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Miércoles 06.12.2017 | Última actualización | 9:32
9:31

Mirada desde el sur (por Raúl E. Acosta)

Ya no sos mi Margarita...

La liberación femenina, la igualdad de los sexos, la posibilidad infinita que nadie puede cercenar, han tenido, en este noviembre de 2017, un salto cualitativo que pone al tango, a todo el tango en estado de indefensión y naftalina.


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Mirada desde el sur (por Raúl E. Acosta) Ya no sos mi Margarita... La liberación femenina, la igualdad de los sexos, la posibilidad infinita que nadie puede cercenar, han tenido, en este noviembre de 2017, un salto cualitativo que pone al tango, a todo el tango en estado de indefensión y naftalina. La liberación femenina, la igualdad de los sexos, la posibilidad infinita que nadie puede cercenar, han tenido, en este noviembre de 2017, un salto cualitativo que pone al tango, a todo el tango en estado de indefensión y naftalina.

Raúl Emilio Acosta

 

En el año 1919 (cuando se vote en el 2019, habrá transcurrido un siglo) uno de los más insignes poetas del tango: Celedonio Esteban Flores, “El negro Cele” terminaba de acomodar la última estrofa, sobre la que se dice que discutieron (la mención a la viejita volvía triste un tango de odios, dicen que fue la diferencia) y Gardel / Razzano estrenaban este tango. Se ruega lectura completa de la poesía. Se insiste: 1919. El uso de la barra separadora es para indicar cada verso.

 

“Se te embroca desde lejos, pelandruna abacanada,/ que has nacido en la miseria de un convento de arrabal.../ Porque hay algo que te vende, yo no sé si es la mirada, / la manera de sentarte, de mirar, de estar parada/ o ese cuerpo acostumbrado a las pilchas de percal./ Ese cuerpo que hoy te marca los compases tentadores /del canyengue de algún tango en los brazos de algún gil,/ mientras triunfa tu silueta y tu traje de colores,/ entre el humo de los puros y el champán de Armenonville./
Son macanas, no fue un guapo haragán ni prepotente/ ni un cafisho de averías el que al vicio te largó.../ Vos rodaste por tu culpa y no fue inocentemente.../ ¡berretines de bacana que tenías en la mente/ desde el día que un magnate cajetilla te afiló!

 

Yo recuerdo, no tenías casi nada que ponerte,/ hoy usás ajuar de seda con rositas rococó,/ ¡me revienta tu presencia... pagaría por no verte... / si hasta el nombre te han cambiado como has cambiado de suerte:/ ya no sos mi Margarita, ahora te llaman Margot!

 

Ahora vas con los otarios a pasarla de bacana/ a un lujoso reservado del Petit o del Julien,/ y tu vieja, ¡pobre vieja! lava toda la semana/ pa’ poder parar la olla, con pobreza franciscana,/ en el triste conventillo alumbrado a kerosén.”

 

Esta mención de la madre y la pobreza (típica en Celedonio Flores) desviaba el sujeto: una mujer pecadora que lo despreció. Nada que decir más allá del texto. Gardel tenía razón, el sujeto era esa tal Margot. Que su madre fuese pobre y lavase ropa de otros para ganar su sustento ni le quitaba ni le ponía. Ganó Celedonio.

 

La descripción sobre la pretendida riqueza, fineza, la “otra vida”, nos lleva a los supuestos que los tangueros imaginaban sobre la clase alta y su costado pecaminoso en el que, se describe claramente, usan a las Margaritas.

 

Argentina tenía un PBI fenomenal. La salida de la guerra 14-18 ponía a las naciones en estado “comprador” de materias primas, que era lo que vendíamos (y vendemos). Y hacía poco que el voto era secreto y obligatorio, además de universal... para la mitad del universo. Estábamos arrancando con la Ley Sáenz Peña. La democracia argentina era una ilusión óptica, un espejismo, una lejanía. Uno cree en las lejanías. Muchos creían. A la realidad la describía el tango.

 

Cuando en 2019 se vote para intendentes, diputados, gobernadores y presidente habrá pasado un siglo desde aquel tango. Lo que verdaderamente asombra es que muchos, sin exagerar, muchos todavía creen que está mal que Margarita pida que la llamen Margot.

