno. El país necesita justicia porque es la que mantiene la ejemplaridad donde aquel que ha actuado mal paga las consecuencias. Pero tiene que ser una justicia independiente, no apresurada ni retardada, ni tampoco de revancha. La Justicia no puede ser revanchista. En el plano humano lo más importante es una justicia independiente, que tenga sus tiempos. No hay que pretender que se apresure porque son necesarios los tiempos de la justicia, que pueden parecer lentos. Vivir en un país donde hay justicia le va a dar muchas garantías a todos: al empresario, al político, al ama de casa.

 

 

 

Una página escrita en Santa Fe 


- A Santa Fe llegó también en un momento muy complejo y de cambios.


- Fue un momento difícil, pero tengo que agradecer. Las cosas se fueron superando, la Iglesia siguió trabajando y creciendo, conciente de que se han vivido enfrentamientos. La Iglesia se define por una raíz muy sólida en el evangelio pero también por una dinámica muy fuerte de esperanza hacia el futuro. Sobre las heridas que puede haber, hay que asumirlas y seguir trabajando. Son 15 años que voy a cumplir (al frente del Arzobispado), me voy tranquilo en el sentido de haber hecho todo; sé que no todo lo he hecho bien, sería muy pretencioso creer que soy el gran arzobispo. Soy una persona que ha venido a servir en un momento de la historia de la Iglesia y con el tiempo seré otra página de un libro grande, la página de Arancedo, como hubo otras páginas.


También me tocó cuando llegué un tema que fue muy duro como la inundación. Yo no conocía la ciudad y un día me fui a caminar y vi gente con bolsas, colchones... Cuando me enteré de todo pedí a los colegios católicos que abrieran sus puertas para recibir a los inundados. También hubo gente del Arzobispado que no pudo volver a sus barrios, tapados por el agua. Así que quedaron en casa... tres meses. Gente que venía con sus esposos, sus hijos y nietos. Durante varios meses hubo una mesa grande para comer, porque dábamos una mano en lo que se podía hacer.


Aquello fue duro, con muchas heridas. Agradezco a los sacerdotes que estaban en ese momento en el oeste y en el resto de la zona inundada porque estuvieron muy cerca de la gente, acompañando. A partir de ahí tratamos de reconstruir salones, capillas, centros de Cáritas para tratar de fortalecer incluso con más sacerdotes la zona oeste que estaba más castigada.


- Este también es un tema en el que la Justicia es importante para cerrar heridas. 


- No hay otra alternativa: una sociedad que no apueste a una justicia independiente, sana, superior. La calificación de una sociedad es ver cómo está la justicia. Es un poder, como también lo es el legislativo y el ejecutivo, pero la justicia tiene una tarea muy grande.

 

 

 

La crisis moral


-¿Cómo se combate la corrupción?, preguntó nuestro reportero gráfico Mauricio Garín.


- La corrupción está muchas veces anidada en el corazón, otras veces sostenida, otras veces alentada y hay que trabajar contra eso. Por eso digo que en el fondo la crisis es moral, es una vida que no se vive vinculada con valores. El gran drama de la droga es que compra todo, donde llega compra todo. Tiene plata y muerte, entonces la gente no quiere denunciar. Por eso una justicia independiente es una gran garantía. Mucha gente en los barrios nuestros decía que sabían que en tal o tal lugar (se vendía) y no denunciaban por temor.
Por eso digo que el tema moral es para todos, si se separa la política del mundo de la ética, la justicia, o la vida del hombre, la corrupción se mete por todos lados, hasta en lo íntimo de una familia.

 

Fuera de agenda


“Pensé que me iba a preguntar si era de Colón o de Unión. Soy de Racing”, se apuró a aclarar un distendido José María Arancedo, en el último tramo de la charla con el equipo de El Litoral.


- ¿Qué costumbre santafesina adoptó en estos años?


- Yo caí muy bien Me acuerdo que cuando vine me dijeron “(acá hay) pescado de río y usted viene del pescado de mar”. Pero me acostumbré al pescado de río.


- ¿Alguna vez fue a una cancha de fútbol?


- Una vez, pero he tratado de no ir, a veces por los horarios. Con Racing me acuerdo de cuando salió campeón (local) en el ‘66. Ahí lo vi. Estaba Coco Basile, un día nos encontramos y le dije: “Estuve en el partido que ustedes ganaron en la cancha de Racing”, y Coco me dijo los goles y todos los detalles. Y me acuerdo que me contó: “Yo nací un 1° de noviembre, me llamo Alfio Santos Basile”. “Santos no sé si sos tanto..”, le contesté (risas). Era diácono en ese entonces, en el ‘66, me ordené en el ‘67 y este año cumplo 50 años de sacerdote. Fui a la cancha en Avellaneda, pero no a Montevideo cuando el “Chango” Cárdenas hizo el gol famoso.


- Habría que contar el kilometraje que le hizo al auto desde que llegó a Santa Fe.


- He andado mucho, traté de estar en las parroquias del interior, acompañando a las comunidades, a los sacerdotes, conociendo. Son varios miles de kilómetros. Los santafesinos han sido muy generosos conmigo, muy buenos. tienen el orgullo -sano- federal, que tal vez en Buenos Aires no se vive tanto. Acá hay conciencia de un federalismo que tal vez el porteño no siempre lo tiene muy en cuenta. (Para ellos) Buenos Aires es la Argentina.


- ¿Y la cumbia santafesina?


- Yo soy un poco fiel al tango.

 
 

“El que más tiene, tiene que ser mucho más generoso de lo que es. A veces en Argentina pedimos que vengan de afuera, pero los que están adentro no ponen lo que pueden”.

“La esperanza no es esperar a que las cosas cambien: es comprometerse en el presente para cambiar las cosas. Y ese compromiso tiene que ser de todos, utilizando los cauces institucionales”.

“El país necesita justicia porque es la que mantiene la ejemplaridad donde aquel que ha actuado mal paga las consecuencias”.

“Son 15 años que voy a cumplir (al frente del Arzobispado), me voy tranquilo en el sentido de haber hecho todo; sé que no todo lo he hecho bien, sería muy pretencioso creer que soy el gran arzobispo”.

 


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