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Domingo 28.01.2018 - Última actualización - 14:33
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Boca no fue el de River y Colón la tuvo difícil de entrada...

Cuando las apariencias engañan

Aquella ilusión y confianza del técnico de Colón durante la semana chocó con la realidad y Boca volvió a tener esa fortaleza que lo llevó a gobernar el fútbol argentino en los últimos tiempos.

Cristian Guanca quiere habilitar de cabeza a Bernardi ante la amenazante presencia de Wilmar Barrios, uno de los protagonistas del escándalo de verano en Boca. Foto: Matías Nápoli




Boca no fue el de River y Colón la tuvo difícil de entrada... Cuando las apariencias engañan Aquella ilusión y confianza del técnico de Colón durante la semana chocó con la realidad y Boca volvió a tener esa fortaleza que lo llevó a gobernar el fútbol argentino en los últimos tiempos. Aquella ilusión y confianza del técnico de Colón durante la semana chocó con la realidad y Boca volvió a tener esa fortaleza que lo llevó a gobernar el fútbol argentino en los últimos tiempos.

Enrique Cruz (h)

(Enviado Especial a Buenos Aires)

 

A veces las apariencias engañan. Ni Boca fue el mismo de hace seis días ante River, ni tampoco Tevez (abúlico aquel día en Mar del Plata y explosivo y determinante contra Colón) ni tampoco el partido era tan accesible como lo había pintado, en un exceso de confianza quizás, el propio entrenador de Colón.

 

Sin dudas que esta vez, las apariencias engañaron. A Colón le pasó lo peor que le puede pasar a cualquier equipo que pisa la Bombonera: que lo “claven” de entrada. Todo se hace cuesta arriba después: 1) los planes se alteran; 2) la confianza merma; 3) las obligaciones empiezan a cambiar.

 

Cualquier idea futbolística se altera con un gol a los 2 minutos. Las cosas cambian. Boca, por ejemplo, mantuvo ese ritmo vertiginoso durante un ratito más y después se plantó en su propio campo, desnudando la intención de dejarlo venir a Colón para jugarle de contragolpe explotando la velocidad y el desequilibrio de Pavón.

 

Y Colón, que seguramente había planificado algo diferente, probablemente dejando que la responsabilidad pase y le pese más a Boca, se encontró conque tenía que salir a buscar el partido. ¿Estaba preparado?, se supone que sí. Ir perdiendo en la Bombonera es algo que a ninguno le puede sorprender y cualquier entrenador tiene que planificar su propio partido teniendo en cuenta que, de los tres resultados, el de ir perdiendo ante Boca de visitante tiene muchas chances de darse.

 

Eso fue lo que pasó. Y Colón se las ingenió, pasados los primeros 15 minutos, para emparejar el trámite del partido y hasta para provocarle algunos revolcones a Rossi. Más todavía, Rossi está entre los valores individuales de un Boca que tuvo a Tevez encendido, a Pavón imparable, a Cardona asumiendo también un rol protagónico y a Nández ganándose la ovación de la gente no sólo por lo que corre y mete, sino también por lo que hace con la pelota (marcó un golazo definiendo en gran forma ante la salida de Alexander Domínguez).

 

¿Qué había que hacer? No desajustar marcas atrás porque Boca tiene jugadores desequilibrantes y tratar de atacarlo. Cuando Colón lo hizo en el primer tiempo —sobre todo por derecha con la interesante proyección de Toledo—, las falencias se hicieron notorias. Guanca jugó cerquita de Vera y tuvo un par de chances para capitalizar su buena pegada de afuera del área. Y el uruguayo —que sigue excediéndose en eso de retroceder casi en forma alevosa para ocupar sectores de la cancha intrascendentes para un delantero— fue el responsable de provocarle esos revolcones a Agustín Rossi.

 

No tardó Domínguez en hacer una lectura del partido. Puso más gente arriba (Leguizamón) y trató de darle más fútbol al mediocampo (Mariano González). Sin cambiar el esquema, lo único que se modificó fue la posición de Guanca, ahora arrancando desde más atrás y por derecha. Ya el mellizo lo había mandado a Pavón, sobre el cierre del primer tiempo, a jugar como wing izquierdo, seguramente advirtiendo la subida constante de Toledo y con el objetivo de empezar a preocuparlo y de ganarle las espaldas.

 

El partido se colmaba de imprecisiones (de parte de los dos) y casi no se producían llegadas claras. Pero ese contexto se había transformado en favorable para Colón, que de a poco y sin mostrar demasiadas luces, empezaba a tener más la pelota y a gravitar por mayor protagonismo en el mediocampo. Advertido de ello, Barros Schelotto sacó un delantero (Bou) para poner un volante corredor (Buffarini). Sin dudas que él también se había percatado de estas cuestiones y necesitaba emparejar las cosas dándole más aire y recuperación al mediocampo. Y cuando estaba en el camino de conseguirlo, llegó la jugada que liquidó por completo las aspiraciones de Colón: Conti salió muy lejos y quedó desubicado, Galván también tuvo que salir lejos para marcar a Tevez, quien llegó antes y punteó la pelota para dejarlo solo a un Nández que, con mucha inteligencia, picó al espacio que había dejado libre el capitán rojinegro, para definir con un “sombrerito” ante la salida de Domínguez: 2-0 y partido virtualmente terminado.

