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El Litoral
Lunes 15.01.2018
8:46

Carlo Bruno

Un cineasta santafesino en Canadá

El director, guionista, productor y actor habló con El Litoral, con motivo de la visita a su ciudad natal. Inicios, experiencias, cine actual y proyectos, fueron algunos de los temas que cruzaron la conversación con el realizador afincado en Ottawa.

“El cine bueno tiene que invitar a imaginar”, afirmó Bruno a El Litoral. Guillermo Di Salvatore

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Foto:Guillermo Di Salvatore
“El cine bueno tiene que invitar a imaginar”, afirmó Bruno a El Litoral.


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Carlo Bruno Un cineasta santafesino en Canadá El director, guionista, productor y actor habló con El Litoral, con motivo de la visita a su ciudad natal. Inicios, experiencias, cine actual y proyectos, fueron algunos de los temas que cruzaron la conversación con el realizador afincado en Ottawa. El director, guionista, productor y actor habló con El Litoral, con motivo de la visita a su ciudad natal. Inicios, experiencias, cine actual y proyectos, fueron algunos de los temas que cruzaron la conversación con el realizador afincado en Ottawa.

Leonardo Pez

lpez@ellitoral.com

 

Carlos María Bruno, santafesino de origen, reside en Ottawa desde 1986. A lo largo de su vida, se desempeñó en los distintos lados del “mostrador” cinematográfico. Trabajó como actor, director, guionista, productor y asistente de cámara, entre otras labores. Pero, si tiene que elegir, no titubea: “Me encanta escribir la historia y la dirección. Lo más lindo en el cine es poder contar. El espectador pone el otro 50 % que es creer. El cine bueno no es perfecto, más bien tiene que invitar a imaginar”. Carlo -tal su nombre artístico- reconoce como maestros a Hitchcock, Coppola y Spielberg. No lo encandilan los premios ni las luces de Hollywood que parecen iluminar el camino que se vendrá.

 

Esto es cine

 

Carlo tenía seis años. María Azucena Catania, su madre, estaba buscando algo en el sótano, cuando encontró un rollo de película de 16 mm. Ante la pregunta de su hijo, ella respondió: “Esto es cine, así se hacen las películas”. Sin saberlo, quien años más tarde sería conductora televisiva, abriría una ventanita en la vida del niño que enloqueció por el movimiento de las imágenes, mientras Mickey y Tribilín hacían sus correrías.

 

Un día se le ocurrió hacer una película con todos sus amigos. “Conseguí una cámara, una doble 8, que era del padre de un amigo. Estuvimos siete meses para filmar mi primer cortometraje, ‘Matar’. A los 16, me compré una cámara y filmé ‘Tito vs. Tito’. La filmé en mi casa de San Martín al 3100. Hace poco la reedité y ganó premios por mejor guión”.

 

Los tíos

 

“¿Querés ser camarógrafo?”. Fue la pregunta que Lucho Catania hizo a su sobrino adolescente. Carlos aceptó la invitación. “Tuve muchos problemas. Tenía que hacer una nota periodística y me salía una película, al estilo de las notas de ahora”. El tío, que detectó la pasión cinematográfica, le prestó todos los equipos para hacer un corto que se llamó “Historia en un bar”. “Es un canto visual, un estilo a lo nuestro. Grabamos el interior en Recreo Schneider y el exterior en Chaco Chico”.

 

Además de hacer sus primeras armas y construir un nombre (con el corto fue mencionado por la revista Humor), Carlo participaba en la organización del Festival de Cine Argentino, por el que desfilaron figuras de la talla de Alejandro Doria, Ulises Dumont y Julio de Grazia.

 

En esa época, Pato Catania vino a Buenos Aires (vivía en Costa Rica) para presentar una película. “Lo acompañé a un ágape, donde nos encontramos con Luis Brandoni, a quien conocí en Santa Fe. Me contó que estaban filmando una película en una casona. Le pregunté si podía y estuve en el set de filmación”. La película era “Esperando la carroza”.

 

En abril

 

Luego de un intento infructuoso, pero con muy buenas notas, por ingresar al Instituto Nacional de Cinematografía, Carlo Bruno y su pareja, Susana María Caula, decidieron cambiar el rumbo. En abril de 1986, arribaron a Costa Rica, donde vivía una parte importante de la familia materna. “Me acuerdo de que llegamos el 9, el día del cumpleaños de mi mamá”.

 

En Santa Fe, Carlo trabajaba vendiendo publicidad y Susana como ingeniera química. En el país caribeño, comenzaba a escribirse otra historia. “Trabajé como instructor del Centro de Cine de Costa Rica (dependiente del Ministerio de Cultura). Me fue tan bien que me contrataron como asistente de dirección de ‘Eulalia’, uno de los primeros largometrajes en el país, dirigido por Oscar Castillo. Al mismo tiempo, me dieron un papel estelar en la obra de teatro ‘Lady Godiva’ y me invitaron a ser asistente de dirección en ‘El dorado’ de Saura. Pero tuvimos que decidir y elegimos cambiar de lugar”.

