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El Litoral
Lunes 11.12.2017
8:40

RODRIGO MORENO, CINEASTA

"Al cine argentino le falta ser un poco más salvaje"

el director de “el custodio” participó en el Encuentro de Cine Documental de Santa Fe para presentar su nuevo trabajo, “una ciudad de provincia”, que se rodó en Entre Ríos. Destacó la variedad del cine nacional, pero señaló que “le falta un poco más de riesgo y menos especulación con los festivales”. 

 

Rodrigo Moreno es cineasta, guionista, docente y escribe en la Revista de Cine que dirige Rafael Filippelli. Foto: Archivo El Litoral / DPA




RODRIGO MORENO, CINEASTA "Al cine argentino le falta ser un poco más salvaje" el director de “el custodio” participó en el Encuentro de Cine Documental de Santa Fe para presentar su nuevo trabajo, “una ciudad de provincia”, que se rodó en Entre Ríos. Destacó la variedad del cine nacional, pero señaló que “le falta un poco más de riesgo y menos especulación con los festivales”.    el director de “el custodio” participó en el Encuentro de Cine Documental de Santa Fe para presentar su nuevo trabajo, “una ciudad de provincia”, que se rodó en Entre Ríos. Destacó la variedad del cine nacional, pero señaló que “le falta un poco más de riesgo y menos especulación con los festivales”.   

 

Juan Ignacio Novak
jnovak@ellitoral.com

 

El cine atraviesa la vida entera de Rodrigo Moreno. Además de filmar, enseña cine y escribe sobre cine. Dirigió “el custodio” (2006), protagonizada por Julio Chávez, “Un mundo misterioso” (2011) y “Réimon” (2014), curioso film centrado en la problemática del trabajo que alude constantemente a “el capital” de Karl Marx mientras narra la vida cotidiana una empleada doméstica. Su último trabajo es “una ciudad de provincia”, documental rodado en la ciudad de Colón, Entre Ríos, y que fue presentado recientemente en Santa Fe en el Encuentro de Cine Documental organizado por el Taller de Cine de la Universidad Nacional del Litoral. Durante el desarrollo de esta actividad, que lo tuvo como participante en una mesa de discusión, dialogó con el Litoral, expuso detalles de su última película y desplegó su mirada sobre el cine argentino. 

 

—¿Por qué elegiste hacer una película sobre la ciudad de Colón y por qué optaste por el formato documental?

 

—El primer deseo fue filmar una película que retratara mis impresiones de Colón, una ciudad a la que yo iba especialmente a trabajar a un taller de cine. Muchas veces me pasa en los viajes que digo: qué bueno filmar esto, qué bueno que esto sea parte de una película. y pienso en cómo llevar adelante ese deseo y convertirlo en película. el formato documental fue parte de ese impulso. 

 

—En una entrevista planteaste que el guión que desarrollaste para la película fue una “descripción imaginaria de lo que podía pasar una vez instalado en Colón” ¿Se dio el correlato entre lo que plasmaste en papel y lo que pasó al filmar?

 

—Por suerte no. por suerte, la realidad me llevó por delante. de cualquier manera “me llevó por delante” es una forma de decir, porque al mismo tiempo yo tenía una idea de cómo quería filmar esos imponderables o imprevistos que se presentaran ante mí. Tenía una idea cinematográfica, si se quiere, de cómo mirar eso. de cualquier manera, nada de lo que fue escrito fue llevado finalmente a la pantalla, salvo alguna idea que lógicamente fue rápidamente superada por la propia realidad. Como filmar a los perros, un comercio, a las chicas charlando en moto. Había como una serie de escenas que yo fui a buscar, después lo que pasara era parte del hecho documental. 

 

—Todo eso lo habías visto antes y querías capturar.

