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Lunes 05.02.2018 | Última actualización | 20:19
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Rompiendo fronteras

Venadenses cumplieron el sueño de ser padres adoptando hermanitos ucranianos

Son Fernando Baudracco y Carla Fernández Moll. Adoptaron en Pryluky a los hermanitos Artem y Vitaliy, hoy Lautaro y Amadeo. Tomaron la decisión luego de las imposibilidades biológicas de ser padres y de las trabas burocráticas en Argentina.

Fernando Baudracco y Carla Fernández Moll, decidieron terminar con la angustia de no poder ser padres y formar la familia que soñaron durante tantos años. Foto: Transmedia VT


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Rompiendo fronteras Venadenses cumplieron el sueño de ser padres adoptando hermanitos ucranianos Son Fernando Baudracco y Carla Fernández Moll. Adoptaron en Pryluky a los hermanitos Artem y Vitaliy, hoy Lautaro y Amadeo. Tomaron la decisión luego de las imposibilidades biológicas de ser padres y de las trabas burocráticas en Argentina. Son Fernando Baudracco y Carla Fernández Moll. Adoptaron en Pryluky a los hermanitos Artem y Vitaliy, hoy Lautaro y Amadeo. Tomaron la decisión luego de las imposibilidades biológicas de ser padres y de las trabas burocráticas en Argentina.

Pablo Rodríguez

region@ellitoral.com

 

Tras insistir por los medios naturales y perder ocho embarazos, los venadenses Fernando Baudracco y Carla Fernández Moll, decidieron terminar con la angustia de no poder ser padres y formar la familia que soñaron durante tantos años. Hace 21 años que están casados y más de 10 que hacían tratamientos.

 

En el 2016, tomaron la iniciativa de adoptar. Se anotaron en el Registro Único de Aspirantes a Guarda con Fines Adoptivos (RUAGA) y empezaron a transitar ese camino. Veían que el horizonte era un poco largo. Si bien la ley cambió, empezaron a ver que podían llegar a ser papas en ocho años o inclusive nueve. Pensaban que estaban grandes para esperar ese tiempo y se habían desalentado.

 

A través de las redes sociales, se enteraron de una familia cordobesa que había pasado por una situación similar a ellos y habían adoptado en Ucrania. Hicieron gestiones y recibieron ayuda para empezar a andar ese camino en el lejano país. En diciembre del 2016 prepararon toda la documentación y se contactaron con una persona en Europa que haría las veces de facilitador.

 

Ya en enero del 2017 enviaron una primera serie de documentos. Tuvieron que rehacer papeles y en febrero les dieron un número de legajo. Eso era una buena noticia porque a partir de ahí, en 30 días, los ucranianos les decían si eran aptos o no. En marzo les dieron el visto bueno y en abril ya les pusieron fecha para una entrevista en Kiev, capital de Ucrania. Habían pedido adoptar chicos hasta 12 años, con la posibilidad de que sean hermanos.

 

Inicios

 

Para el 15 de mayo ya estaban instalados en Europa. Fueron al Ministerio de Políticas Sociales y en una segunda entrevista, conocieron a Artem (hoy Lautaro), por entonces de seis años. El pequeño hacía ya tres que residía en un orfanato. Al poco tiempo, hicieron lo propio con Vitaliy (actualmente Amadeo), de cuatro, quien desde los dos meses vivía bajo la custodia del Estado ucraniano. Ambos compartían orfanato pero en distinto predio.

 

Para junio, exactamente un año después de que empezaron los papeles en Argentina, ya estaban en contacto con los chicos en Ucrania. También conocieron a otros argentinos en idénticas situaciones: querían ser padres y no pasar por todos los engorros del sistema argentino.

 

Desde que empezaron la “aventura” hasta que regresaron a Venado, pasaron nada menos que 100 días. Fueron con exceptivas de 45 o 50, pero allá los tiempos fueron otros. Tuvieron pequeñas demoras, pero ninguna complicación seria. Llegaron en agosto del 2017 a Venado Tuerto, luego de sortear miles de kilómetros, diferencias culturales y de idioma.

 

Amor a primera vista. Carla recuerda que el día que conoció a Lautaro, después de charlar con los profesionales, el nene entró y lo primero que hizo fue sentarse a “upa” de ella. “Se quedó ahí. Después nos pasaron a otra habitación y enseguida se puso contento, bien”. Foto: Transmedia VT

 

 

El corazón sobre todo

 

Carla recuerda que el día que conoció a Lautaro, después de charlar con los profesionales, el nene entró y lo primero que hizo fue sentarse a “upa” de ella. “Se quedó ahí. Después nos pasaron a otra habitación y enseguida se puso contento, bien”.

 

48 horas más tarde, se encontraron con Amadeo, que al principio según la “mama” (como dicen los chicos, al igual que “papa”, así sin acento) fue más reacio. “Pero después cambio totalmente. Ahora por ejemplo llora cuando me voy”, dice entre risas.