 

La liberación femenina, la igualdad de los sexos, la posibilidad infinita que nadie puede cercenar, han tenido, en este noviembre de 2017, un salto cualitativo que pone al tango, a todo el tango en estado de indefensión y naftalina.

 

Es la gente del PRO Cambiemos la que facilitó la discusión sobre tablas (fuera del orden del día, con mayoría especial) y Diputados de la Nación completó la sanción que ya venía del Senado. Es la extrema izquierda legislativa la que se negó.

 

Perdón: ¿sabe de que estamos hablando? El 50% de los cargos electivos deberán ocuparlo mujeres. Al menos el 50%. En los partidos políticos. En los gremios. En la Corte Suprema. Es ley. Sólo un veto presidencial puede frenarla. No parece posible.

 

Galdeano, Olivera, Bonfatti, en la provincia de Santa Fe y Corral, Durán Barba, la Carrió (no estuvo, no la votó), hasta los Moyano duros y los Moyano mantequitas, deberán aceptarlo si cualquier Margarita se rechifla y dice: señor juez, que se cumpla la ley.

 

Hasta CFK, que nada hizo por este tema durante los doce años de su reinado, deberá usar su índice a la mitad. Más claro, el dedo con el que se arman las listas internas no será el mismo. Se podrá usar el artilugio de los parientes, pero no siempre y no con el mismo resultado en todos los casos. Más, pero más claro: “las mesas chicas” de cuatro braguetudos encerrados en la piecita del fondo decidiendo por el 52% del padrón, el padrón femenino, tiende a desaparecer, como los dinosaurios de los que hablaba Charlie.

 

Vamos a los bifes

 

En Google se lee: “La Ley 24.012 de cupo femenino busca aumentar la representación de las mujeres en la política, a través de cuotas de mínima participación en las listas de candidatos que presentan los partidos en las elecciones. Establece que al menos un 30% de la lista debe estar ocupada por mujeres y numerosas reglas de los lugares que deben ser ocupados por ellas.

 

La ley fue sancionada el 6 de noviembre de 1991, durante la presidencia de Carlos Menem, y fue la primera ley de cupo sancionada en América Latina. Luego, otros once países latinoamericanos introdujeron leyes similares. En la Argentina, fue aplicada originalmente en la Cámara de Diputados de la Nación y luego extendida al Senado de la Nación cuando en 1995 éste cambió su modo de elección, pasando de senadores elegidos por las Legislaturas a elegidos directamente en elecciones...”
Por si hiciese falta una argumentación más pesada, para colocar la lápida, el mismísimo Google informa: “La ley de cupo tuvo un gran impacto. La Cámara de Diputados contó con 64 diputadas en 1995, 76 en 2001, y 93 en 2005. Los porcentajes respectivos eran 24,9%, 30% y 36,2% del total de diputados. En cuánto al Senado, éste aumentó el número de senadoras, que pasó del 2,8% en 1995 al 33,3% en 2001. En 2007, el 33% de los diputados y el 24% de los senadores en el Congreso de la Nación eran mujeres y en 2011 el 38% en ambas cámaras, con un 42% de las comisiones de la Cámara de Diputados y un 32% de las del Senado presididas por una mujer”.

 

Las sociedades y lo dicho, sus expresiones orgánicas como partidos políticos (qué lío con los Frentes electorales) y organizaciones gremiales (las comisiones de los sindicatos, juá, juá) tienen un tiempo para olvidar a Celedonio Esteban Flores (el mismo del tango “Mano a Mano”... nada debo agradecerte, mano a mano hemos quedado...)

 

Y, si de olvidos se trata, algo deberían hacer con este muchacho y este texto suyo: “Si te agarro con otro te mato, te doy una paliza y después me escapo/ dicen que yo soy violento pero no te olvides que yo no soy lento/ dicen que yo soy celoso pero no te olvides que yo fui tramposo”. La violencia de género deja en delito flagrante a Cacho Castaña.

 

Algunos pocos vieron venir la ola: “No habléis demasiado pronto pues la ruleta todavía está girando y no ha nombrado quién es el elegido porque el perdedor ahora será el ganador más tarde porque los tiempos están cambiando...”. 1960. Dylan tenía razón.

 


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