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El Litoral
Sábado 06.01.2018
12:37

Ángeles Deló

Los sueños del camino cantor

La sanjustina será parte de la apertura del 34º Festival Folclórico Provincial del Pescador, en su tercera presentación consecutiva en el encuentro sauceño. El Litoral habló con ella para adentrarse en su presente y futuro.

“Soy yo abajo y soy yo arriba, cuando puedo compartir mi canto y mi voz me siento feliz”, afirma Ángeles. Foto: Gentileza producción




Ángeles Deló Los sueños del camino cantor La sanjustina será parte de la apertura del 34º Festival Folclórico Provincial del Pescador, en su tercera presentación consecutiva en el encuentro sauceño. El Litoral habló con ella para adentrarse en su presente y futuro. La sanjustina será parte de la apertura del 34º Festival Folclórico Provincial del Pescador, en su tercera presentación consecutiva en el encuentro sauceño. El Litoral habló con ella para adentrarse en su presente y futuro.

Ignacio Andrés Amarillo

iamarillo@ellitoral.com

 

La primera noche del Festival Folclórico Provincial del Pescador tendrá entre varios números de renombre nacional (Los Nocheros, Guitarreros y Los Huayra, entre otros) su sabor local. Y parte de esa identidad estará encarnada por Ángeles Deló, “la Chinita” sanjustina de sonrisa fácil que viene presentando las canciones de “Mi paso por el Litoral”, el disco con el que viene abriéndose paso en los más diversos escenarios. A los 25 años, hará su tercera presentación en el escenario Horacio Guarany, y El Litoral aprovechó para conversar con ella sobre su presente y su promisorio futuro.

 

La tercera

 

—¿Cómo viviste los dos años previos?

 

—La primera vez lo viví como un sueño que fuera real hasta que estuve ahí. Pero tengo la particularidad de que me gusta disfrutar de cada cosa, y eso fue lo que hice. Vivo el momento en mi carrera, voy festival a festival, con el anhelo de siempre volver. Pero vamos por paso.

 

—¿Qué te dice la gente cuando te bajás, o qué te escriben?

 

—Es muy loco, porque mucha gente te dice “Ángeles, te estoy esperando, ya estoy preparado para ir a verte al Festival del Pescador”. ¡Guau (risas)!, es loco pero lindo. Supongo que alguna vez lo soñé pero quedó ahí; hoy se está dando.

 

—Ya tenés un público propio, que va por vos.

 

—Una persona me dice: “Cumplo años el 9 enero, espero que me dediques una canción” (risas). Así nomás.

 

—Parte de este proceso tiene que ver con “Mi paso por el Litoral”, tu último disco, que se enfoca en lo que es nuestro, esta costa. Hiciste otras cosas antes, ¿cómo llegaste a definir este perfil?

 

—“Mi paso por el Litoral” fue un antes y un después: muchas cosas que soñé me las trajo este disco. Conocer gente grande, por ejemplo la Peña de Corrientes de Los Alonsitos, fuimos tanto el año pasado como éste, y estuvieron artistas importantes: el gran Mario Bofill, que es uno de mis referentes en la música del Litoral.

 

—No tan justipreciado a veces.

 

—Admiro mucho lo que hace. Recientemente, subimos el video de cuando canté en Demos “Estudiante del interior” de su autoría, que me representa muchísimo. También estuvo Luis Landriscina, y los anfitriones de la casa, Los Alonsitos. Es una peña a la que mucha gente quiere ir, anhelan estar; y que me den un lugar por segundo año consecutivo me llena de felicidad, porque no repiten artistas, y la única repetida no consagrada fui yo.

 

Público propio

 

—Tocaste en Corrientes, en Entre Ríos, pero también en Demos. Por un lado el público más fiel de la música del Litoral y el folclore en general te puede seguir; pero también podés abrir otros lugares, llegar a otra gente, que no está tan metida pero piensan que tenés algo que llama.

 

—Me pasó que hay gente que me empieza a presentar como “la cantora del Litoral”. Dije ¡guau! (risas). Mi papá me dijo: “Ellos solos te van a ir poniendo el nombre, la gente te va marcando lo que quiere que hagas: está en vos hacer lo que te guste y lo que no”. A mí me gusta mucho lo que estoy haciendo; me gusta mi disco. Mi relación con el disco es como la que tenés con alguien: lo vas conociendo, te vas a enamorando. Cuando lo empecé a hacer no conocía mucho del tema: el precursor en mi vida de todo lo del Litoral ha sido el gran Orlando Vera Cruz, después de conocerlo empecé a meterme en esto.