 

Si algo le faltó a Colón, fue la expulsión de Toledo. Ya a partir de ese momento, no sólo que la poca esperanza de revertir un cuadro de situación complicado se desvaneció, sino que empezó a rondar por la cabeza de todos esta idea tan común que se asocia a los malos momentos en el fútbol: lo mejor que le podía pasar era que finalizara el partido. No sólo estaba el riesgo de perder por una diferencia mayor, sino de sufrir alguna otra expulsión que complique aún más el panorama.

 

A nadie se le puede escapar la idea de justicia plena en el resultado. El Boca aparentemente preocupado de antes del partido cambió su cara radicalmente; y el Colón confiado que vino a la Bombonera, sumó no sólo su tercera derrota consecutiva, sino también algunas dudas que a Domínguez le habrán despertado las fallas individuales y colectivas que tuvo su equipo.

 

En síntesis: perder en la Bombonera, por estos tiempos, es algo común, normal y corriente. Pero no por eso exige ocupación y mejora, para que el de anoche no sea el nivel que tenga este equipo en el futuro.

 

Diego Vera busca la individual. El uruguayo tuvo un aceptable primer tiempo y Rossi le negó el gol con dos buenas atajadas. En el segundo tiempo, fastidioso con Beligoy, retrocedió demasiado en la cancha. Foto: Matías Nápoli

 

 

 

“Estos partidos se ganan con los detalles y ellos estuvieron finos en eso. El gol viene de alguna falla pero no sé si es de los centrales, luego lo veremos bien y lo solucionaremos. Generación de juego hubo, nos faltó profundidad, que es lo que tuvo Boca. Por eso nos vienen bien los refuerzos. Intenté buscar más profundidad con los cambios y encontrar el cambio de ritmo que necesitábamos en el mediocampo”.

 

Eduardo Domínguez

Entrenador de Colón

 

Bajo la lupa

 

DOMÍNGUEZ (6).- Nada que hacer en los goles (fueron dos mano a mano). Después, tuvo dos o tres atajadas espectaculares que le hicieron perder la posibilidad de aumentar el marcador al rival.

 

TOLEDO (5).- Fue incisivo con sus proyecciones en el primer tiempo hasta que el mellizo lo mandó a Pavón a jugar por su lateral. Después, estuvo más contenido y se deslució con la expulsión.

 

CONTI (4).- En los dos goles quedó “pagando”. En el primero, salió lejos a marcar a Tevez y el “Apache” metió un taco estupendo para Pavón. En el segundo, quedó desairado a un costado de la cancha y por su sector se metió Nández para definir. Hacía muchísimo tiempo que no tenía un partido con errores clave.

 

GALVÁN (4).- También quedó “pagando” con Tevez en el segundo gol de Boca. No aportó la dosis de seguridad y fortaleza necesaria en la marca.

 

CLEMENTE RODRÍGUEZ (4).- Complicado con Pavón desde el mismo arranque del encuentro. Después se animó a pasar al ataque, sobre todo en el segundo tiempo juntándose con Mariano González.

 

BERNARDI (4).- Le cuesta encontrar esa dinámica y explosividad que lo destacó en otros momentos. Perdió muchas pelotas en tres cuartos de cancha generando contragolpes del rival. Escasa incidencia.

 

FRITZLER (6).- El mejor de los volantes y uno de los más destacados del equipo, siempre en lo suyo, que es luchar, recuperar y empujar. Hasta se animó a pegarle un par de veces al arco.

 

LEDESMA (4).- Otro al que le está costando mucho retomar su nivel. Algunas imprecisiones en el manejo de la pelota, pero hasta daría la impresión que todavía le cuesta volver a imponer su ritmo físico.

 

ESTIGARRIBIA (4).- Algunos centros por izquierda y preocupado por darle una mano a Clemente ante la subida de Jara y las apariciones de Nández para juntarse con Pavón. Nada más que eso.

 

VERA (5).- Fue el que más complicó a Rossi, sobre todo en el primer tiempo y jugando más cerca del área y el arco rival. En el complemento, empezó a desordenarse y a retroceder demasiado en la cancha.

 

GUANCA (5).- Fue de mayor a menor. Entendió lo que debía hacer jugando delante de los cuatro del medio y, en el complemento, se estacionó un poco más por el sector derecho. Colón inclinó bastante más el juego hacia la izquierda en la parte final del encuentro.

 

MARIANO GONZÁLEZ (5).- Se lo vio activo, queriendo entrar mucho en juego y hasta dejándose llevar por esa ansiedad que lo hizo cometer errores en los pases. Debe entenderse con sus compañeros.

 

LEGUIZAMÓN (4).- Escaso aporte, pero también a su favor habrá que contabilizar que la pelota le llegó muy poco.

 

SILVA (5).- Entró en el peor momento: con el partido 2 a 0 y dos minutos antes de la expulsión de Toledo.


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