 

El momento en que los cuatros estuvieron juntos por primera vez, fue especial. Los dos hermanitos, que habían estado separados, automáticamente se reconocieron y se abrazaron. Hasta compartían la comida, algo que según cuentan, allá no es muy normal.

 

En cuanto a la diaria y lo cotidiano, asegura que son iguales a todos los chicos. “Hay que tener paciencia con la comunicación porque cuesta un poco. De apoco tratamos de poner límites y orden en la casa. Pero terminamos siendo una familia normal”.

 

Carla admite que soñaron muchas veces con esto que están viviendo. Y jamás pensaron que sus hijos iban a estar tan lejos y que sean dos: “No podían ser otros. Son ellos. Por suerte están felices y contentos. Se despiertan de buen humor y a veces cantan. No están angustiados. Jamás se asustaron o lloraron. Cambiarles la vida así te llena el alma”.

 

Hay que tener paciencia con la comunicación porque cuesta un poco. De apoco tratamos de poner límites y orden en la casa. Pero terminamos siendo una familia normal. No podían ser otros. Son ellos. Por suerte están felices y contentos. Se despiertan de buen humor y a veces cantan. No están angustiados. Jamás se asustaron o lloraron. Cambiarles la vida así te llena el alma”.

 

Carla Fernández Moll.

Madre de Lautaro y Amadeo

 

Alegría recíproca

 

Fernando, admite que para sus hijos el proceso de cambio resultó importante, a raíz de que los pequeños abandonaron sus costumbres y modo de vida. Por ejemplo, hasta noviembre en la casa de los Baudracco se tomaba sopa como primer plato antes de las comidas. Lautaro y Amadeo aman la sopa, cuando en Argentina la gran mayoría la detesta. Casi como Mafalda.

 

A su esposa, la conoció cuando ella tenía 14 y él 16. Hoy, casi 30 años más tarde, admite que todo lo que les faltaba era esto que viven ahora con sus hijos. “Por eso hay que seguir buscando. Estuvimos toda la vida juntos y no lograrlo nos entristecía”, remarca, comparando la insistencia de formar una familia biológica, pero también admitiendo que la adopción era una posibilidad cierta.

 

En cuanto al proceso que les tocó vivir en materia legal en Argentina, es contundente: “Si bien la ley es buena, la justicia debería ser más expeditiva para generar las posibilidades a los chicos que están en lista de adopción” y que en este sentido, “hay mucha más demanda que oferta.

 

“Muchos chicos podrían estar viviendo con papás del corazón y teniendo una mejor vida. El sistema está para corregirse creo. Que uno tenga que esperar nueve años es un poco complicado y desalentador. Para nosotros fue corto porque tomamos la decisión”.

 

Finalmente, destaca: “Es hermoso llegar a casa y que los chicos nos reciban después de trabajar con un beso o abrazo. Tenerlos y verlos dormir nos hace sentirlos nuestros. Es plenamente recíproco todo. La felicidad es mutua”.

 

Muchos chicos podrían estar viviendo con papás del corazón y teniendo una mejor vida. El sistema está para corregirse creo. Que uno tenga que esperar nueve años es un poco complicado y desalentador. Para nosotros fue corto porque tomamos la decisión”.

 

Fernando Baudracco

Padre de Lautaro y Amadeo

 

En Santa Fe

 

Según un informe elaborado por Ignacio Pellizzón para diario El Litoral, desde la implementación del decreto 5170 del 30 de diciembre de 2016, que modificó el funcionamiento del RUAGA, se avanzó en el envío de notificaciones a más de 1700 familias inscriptas hasta ese momento para consultarles su voluntad o no de continuar con su proyecto adoptivo. Alrededor de 700 familias manifestaron su deseo de permanecer en el Registro y pasar por las instancias de evaluación.

 

Entre las razones por las cuales muchas familias desistieron de permanecer, se supo que muchas parejas lo hicieron por el paso del tiempo, otras se pelearon y otras lograron concebir un hijo biológico. Sin embargo, el año pasado, como resultado de los informes interdisciplinarios elaborados por los equipos, se emitieron más de 500 disposiciones y otras 200 se encuentran en proceso de elaboración.

 

Una vez dictadas todas las disposiciones, se procede a digitalizar los legajos completos y los tres libros que lleva el registro conformándose también el archivo del registro en formato digital, para que la niña, niño o adolescente en el futuro pueda consultarlo y tener acceso a la información garantizando su derecho a la identidad.

 

Finalmente, toda familia que esté en la búsqueda de iniciar el camino de la adopción debe cumplir algunos requerimientos básicos, tales como contar con 5 años de residencia permanente en el país y tener domicilio real en la provincia de Santa Fe. Además, es necesario completar el formulario de inscripción y las declaraciones juradas.


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