 

Siempre cuento como anécdota graciosa que estaba en Cosquín, en todos lados, y yo me presentaba: “Mi nombre es Ángeles Deló, vengo de San Justo, portón del norte santafesino”. Pero no tenía nada que musicalmente me represente, era una más que tocaba zambas y chacareras. Después, pensándolo bien, tenés esos momentos en que decís: che, me falta algo. Y así fue como empecé a cantar “Coplas de la orilla”, que fue la primera obra del Litoral que hice, y “Mi mundo forestal” del gran Miguel Ángel Morelli. Cuando me di cuenta de que lo podía transmitir, interpretar y sentir dije: sí, vamos por acá. No dejo de cantar lo anterior (huaynos, zambas, chacareras) pero también voy con lo mío, porque es lo que yo soy.

 

—A veces nuestra música dentro del mundo del folclore parece menor.

 

—Soy santafesina, pero si hay algo que admiro de los correntinos es que ellos van con su chamamé. El chamamé es el Dios de ellos. Nosotros tendríamos que hacer los mismo con nuestra región, nuestras costumbres, nuestras cosas. Creo que sacando en Santa Fe a Orlando Vera Cruz nadie se animó a decir “yo vengo de acá, soy de acá”. Falta eso, por eso la zamba y la chacarera: porque todos lo han adoptado y cantan eso, yo también.

 

—Hace muchos años que estás recorriendo estos caminos.

 

—Hace mucho que canto, que me subí al escenario por primera vez, pero en el folclore propiamente dicho empecé a incursionar cuando fui a Cosquín en 2013, y de ahí ya no cambié más mi bandera.

 

Perdida en Santa Fe

 

—En algún momento viniste a Santa Fe, hablábamos de “Estudiante del interior”, al que le encontraste una vuelta especial. ¿Cómo fue para vos mudarte a Santa Fe?

 

—Fue raro, porque primero extrañaba mi casa y me iba todos los fines de semana: creo que no corté del todo el cordón umbilical. En el interior miramos a los de afuera (ya no tanto) a ver quién es, qué hace. Acá sos uno más: no conocés a nadie, extrañás tu patio, tu parque, tu calle, todo lo que es tu casa: no hay como tu querencia, tu lugar.

 

Después empecé a conocer a grandes amigos músicos, a tomar clases. La vida del artista es muy solitaria, en mi caso mi papá, mis hermanos y mis músicos. Tomaba clases particulares, era muy solitaria. Pero después le encontré la vuelta y empecé a disfrutar esto: saco lo máximo de acá, lo máximo de allá, aprendo esto, pregunto esto.

 

—También estás conociendo gente.

 

—Sí, pero eso más que nada cuando me empecé a meter en las peñas y todo eso: ahí nació un rosedal de amigos. Conocidos con los que compartís cosas, te mandás un mensaje de cumpleaños o Navidad, amigos que por ahí por la vorágine de la vida no te estás juntando pero los tenés.

 

—En estos caminos de ser artista uno se encuentra con otros desarraigados.

 

—Soy una sanjustina perdida en Santa Fe: uno vive en Sauce Viejo, que está a dos pasos, el otro en Santo Tomé, pero la que está lejos de casa soy yo. Me ha servido para fortalecerme en otras cosas.

 

Pluma propia

 

—Hablando de canciones, con “Historia” te animaste a empezar con tus propias composiciones.

 

—Fue animarse a mostrarlo. Escribo desde los ocho años, si vas a mi casa por poco me tengo que ir por la cantidad de libros que tengo. A veces, agarro el celular y mi papá me dice: “¡Dejá ese celular!”. Y no, estoy escribiendo, estoy inspirada (risas). Cuando viajamos me pongo a escribir, después releo y arreglo, así sucesivamente.

 

Con “Historia” me pasó que hice la letra al mediodía y a la noche me puse a hacerle la música. Nació como chamamé, porque había aprendido a tocar chamamé entonces quería practicar (risas), después era muy dulce, era para contarla distinto y quedó como género canción. Primero no me animaba a mostrarla, pero tuvo muy buenas críticas; era muy loco que digan “qué linda canción”: “¿Eso lo escribí yo?” (risas).

 

—A uno por ahí le gusta lo que escribió y después al otro día no tanto.

 

—A mí me pasa con Martín (Fernández, manager): le mando algo y me dice: “Le falta algo...”. Pero yo ¡la quiero sacar en un disco! “Sí, seguí trabajando” (risas), me aconseja.

 

—Sos muy joven, pero hace mucho que estás en la carrera. ¿Te parás a hacer balances?

