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Miércoles 13.12.2017 | Última actualización | 6:50
6:44

A dos meses del crimen de la maestra

La comunidad de Emilia pidió Justicia por Jésica

Con una importante concurrencia de público, su familia la recordó con una marcha alrededor de la plaza, sentidos discursos, suelta de globos y una misa. La semana pasada la Justicia secuestró un arma que podría ser la que utilizó su pareja para ultimarla.

Foto: Twitter Sadop


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A dos meses del crimen de la maestra La comunidad de Emilia pidió Justicia por Jésica Con una importante concurrencia de público, su familia la recordó con una marcha alrededor de la plaza, sentidos discursos, suelta de globos y una misa. La semana pasada la Justicia secuestró un arma que podría ser la que utilizó su pareja para ultimarla. Con una importante concurrencia de público, su familia la recordó con una marcha alrededor de la plaza, sentidos discursos, suelta de globos y una misa. La semana pasada la Justicia secuestró un arma que podría ser la que utilizó su pareja para ultimarla.

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“Todos conocían la clase de persona que era ella” la recuerda su abuela, Teresa Zeballos, que el sábado 9 de diciembre encabezó una marcha en Emilia, para pedir Justicia por Jésica Ronsoni, la maestra de 24 años asesinada de varios disparos por su novio, dos meses atrás, en uno de los accesos a la circunvalación Oeste, a la altura del country Los Molinos.


“Era una personita muy recta, ella era todo, no se merecía la muerte que tuvo”, continúa la mujer, como si tuviera la necesidad de aclarar la injusticia cometida con su nieta, a la que crió desde los tres años, junto con su hermano que es dos años menor. “La eduqué, la hice estudiar”, “a mí me partió el corazón”, explica Teresa poniendo en palabras su dolor de madre-abuela. “Acá todo el pueblo está indignado”, dijo.


Por eso el sábado pasado familiares, amigos y vecinos de Jésica se convocaron en la plaza de Emilia -70 km al norte de Santa Fe-, donde se la recordó con emotivas palabras a cargo de su abuela Teresa, su tía Patricia y una docente amiga de la familia. Marcharon desde el centro de la plaza, dieron un rodeo a la manzana verde y volvieron al centro para soltar un puñado de globos blancos en su homenaje. Después hubo una misa en su memoria en la parroquia de la Natividad. 


Si bien el agradecimiento de la familia fue para todos los que participaron, tanto la abuela como el padre de la víctima, Hugo Ronsoni, resaltaron el apoyo de la Comuna de Emilia y de los gremios Amsafé y Sadop que se encargaron de trasladar a las colegas de Jésica desde la capital provincial. “Con mucho dolor pedimos Justicia en nombre de Jésica y estuvimos acompañados por la mayoría del pueblo de Emilia”, dijo el papá, que resaltó la presencia de “madres y docentes compañeras de las escuelas donde trabajaba mi hija”.

 

Trágico final


Jésica y Fernando Oyola, también de 24, se conocieron hace tres años, de los cuales llevaban dos de convivencia, en un departamento interno de calle Riobamba al 7000, en el residencial barrio Guadalupe, donde también hacían de caseros de una propiedad mayor que da al frente.


Ella trabajaba a doble turno. De mañana daba clases en la escuela San Cayetano (Padre Monti) y por la tarde se dedicaba a sus alumnos de la escuela Beleno. Él en cambio, se desempeñaba como electricista, pero se presume que cuando ocurrió el crimen llevaba al menos un mes sin trabajo conocido.


El domingo 8 de octubre la pareja estuvo en la casa de un pariente de Oyola en la ciudad de Recreo, de donde partieron rumbo a Santa Fe pasadas las once de la noche, cuando el utilitario Chevrolet Corsa con una escalera en el techo fue tomado pro primera vez por las cámaras de seguridad, en el cruce de las rutas 11 y 70.


