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Jueves 24.05.2018 - Última actualización - 11:13
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Venado Tuerto

Conocé a la familia que se dedica a la fabricación de ataúdes

Foto: Transmedia VT.




Venado Tuerto Conocé a la familia que se dedica a la fabricación de ataúdes El rubro no abunda en el departamento General López. El proceso, es en su mayoría manual y “artesanal”. El fuerte de sus ventas, está en el norte del país.

El Litoral | Por Pablo Rodríguez

 

El rubro no abunda en el departamento General López. De hecho, hay solo dos fábricas y están en Venado Tuerto. Radicada en el Parque Industrial, elaboran más de 300 cajones por semana. El proceso, es en su mayoría manual y “artesanal”. El fuerte de sus ventas, está en el norte del país.

 

En la década del 80, la familia Fernández comenzó a incursionar en el rubro industrial. Primero don Abelardo lo hizo como empleado y luego cuando nació su primer hijo, arrancó con el taller propio: había creado su propia fábrica de ataúdes.

 

La empresa, hoy conocida como Se Di Noe SRL, se encuentra desde el 2016 en el Parque Industrial “La Victoria” de Venado Tuerto. Tiene ocho empleados y elaboran casi artesanalmente, entre 80 y 90 “cajones” por semana. Es decir, 320 y 360 por mes, donde el exterior, interior y los acabados finales -con los herrajes y lustrado- pasa por sus manos.

 

Si bien en la ciudad hay otra de similares características, en el departamento General López no abundan. De hecho, las venadenses son las únicas dos en el sur santafesino. Aunque si hay en la zona “pequeños” fabricantes de cajones en “blanco” (madera cruda, sin tratamiento).

 

Usan principalmente madera de álamo y productos nacionales en su mayoría. El fuerte de sus ventas se da en el norte argentino. Comercializan en Salta, Catamarca, Tucumán, Jujuy, La Rioja, Santiago del Estero, Chaco y Corrientes. Sus clientes, son casas fúnebres y cocherías.

 

 

 

 

El legado de papá

 

Sebastián, Diego y Noelia Fernández, son quienes están detrás de la empresa que su papá dejó para ellos. Y es que por esas cosas de la vida, una vez que don Abelardo cumplió su sueño de llegar al Parque Industrial (hace dos años), partió hacia una mejor vida. Pero ese golpe, lejos de desalentarlos les dio más fuerzas y hoy la fábrica creció aun más de lo que el fundador hubiese imaginado.

 

 

Diego (29) apenas terminó el secundario se metió de lleno a trabajar con su papá. Su fuerte es el nexo con los clientes, viajar y recorrer el país con los productos “a cuesta”. Para él, su presente laboral es “un desafío grande y diario”, más allá de lo que implica sostener en cada jornada las fuentes de trabajo y sus productos en el mercado.

 

 

“Mi viejo hizo esto con altas y bajas, buenas o malas del país. Y en el día a día es un orgullo seguir manteniendo a la empresa como lo hizo él durante tanto tiempo”, dijo.

 

 

En cuanto a los inicios, no se olvida que hace 35 años, Abelardo arrancó solo, con la ayuda del hermano “en un galpón 2 x 2” donde además vivía. Ahí empezaron a lustrar, a hacer cajones en horas extras después de otro trabajo, hasta que en un momento se largaron solos.

 

Fábrica de ataúdes en Venado Tuerto

 

 

Hacerle frente a la crisis

 

La realidad del país y el contexto económico no es ajena al rubro. Y es que de los materiales que usan, a raíz de la “disparada” del precio del dólar, las chapas y aluminio que usan, están en cambio de precio constante. “Se pone pesado vender porque a los clientes le pasa lo mismo. Al igual que a los proveedores. Pero hacemos todo el esfuerzo para resolverlo lo mejor posible”, aseguró Sebastián (34).

 

 

Contó que su fuerte es la presencia en la carpintería, a la par de los empleados. Explicó que compran la madera hecha tabla y que cada ataúd es construido desde cero. “Se siguen todos los pasos, uno por uno como nos enseñaron mi viejo y mi tío para terminar el cajón. El producto sale listo”.

 

 

En este sentido, destacó que el grueso de su trabajo es en forma artesanal, porque las tareas se hacen a mano. Es decir, que intervienen muy pocas máquinas durante la elaboración y son los obreros los que arman uno a uno los cofres.  

 

 

Las medidas son estándares, pero también se hacen a pedido. Van desde 0,60 (los llamados “Angelitos”, que son blancos y que nunca quieren hacer) a los grandes de 2,10. Al igual que su hermano, remarca en que la pelean cada día y que siguen adelante.

 

 

“La gente cuando nos pregunta de que trabajamos se sorprende. O incluso cuando abrimos el camión con los pedidos se asustan o se persigan. Se asombran, pero cuando les contamos entienden bien. Y terminan dándonos la razón, remarcando que alguien los tiene que hacer. Y somos nosotros”.  




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