 

Seis meses después, la pareja llegó a Canadá. “Ahí estaba mi hermano y nos quedaba más cerca de Estados Unidos”. A pesar de las bondades del lugar (“muy lindo, súper tradicional inglés”), no fue fácil volver a adaptarse a una nueva cultura: Carlo limpiaba casas y Susana trabajaba de babysitter. “Escribía en toallitas de papel, mientras limpiaba un baño y nadie me veía. Después, las guardaba en el bolsillo y seguía limpiando. La meta era alcanzar cierta seguridad allá y comprar una casita”.

 

Camino al andar

 

El primer corto que Bruno filmó en Ottawa fue “My field of flowers” (1989), que contó con el aporte de una amiga llamada Bertha Foulkes. “Ella me dio 15 mil dólares para hacerlo. De otra manera no podía, ya que me pedían ‘experiencia canadiense’ para financiar el proyecto”. Por la obra, fue nominado como Mejor Director en el prestigioso festival Reel Awards Ottawa.

 

El apoyo de su amiga norteamericana continuó en el siguiente proyecto de Carlo, “la gran aventura de mi vida” llamada “It’s about time”. Se trataba de una historia de aventuras al estilo “Volver al futuro”, en la que trabajó junto con los productores Kim Dawson (“Las Tortugas Ninjas”) y Joe Peer. El proyecto fue presentado en los estudios Hollywood, pero finalmente, “enfrentamos un problema muy grave, por el cual no se pudo filmar y tuve que cerrar la compañía (Santa Fe Entertainment).

 

La filmación frustrada, sumada a la noticia del suicidio de un amigo santafesino, dejó mal a Carlo. “No creía más en nada”. La forma de procesar el dolor fue una vieja conocida: hacer cine junto a Susana. “Volvimos a trabajar juntos. Ella me ayudó mucho en la producción y yo puse mi espíritu en escribir lo yo creía. Quise meterme en la mente de mi amigo, encontrar una respuesta a su muerte”. 

 

“In April” (2016) nació con un presupuesto de 100 mil dólares y “los recursos que tenía: un auto, una ruta y un viaje. Es una película muy especial, con un lenguaje mío, que filmamos durante 33 días de un otoño muy crudo. Además de dirigir, actúo, junto a mi hija Marina, que en ese momento tenía diez años. Ahora, tiene veinte, y ya hizo una veintena de cortometrajes y un largometraje, y ganó muchos premios”.

 

La crudeza otoñal vuelve al relato de Bruno. “Cuando mis hijas (Marina y Carla María) me preguntaban qué hacer en esos días, en vez de llevarlas a jugar al hockey sobre hielo, nos íbamos al sótano a filmar películas. Jugando, les enseñé todas las técnicas. Desde los cinco años que filman, y ya conocen el abecé del cine”.

 

Proyectos

 

El compositor no se detiene, escribió alguna vez Nebbia para que Calamaro prestara su voz. Aplicada a Carlos Bruno, la frase puede aludir a sus dos proyectos actuales. “Tiwanaku. Mining Lords of the World”, una historia sobre los Andes bolivianos, con guión propio basado en la idea de Laurence Pereira (“Predator”, 1987). “Lo conocí en el American Film Market de Los Ángeles, a donde fuimos con Marina para buscar inversionistas y productores. Él se presentó como ‘el mejor productor ejecutivo de la 20th Century Fox’. Mario Montero se va a encargar de dirección de fotografía. Con él trabajé en ‘My field of flowers’ (1989), y es uno de los mejores en su profesión”.

 

“Charles” es el nombre tentativo del otro proyecto, con un presupuesto menor. “Va a ser una película de acción y drama al estilo del primer Tarantino, con mucha violencia y sexo. Voy a trabajar junto a un director de Vancouver”.

 

Santa Fe

 

“Cuando emigrás, te das cuenta de que hay dos cosas en la vida: el confort económico y el amor. Sobre todo, las cosas simples con las que crecimos. El amor de los amigos. El amar porque sí. Allá es todo material. Para ellos, la amistad es el trabajo, y no van perder tiempo reuniéndose con amigos. Quizá acá no tenemos lo material, pero tenemos la felicidad... y eso se ve en la cara de la gente”.

 

 

El dato

Birri

“Es uno de los más grandes del cine argentino. Aprendí mucho de Birri. Cuando vi por primera vez ‘Los inundados’ dije: ‘¡Esto es cine argentino!’. El humor satírico y su trabajo de cámara increíble hablan de nuestro espíritu con nuestro lenguaje”.


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