Versión falsa


Luego de un irracional derrotero (varias cámaras de videovigilancia lo tomaron llegando a Santa Fe y luego nuevamente hacia al norte), una hora más tarde se produjeron dos llamadas al 911 informando de la presencia de un vehículo con sus puertas abiertas en extrañas circunstancias en inmediaciones de la avenida Teniente Loza y la circunvalación Oeste, en una arteria secundaria.


A las 00.30 del lunes la policía encontró a Jésica ya sin vida sentada en el asiento del acompañante del utilitario. Oyola en cambio, parecía golpeado, como shockeado, y ofreció una versión que daba cuenta de que fueron abordados por un auto negro, con vidrios polarizados desde el cual ejecutaron a la joven y él se salvó de milagro.


La versión comenzó a desmontarse con las primeras evidencias y quedó al descubierto cuando al revisar las cámaras de seguridad de la zona se ve al utilitario bajar de la circunvalación, pero no existen rastros de los presuntos atacantes.


Dos días después del echo Oyola fue imputado por el fiscal de Homicidios, Andrés Marchi y finalmente el 16 de octubre el juez de la investigación penal preparatoria, Luis Octavio Silva, le dictó la prisión preventiva sin plazos en calidad de autor del delito de “homicidio doblemente calificado (por el empleo de arma de fuego y por el vínculo)”.

 

Apariencias


“Él parecía otra clase de persona”, cuenta Teresa al referirse a Oyola, el novio de su nieta. “No lo podíamos creer”, “ellos se mostraban muy bien” juntos. Es más, “sus amigas me dijeron que jamás vieron o escucharon algo como para sospechar”. En tanto su padre Hugo, aseguró que “para nosotros al principio era una cosa que no podíamos creer, pero con el transcurso de la investigación saltaron cosas a la luz que mi hija no nos contaba”, se lamentó.

 

Secuestraron un revólver que podría ser de Oyola

 

El sábado, pasado el mediodía, Ángel D. fue imputado por los delitos de “encubrimiento agravado” y “tenencia de arma de fuego”, por el hallazgo de un revólver calibre 32, en las inmediaciones y al día siguiente del crimen de la joven Jésica Ronsoni. El hombre, un carrero del barrio La Tablada, fue detenido la semana pasada cuando vecinos alertaron a la policía que el arma con el que mataron a la maestra estaba en su poder.


El día que le allanaron su casa, donde cria chanchos y gallinas, el hombre no hizo más que entregar el revólver, que según dijo vio brillar a lo lejos y bajó a buscarlo en una colectora a la circunvalación. Según su versión, lo tiró arriba del carro, lo envolvió con un trapo y lo escondió arriba de un árbol “sin saber que el arma tenía vínculo con el hecho”, dijo una fuente del caso.


Durante la audiencia, en la que estuvo asistido por los abogados del Servicio Público de la Defensa, Gustavo Durando y Javier Casco, el carrero recuperó la libertad con medidas alternativas. 


En tanto, el abogado Néstor Oroño, que representa a la familia de la víctima como querellante, adelantó que todavía “no se sabe si fue el arma que utilizó” Fernando Oyola para matar a su novia. Aunque afirmó que “por la prueba que hay se puede decir que es cierto que esa arma era de Oyola”.


Además, desconfió de la declaración del carrero, quien “no fue ni preciso, ni certero” en sus dichos. “Dijo que al otro día del hecho iba en su carro y observó algo que brillaba al costado de la colectora y que bajó, vio que era un arma se la llevó a su casa donde la tuvo guardada. Me parece que está mintiendo en cuanto a las circunstancias”, afirmó el querellante.


Un último dato no menor surge del peritaje del teléfono celular marca Samsung que le secuestraron a Oyola. Allí aparecen fotos en la que se lo ve manipulando dos armas de fuego en distintos momentos y circunstancias. Una de las armas exhibidas en el celular es idéntica a la que halló el carrero y ahora está siendo peritada.


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