 

—Sí, tengo la particularidad de reencontrarme conmigo cada tanto, con la Ángeles que era chiquita y con la de hoy. Me pongo a mirar videos, a leer diarios (tengo tres cajas de recuerdos con índole cantoril), y me gusta revivir lo que me hacía feliz. En este caso, revivir el Festival del Pescador: cuando empezamos a tener los videos y subirlos a YouTube cada tanto me vuelvo a encontrar con eso. A ver qué hacía y qué no, cómo era, qué transmitía, qué sentía.

 

Charlaba con una cantora colega y me decía: “A mí me tiemblan las piernas”. A mí no me tiemblan: quiero subir y no me quiero bajar. Porque me siento libre. Todo el mundo me dice: “¿Qué sentís cuando cantás?”. Me siento libre y feliz. Soy yo abajo y soy yo arriba, cuando puedo compartir mi canto y mi voz me siento feliz. 

 

—Aparte en un festival se te pasa volando.

 

—Lo vivo a pleno, pero sucede: “Ay, uno más, bueno nos vemos” (risas).

 

El futuro

 

—¿Qué se viene para después del Pescador?

 

—Este año lo recibo con mucha alegría: tercera vez en el Pescador y primera en la Fiesta Chayera de Santa María de Punilla de Sergio Galleguillo, el 19 de enero. Ya nos conocíamos con Sergio y teníamos contacto con la producción, pero nunca habíamos podido estar. Era un enorme deseo y esta vez se va a dar, me siento muy contenta. Nos vamos a poner mucho bronceador, porque creo que somos los que abrimos (empieza a la siesta y termina a la tardecita).

 

Estamos a confirmar en muchas cosas lindas que pueden salir. Estuve en Mendoza, hicimos un contacto lindo, y junto con mi equipo estamos tratando de ver, hay propuestas para dos o tres festivales grandes. También estaba la posibilidad de estar en la Vendimia: sería hermoso si se cerrase, y si no ya me siento feliz porque ya me tuvieron en consideración. No fui a Mendoza a hacer prensa (porque si no, hubiese ido con mi papá y Martín), fuimos por un chequeo médico de mi hermana, y como no me puedo quedar quieta dije “me voy a fijar, a lo mejor...”. Encontré a alguien que le gustaba lo que hago y ahí arrancamos.

 

—¿Qué cosas soñás hacer?

 

—Me pasa que me encuentro en canciones. Hace un tiempo el Chaqueño Palavecino lanzó una canción que la escribió Orlando Vera Cruz, creo que se llama “Soñar con ser”, y él dice que soñaba con ser otro cantor criollo de su tierra gaucha. Quiero eso para mi futuro, para mi vida. Quiero cantar con mi bandera de Santa Fe, con mi bandera argentina, por todos los lugares donde se me dé la oportunidad. Es lindo eso: venís de un lugar, lo compartís, y la gente aunque no viva ahí lo pueda sentir y adoptar también. Como hay gente que canta “Historia”, digo: bueno, sucede.

 

—Alguien se siente representado.

 

—Tal cual. Ése sería mi sueño, y también poder seguir transitando éste, el andar cantor o camino cantor; y que la vida me siga sorprendiendo como hasta ahora: yo soñé un montón, y todo los días sigo la frase: “Si cumplí un sueño me tengo que buscar otro”. Cuando se me van dando las cosas como tengo esa energía positiva me sorprende el triple de lo que esperaba y me hace el triple de feliz. Ésa soy yo.

 

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Invitadas especiales

 

Ángeles tendrá un momento especial durante el Festival, y así lo cuenta: “Adoptamos con mi equipo un chamamé que estaba medio perdido porque no lo tocaban mucho, que representa a Santa Fe. Cuando lo escuché por Cacho Deicas y Monchito Merlo era raro, porque me cuesta imaginarme algunas obras en mi voz, hasta que le encuentro la vuelta y digo: sí, esto es para mí. Cuando la escuché nació la propuesta de invitar a dos cantoras muy queridas para nosotros, que no son argentinas, por su condición de venezolanas que están viviendo hace años acá (Ninoska y Arlyna Marcano, de Morena’s Son).

 

Cuando hicimos lo de Demos, dije las voy a invitar y las voy a honrar. Me dice una que no había podido elegir mejor obra, porque las representaba mucho, se sentían santafesinas. Habían cantado chacarera y zamba, pero no entendían la estructura del chamamé, se las explicamos y quedaron fascinadas. Decían: “Nos sentimos muy poco para decir la palabra chamamé”.

 

Ahora, están muy contentas porque las invité a compartir un momento en el escenario conmigo en el Festival del Pescador. Tenían una actuación ese día y corrieron los horarios para poder estar”.


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