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Lunes 05.03.2018
19:52

Mirada desde el sur (por Raúl Emilio Acosta)

Puerto Madero "rosarigasino"

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Mirada desde el sur (por Raúl Emilio Acosta) Puerto Madero "rosarigasino"

Raúl Emilio Acosta

 

Un poco de pasado fugaz

 

Es en la década del ‘90 cuando Rosario decide y puede mirar el río. Era una ciudad portuaria, con camiones, granos, prostitutas y contrabandistas, aprovechados, raterío y pillaje sobre la zona de la costa del Paraná y sus puertos. Los camiones cerealeros esperando noches y días para descargar daban un paisaje y una sociedad. Me parece recordar los fogones a 100 metros del Monumento a la Bandera en noches de vagabundeo juvenil.

 

La decisión (Horacio Daniel Usandizaga de por medio) de acomodarse con el Rey de España y concebir el “Parque España”, re define la zona. La “Ley Rubeo”, que permite pedirle al Estado Nacional tierras que tiene, sin destino aparente, y el cierre de los ramales ferroviarios que vuelve incierto ése destino, permiten al rosarigasino mirar el río. Lo descubre, deja de ser un misterio.

 

El Puente Rosario Victoria es de la misma década. Sólo falta la autopista a Córdoba y Rosario tiene 4 entradas para un turismo finsemanero. Al actor político rosarigasino no le gusta reconocer que Menem lo hizo. Acompañan los que aventuran dineros para construcciones en altura sobre esos terrenos, algunos bien obtenidos, otros simplemente obtenidos. Desde el Puente Rosario Victoria y hacia el centro de la ciudad se desarrollan emprendimientos inmobiliarios y se rescatan avenidas y calles que permiten que el costo del m2 cubierto llegue, en algunos casos, a los 5.000 dólares. Nadie pregunta mucho.

 

Menem lo hizo. Los audaces empresarios y la administración, primero radical y después definitivamente socialista. Todavía siguen discutiendo, en algunos de estos edificios, la razón por la que se transfieren, compran, venden y promocionan con boletos de compra venta y sin escritura. Obvio. Dineros negros que se blanquean, permisos finales que no llegan y premura por volver transparente la oscuridad de los billetes verdes. Es durante el kirchnerismo que esto fue un jardín florido. La intendencia cambiaba de nombres, pero no de ideas. Embellecer la ciudad. Que los privados inviertan. Bueno. Okey.

 

Un Casino y los shoppings forman parte de este plan de reconversión. Chau puerto. Bienvenida ciudad de servicios. Aún se evoca con sonrisas la denuncia de un supuesto almacenero (atrevido y muy simpático) para que otra cadena (Jaguar) no se instale en Rosario y como la intendencia y los concejales aplaudieron la no llegada de un competidor que molestaba a los amigos. En el socialismo también se entendió que una mano lava la otra y las dos lavan la cara. Los concejales radicales, los peronistas y los jueces (tan sin bandera visible, tan... en fin) dieron lustre a este y otros desatinados fallos. Un concejal que ejecutaba físcalmente porque tenía esa concesión en su estudio y un fallo judicial lo protegía. Ambos lados del mostrador. Legalmente autorizado. Rosario es muy particular. Todas las ciudades tienen en su esqueleto secretos e imagino que en todas habrá eso, secretos que sirven al proverbio y consejo del escritor ruso: “pinta tu aldea y pintarás el mundo”.

 

Paisaje siglo XXI

 

Desde el Monumento y hacia Buenos Aires, para que se ubiquen los que cruzan por la avenida costera, hay terrenos hacia el río y hacia la barranca que la avenida corta y define. Hay terrenos de gremios locales (Universitad, los no docentes universitarios) y de empleados del Ministerio de Obras Públicas, del compañero Schmidt. De empresas como Servicios Portuarios, de Prefectura y de la universidad (arriba de todo está el campus conocido como “La siberia”). A todos conviene la revalorización. Algunos son directamente socios. Otros influencias y sobres manila.

 

Esos terrenos y la villa conocida como “villa Necochea”, la villa de “La sexta” o la villa de la Siberia (donde se compraban y se vendían pasa casettes, televisores, cámaras fotográficas y, de hecho, droga, hoy no, de ninguna manera... Já), la villa que los estudiantes tenían / tienen a mano para simular estudios de campo y / o servicios de samaritanos; entraron en un plan nacional de reconversión y una partida asignada en el presupuesto nacional completó la imaginación. La partida no viene pero la espoleta estaba activada. Miguel Lifschitz lo hará.

 

Es en ese conglomerado de varias hectáreas, desde lo alto de la barranca y hasta el río, donde el gobierno provincial decidió sacar la villa de calle Necochea, re ordenar calles, abrir la ilusión y que los sindicatos, ejem, ejem, negocien sus terrenos. La Universidad también.

 

Desde lo alto, con vista al majestuoso río Paraná, nuevas construcciones. Desde lo bajo, ya cerca del río, sin permiso pero sin pausa se talaron árboles, se re ordenaron edificios, se pavimentó sobre terrenos en disputa, se venden sitios para guardar lanchas y se piensa en el porvenir. Completa la historia el adiós a “la zona franca Boliviana”, que ya tiene fecha de partida y no sirvió (nunca, nunca) de mucho. Desde El Monumento y hasta los primeros caseríos de villa Gobernador Gálvez, un límite tan difuso que esa ciudad vota para definir Rosario en cada elección, el porvenir se torna feliz en moneda yanki. Amplios miradores, edificios que tal vez, ahora sí, ya sin el dedo de Julio De Vido y sus secretarios, tengan escrituras homologables, los empresarios de la región inviertan en ladrillos y la zona se reconvierta tal y como sueñan los gobernantes.

 

Es el emprendimiento de la ciudad rosarigasina más importante en cuanto al cambio de fachada. Ya se abandonó el eslogan que la indicaba como la Barcelona argentina. Para mi siempre fue más parecida a Montevideo, sin Juan Carlos Onetti, Heber Pintos, Felisberto Hernández, Viglietti y Zitarroza. La oferta valiosa es Jorge Riestra, Lito Nebbia y el primer Fito Páez. En lo personal sin alguien como Julio María Sanguinetti. Resta una aflicción. En Buenos Aires se le atribuye a Carlos Grosso la impronta de Puerto Madero. Ignoro con cuanto de certeza. También con quien comparar, en estos pagos, esa primera decisión.

 

Una reciente decisión del señor gobernador, Miguel Lifschitz, sobre terrenos que tienen orígenes y dueños mezclados, pone en funciones una vieja idea sobre el Puerto Rosario, su zona menos explotada y el negocio inmobiliario. El Puerto Madero “rosarigasino” ahora sí podría completarse.

 

Ya se abandonó el eslogan que la indicaba como la Barcelona argentina. Para mi siempre fue más parecida a Montevideo, sin Juan Carlos Onetti, Heber Pintos, Felisberto Hernández, Viglietti y Zitarroza. La oferta valiosa es Jorge Riestra, Lito Nebbia y el primer Fito Páez.

 

Menem lo hizo. Los audaces empresarios y la administración, primero radical y después definitivamente socialista. Todavía siguen discutiendo, en algunos de estos edificios, la razón por la que se transfieren, compran, venden y promocionan con boletos de compra venta y sin escritura.


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