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Lunes 26.02.2018 - Última actualización - 19:51
19:49

Mirada desde el sur (por Raúl Emilio Acosta)

Berni, Bullrich, mosquitos y cocaína




Mirada desde el sur (por Raúl Emilio Acosta) Berni, Bullrich, mosquitos y cocaína

Raúl Emilio Acosta

 

Las recientes declaraciones de la señora ministro, Patricia Bullrich, indicando que traerá gendarmes a Rosario (anunció 600) y que desbaratará el narcotráfico (“no habrá Los Monos 2”), lleva al recuerdo de Sergio Berni, subsecretario con fuerza de ministro que ofertó lo mismo. Ambas afirmaciones son del orden periodístico publicitario. Allí termina la poca seriedad de la cuestión. La publicidad de los insecticidas en vaporizador asegura que los mosquitos huyen despavoridos y/o se mueren bien muertos. La especie “los mosquitos” sigue vivita y zumbando. Capturar a Escobar Gaviria no indicó el triunfo sobre el narcotráfico. En este caso se agregan componentes deliciosos... periodísticamente hablando.

 

Pensar diferente

 

Es más que evidente y, como periodista advierto que mis colegas se hacen un festín, es más que evidente lo controversial debido a las declaraciones que concurren a diferentes finales de algunos ministros, otros diputados, distintas autoridades, el gobernador y la intendencia rosarina, en manos de la nicoleña Mónica Fein. Esta última tiene una seguridad. Con Sergio Berni bailó, públicamente, un chamamé en un barrio rosarigasino. No creemos que con Patricia Bullrich suceda lo mismo.

 

En aquella oportunidad un muchacho dedicado a las denuncias, Carlos Del Frade, vino en la tanqueta con la que Berni tomó posesión de Rosario en una virtual intervención de la ciudad. Actualmente el diputado Del Frade no opina del mismo modo sobre el tema. En esta oportunidad los medios nacionales acompañan con más suavidad pero mayor firmeza a la ministra, no así la izquierda levantisca. Es el mismo problema y la misma solución. Equivocada, ciertamente. El enfoque que se pide, que debería ser múltiple, no contempla la intervención militar como solución y, de hecho, no lo ha sido en ningún lugar, pero nadie quiere tratar el tema de otro modo.

 

Atrevida oferta periodística

 

Dos cuestiones, en el tema de las drogas y la sociedad, deben entenderse palabra por palabra y, además, dejar abiertas las puertas a la conversación lo menos prejuiciosa posible.

 

Si hablamos de drogas estamos mencionando una de las economías informales, secretas, más importante del mundo. La escala es mundial. No es Alto Verde. No son ”Los monos”. Como las armas, los cosméticos, la trata de mujeres y niños, el petróleo y el agua dulce, las proteínas cárnicas y el grano. Escala mundial.

 

Una reciente charla con un juez de la Suprema Corte santafesina, a quien le pregunté sobre el tema, sostuvo que se debería pensar el tema de la legalización. Adhiero, se debería pensar.

 

El primer abordaje absoluto, que molesta pero es necesario es el de la salud. La droga genera una dependencia que altera la salud. Es una enfermedad. La sociedad se enferma.

 

El tabaco provoca cáncer. Todo el tabaco es cancerígeno, incluido el narguile. Más tarde o mas temprano las células pulmonares disparan la alteración genética: cáncer. La sociedad lo entendió como un problema de salud, no quiere más avisos promocionando el tabaco, realiza mensajes preventivos y, básicamente, controla económicamente la venta de tabaco.

 

La nicotina genera dependencia y si paga impuestos la sociedad tiene como devolver los planes de salud y como, básicamente, sostener el equilibrio. No hay trampas. Tabaco. Cáncer. Muerte. Impuestos. Nadie se sonroja. No hay coimas por debajo de la mesa ni venta clandestina. Esa “salud” social está resguardada por la legalidad. Aclaremos: el cáncer de pulmón fue, es y por mucho tiempo seguirá siendo mortal y el tabaco es su causa fundamental.

 

La mayor causa de accidentes de tránsito la provoca la ingesta de alcohol. Las bebidas alcohólicas son causa de esos accidentes. Las estadísticas son puras y duras. Los controles de alcoholemia, los avisos, el conductor responsable, las sociedades para quitar la adicción (alcohólicos anónimos) son parte de un juego social en superficie. El borracho, el alcohólico es un peligro a la salud de la sociedad y, está claro, un peligro a su salud, a su biología.

 

Excepto esta “trampita” de la cerveza artesanal toda bebida con alcohol tiene vigilancia del Estado, paga impuestos y su venta está regulada en horarios y hasta con avisos del grado de alcohol de cada una de ellas. El mundo entero (el Islam tiene sus reglas, como toda sociedad teocrática) consume alcohol y los Estados cobran por ello.

 

Ni el alcohol ni el tabaco suben de precio, en la ley de oferta y demanda, por clandestinidad alguna y tanto uno como otro son drogas adictivas que provocan tragedias personales y colectivas.

 

Se preguntan muchos qué hacemos con las llamadas drogas de diseño. La respuesta es simple. No hay ácido acetil salicílico trucho, Aspirina fabricada en un garaje ni Rivotril sin marca en la pastilla. Los laboratorios se encargan de la patrulla de sus productos. Las drogas de diseño son eso, pastillas truchas porque no pagan impuestos ni hay patentes. Vaya usted a vender Ibuprofeno fabricado en el desván. Imposible.

 

Es difícil terminar con la ilegalidad de la droga... Respuesta: sí. Todos comen de esa carne podrida. Hay una puertita. Las gotas de Cannabis que debemos los argentinos traer de Uruguay o España, porque acá nadie quiere dar el primer paso... y perder el sobre manila con la coima.

 

La nicotina genera dependencia y si paga impuestos la sociedad tiene como devolver los planes de salud y como, básicamente, sostener el equilibrio. No hay trampas. Tabaco. Cáncer. Muerte. Impuestos. Nadie se sonroja. No hay coimas por debajo de la mesa ni venta clandestina. Esa “salud” social está resguardada por la legalidad.

 

Si hablamos de drogas estamos mencionando una de las economías informales, secretas, más importante del mundo. La escala es mundial. No es Alto Verde. No son ”Los monos”. Como las armas, los cosméticos, la trata de mujeres y niños, el petróleo y el agua dulce, las proteínas cárnicas y el grano.




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