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Jueves 07.12.2017 | Última actualización | 18:30
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Mostaza Merlo, a tres años del ascenso de Colón...

"¡Cuántos temores había ese día ante Boca Unidos!"

“Alario estaba lesionado y le dije al médico que lo esperaba hasta el momento del pitazo inicial del árbitro para ponerlo. ¡Yo le dije que tenía que patear ese penal!”, dijo el técnico que devolvió al club a Primera.

Mostaza Merlo camina hacia el banco, la tarde del 7 de diciembre de 2014, cuando el 3 a 0 con Boca Unidos selló el ascenso sabalero. Foto: Pablo Aguirre.


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Mostaza Merlo, a tres años del ascenso de Colón... "¡Cuántos temores había ese día ante Boca Unidos!" “Alario estaba lesionado y le dije al médico que lo esperaba hasta el momento del pitazo inicial del árbitro para ponerlo. ¡Yo le dije que tenía que patear ese penal!”, dijo el técnico que devolvió al club a Primera.

Enrique Cruz (h) | deportes@ellitoral.com

 

Pasaron tres años y la gente no se olvida. Serán de esos partidos que se inmortalizará, momentos únicos que convierten a los recuerdos en imborrables. Colón le ganaba a Boca Unidos de Corrientes y volvía a Primera apenas seis meses después del descenso. Los miedos y ansiedades dejaban lugar a esa emoción que hacía romper en llanto de alegría y desahogo a los sabaleros. En esa historia había un hombre curtido por las grandes luchas futboleras, que había asumido sin dudar la responsabilidad de hacerse cargo de un equipo a sólo cuatro partidos del final. Ese hombre fue Mostaza Merlo, aquél “5” de cabellera rubia que se paraba como un caudillo delante de la línea de cuatro en ese River inolvidable de Angel Labruna, junto a Jota Jota López y el Beto Alonso, para formar uno de los mejores mediocampos de la historia del fútbol argentino. Y a tres años, Mostaza recuerda cada minuto de esa tarde inolvidable del ascenso.

 


—Mostaza, cuando terminó el primer tiempo, Colón estaba sexto y se quedaba afuera, ¿a quién se le ocurrió darle de patear el penal a Alario?

 


—¡A mí!... Te cuento la historia: Alario jugó cinco minutos conmigo con San Martín de San Juan y se lesionó. Tres días antes del partido con Boca Unidos, le pregunté al médico cómo estaba. Y me dijo: ¿hasta cuándo lo esperás?, y yo le contesté: ¡Hasta el pitazo inicial del árbitro lo espero!... El viernes ensayamos penales y pelota quieta. Yo lo designé para patear penales.

 


—¿Cómo fueron esos días previos?

 


—Tremendos... Había muchos temores, muchísimos... Mirá, Colón tenía un masajista de muchísimos años en el club. Un par de días antes me pregunta: “Mostaza, ¿cómo estamos?”. Y yo le dije que bien, que íbamos a ganar. ¡Y el tipo me hizo una cara!... ¿Qué te pasa”, le pregunté... “Mostaza, Colón siempre pierde estos partidos, siempre se cae en las finales, nunca gana el partido que hay que ganar, es tan viejo como Colón mismo”, me dice el tipo... Hasta el mismo día del partido me preguntaba con mucho de desconfianza... Entonces le dije: “Escuchame una cosita, quedáte tranquilo, yo no perdí ninguna final y mirá la cara de los muchachos, mirá como están, fijáte en ellos. Mirálos. Están bien. Hoy ganamos”.

 


—Y del partido, ¿qué te acordás?

 


—¡Lo que era esa cancha!... Inolvidable... Y después, el final del primer tiempo, cuando estábamos sextos y nos quedábamos afuera. Y el final del partido fue una cosa de locos, ver a esa gente festejar como lo hizo, me emocionó muchísimo.

 


—¿Y el vestuario?

 


—Tremendo... Me fui a la utilería y desde ahí veía la algarabía. Yo me emocioné mucho y lo festejé como cualquier colonista. Me acuerdo mucho de Sergio Villanueva, porque él me llamó y me dijo las cosas como son. “Mostaza, ¿estarías dispuesto a venir por cuatro partidos?, pero mirá que estamos hablando con otros técnicos”, me dijo de frente. Eran las 4 y pico de la tarde y a la noche me llamó para decirme que todos los demás se habían bajado. Lo único que les dije fue que me saquen el pasaje y me voy a Santa Fe. Llegué un jueves, entrenamos viernes y sábado y viajamos el domingo a San Juan para jugar con San Martín. Lo puse a Conti, que no estaba jugando, y hoy lo veo jugar y me pone muy alegre porque es un pibe bárbaro.

 


—Y después dirigiste un partido en Primera y te dijeron que te vayas. ¿Algún resabio de aquello?

 


—No... Ya está, ya pasó, ya percibió... Yo actué de buena fe y me quedé en Colón porque Colón es un grande. Me di cuenta enseguida de cómo venía la mano... Lo que me molesta es que se dijeron cosas que no eran ciertas. Pero cumplí con la gente que debía cumplir, con Sergio Villanueva, con algún dirigente más que confió en mí y sobre todo con la gente de Colón. Mirá... Yo apunté a buenos jugadores. Lo llevé a Ledesma y a Clemente Rodríguez y aposté por Guanca y Braian Romero, que venían de otra categoría pero a los que le veía gran futuro. No me equivoqué. Hay tres que están y el otro triunfa en Argentinos.

 


—Entonces, ¿te fuiste sin una espina clavada o algo por resolver con Colón?

 


—Es difícil hablar porque ya pasó y yo soy así, no quiero hablar de nadie. Me quedo con lo lindo, con esos cuatro partidos del ascenso que fue para lo que me llevaron en ese momento y con ese día del partido con Boca Unidos, que fue inolvidable para mí. Y mirá que era difícil... ¡Qué presión que había en ese club!... Pero los muchachos lo soportaron bien, incluso cuando llegamos al vestuario en el entretiempo y estábamos sextos. Ya está, ya prescribió. Me quedo con lo lindo de ese día, hace tres años.

 

 

 

 


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