 

—Algunas cosas las había visto, otras las había imaginado y otras sucedieron mientras estábamos ahí. una cosa que me resultó muy útil es que fue un rodaje que se fue haciendo sobre la marcha. de repente, hacía algún viaje solo y registraba algunas cosas con la cámara. Después volvía. Al año siguiente volvía dos días, filmaba un poco más. Nada de todo ese material primigenio quedó en la película, pero fue el modo de ir descubriendo algo. Un trabajo medio de campo, casi como una preproducción, simplemente que yo estaba filmando. y después, una vez que se consagró la idea del rodaje y fuimos dos o tres personas, algunas cosas que fui a buscar ya las había encontrado en esos viajes previos. por ejemplo, el bar de los tipos que juegan a las cartas era un lugar al que empecé a ir, sin cámara, para tomarme un Cinzano. y en un momento dije: Esto quiero filmarlo. Entonces, me empecé a familiarizar con el lugar y un día les propuse que quería filmar.

 

—¿Y hasta qué punto se manipula lo que puede llegar a pasar cuando se empieza a filmar?

 

—Era el miedo que yo tenía.

 

—Que los parroquianos hicieran algo distinto a lo habitual. 

 

—Exacto. Que es lo que suele pasar. Lo que suele pasar excepto en esta película (risas). de verdad. Colón tiene un contacto muy fuerte con el presente, porque es una ciudad turística y recibe un aluvión de gente en la temporada de verano o en Semana Santa. Entonces de repente explota. y después se contrae. y cuando se contrae es una ciudad de hace 60 años. Entonces creo que la gente vivía su realidad y no le importaba si yo estaba con la cámara o no. Con la cámara prendida o apagada, todo seguía igual.

 

—Una situación casi ideal para un documentalista.

 

—Depende lo que estés buscando como documentalista. Porque a veces el documentalista está buscando precisamente la reacción frente a la cámara. Yo al revés, lo que quería era una especie de actitud impresionista. Quería retratar este lugar. Quería que el espectador, en una especie de deseo idealista, pueda estar viviendo lo que yo estuve viviendo ahí. y reconstruirlo mediante el montaje. 

 

—¿Qué devoluciones tuviste de la película en las presentaciones que tuvo? 

 


—La película no se dio muchas veces. Se dio tres veces en el Bafici, una vez en Cosquín, una vez en Mendoza, dos en Viena, una en las Islas Canarias y una Santa Fe. Hasta el momento (2 de diciembre) venimos invictos en el sentido de que no ganamos ningún premio (risas). No, venimos invictos porque hasta ahora viene bien, la gente siempre se engancha. Obviamente, debe haber algunos que se pegan un embole bárbaro.

 

—¿Y ya te pasa en este momento de tu carrera que la gente va a ver una película tuya y espera algo, como un sello personal?

 

—No tengo idea de eso y no me corresponde a mí decirlo. Soy alguien que está en continuo movimiento entonces el tipo al que le gustó “el custodio” cuando ve “Un mundo misterioso” dice: “¿Dónde está ‘el custodio’ acá?”. y me lo reprocha. la verdad, no me pienso preocupar por eso. Eso queda en el espectador y está bien que sea así. Es parte de la relación que el espectador construye con el cine, no conmigo. Es un diálogo en el cual no puedo tener control. Es lo que es. 

 

—¿Qué mirada tenés del cine argentino actual?

 

—Me parece que es bueno, en general. Está lleno de películas malas, pero es bueno porque es muy variado. Esa heterogeneidad es positiva. No es un cine que, en general, se inscriba en un programa. Me acuerdo que había una pelea cuando, hace años, se hablaba del Nuevo Cine Argentino. Los cineastas decíamos: “Está bien que le digan Nuevo Cine Argentino, ahora, no hay un programa, nosotros no estamos respondiendo a un programa. Es una cuestión generacional”. Yo creo que en ese sentido es bueno el cine nacional porque es muy variado y en esa variedad tenés películas buenas de diferentes estilos. Después, me parece que al cine argentino le falta ser un poco más salvaje por momentos, a veces se lo ve demasiado ordenado. y también tengo la impresión de que es un cine donde la política siempre se inscribe mal. O bien por ausencia total o por una presencia ya hasta panfletaria, didáctica. También le falta un poco más de riesgo, menos especulación con los festivales. En líneas generales, veo un cine un poco adocenado. 

 


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