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Domingo 01.07.2018 - Última actualización - 14:57
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Un entrenador que desaprovechó el tiempo y mezcló confusiones e incapacidades

Señor Sampaoli, hay 20 preguntas sin respuestas

Falto de autocrítica y muy difícil para hacerse entender, el técnico de la selección auguró un “gran futuro” para el fútbol argentino habiendo dilapidado a Messi y una generación que se va ensombrecida. ¿Se puede confiar en un personero del fracaso para que sea el de la resurrección y reconstrucción?

Un desastre. El proceso de Sampaoli no sólo terminó en fracaso (fue el peor desempeño de la Selección en un Mundial desde 2002), sino que además estuvo lleno de contradicciones inentendibles. Pero quiere seguir. Foto: Archivo




Un entrenador que desaprovechó el tiempo y mezcló confusiones e incapacidades Señor Sampaoli, hay 20 preguntas sin respuestas ¿Se puede confiar en un personero del fracaso para que sea el de la resurrección y reconstrucción? Falto de autocrítica y muy difícil para hacerse entender, el técnico de la selección auguró un “gran futuro” para el fútbol argentino habiendo dilapidado a Messi y una generación que se va ensombrecida. ¿Se puede confiar en un personero del fracaso para que sea el de la resurrección y reconstrucción?

Enrique Cruz (h) | deportes@ellitoral.com

(Enviado Especial a Kazán, Rusia)

 

“La identidad de la necesidad fue más fuerte que la identidad de la propuesta deportiva. Había una obligatoriedad por ganar y nos generó más atención que la necesidad de involucrarnos en una idea”, dijo Jorge Sampaoli en la conferencia posterior al partido. Así, con esa inclinación constante a tratar de florear sus frases para decir algo que se podría decir más fácilmente —más entendible al menos—, el entrenador de la selección justificó la falta de funcionamiento y de una idea de juego por culpa de la búsqueda de un resultado, como si una cosa (ganar) estaría reñida y enemistada con la otra (jugar bien). Señor Sampaoli: si se juega bien, hay muchas, pero muchísimas más chances de ganar. Todo lo contrario a lo que usted ha querido explicar con ese concepto rebuscado en las palabras.

 

“Lo de hoy fue una frustración, no un fracaso”, fue otra de sus frases. Si lo dijo a manera personal —por lo que para él representa— se puede llegar a admitir. Hasta se podría entender como una aceptación de algo que todos nos dimos cuenta: la falta de capacidad que demostró para manejar esta situación. Ahora, ¿ha sido una frustración para los jugadores?, ¿frustración para Messi? No. Para Messi ha sido un fracaso.

 

Quizás la frustración se la podría haber vinculado a aquellos segundos puestos, a haber perdido la final con Alemania en Brasil, hace cuatro años, jugando un buen partido y hasta mereciendo por momentos la victoria. Pero no para esta temprana eliminación.

 

Ocurre que es una cuestión de espaldas. De espaldas y también de autocrítica, algo que a Sampaoli también le faltó. Las espaldas permiten admitir que cuando uno tiene objetivos que no puede cumplir —y no es que la exigencia apunte exclusivamente a ser campeón—, es que ha fracasado. Y la autocrítica es la que nos lleva a reconocer errores. Y Sampaoli nunca fue claro en admitir equivocaciones, al menos públicamente.

 

1) ¿Cuál fue la utilidad real de los 20 ó 25 entrenamientos que tuvo con el plantel antes de empezar el torneo?

 

2) ¿Qué hizo y qué habló en cada viaje a Europa a reunirse con ellos?, ¿qué les mostró?

 

3) ¿Por qué dijo, luego de Haití, que el equipo se iba a parar con un 2-3-3-2?, ¿broma?, ¿”revolución táctica” pretendida y luego no llevada a la práctica?, ¿en qué cabeza podía caber la idea de jugar con dos defensores?

 

4) ¿Por qué arrancamos con un 4-2-3-1, seguimos con un 3-4-3, continuamos con un 4-3-3 y terminamos con una variante del 4-3-3 pero sin “9”?

 

5) ¿Por qué lo tuvo a Lo Celso como titular en toda la fase previa, en los pocos partidos amistosos que armó y en el Mundial no lo puso un solo minuto?

 

6) ¿Por qué entrenó y jugó con Fazio de titular y después armó defensas que sólo mostraron endeblez y en las que se notó falta de solidez, de entendimiento y de complementación?

 

7) ¿Por qué no supo armar en todo este tiempo un sistema defensivo medianamente sólido o confiable, sobre todo después de las malas experiencias con Nigeria (el año pasado nos “comimos” 4) y con España (este año nos hicieron 6), permitiendo así que a Argentina le conviertan 9 goles en los cuatro partidos de vida que duró nuestro Mundial?

 

8) ¿A qué lo llevó a Dybala si, en el fondo, jamás estuvo convencido en “trabajar” una sociedad con Messi?

 

9) ¿De qué y cómo quiso que jugara Meza, a quien paseó por todos los sectores de la cancha salvo en la defensa?

 

10) ¿Qué fue lo que lo llevó a confiar tanto, durante el Mundial, en Enzo Pérez, si había quedado afuera de los 23? Se lesionó Lanzini, lo buscó y a los pocos días ya era titular. Había dejado de entrenar, estaba de vacaciones y eso le pasó factura.

 

11) ¿Por qué llevó a jugadores que no estaban en condiciones físicas de afrontar una competencia de esta envergadura, caso Biglia?

 

12) ¿Por qué nos quiso convencer a todos de que Caballero iba a ser el arquero titular en el arranque porque “es el que mejor juega con los pies”, cuando la prioridad de un arquero es “atajar” y no “saber jugar con los pies”?

 

13) ¿Por qué se empecinó en apartar definitivamente del grupo a “Chiquito” Romero? Faltaban 20 días para el Mundial. ¿No era para esperarlo?

 

14) Con Mascherano sin continuidad en un alto nivel competitivo jugando de “5” (en China volvió a hacerlo) y con 34 años, más Biglia con una condición física no apta para una exigencia mayúscula, ¿por qué no apeló a otro volante central para tenerlo de reserva y variante? Parecía una cuestión lógica. Y nombres había. Kranevitter, por ejemplo.

 

15) ¿Por qué armó dos partidos de sumo riesgo (Italia y España) en marzo y uno de escasísimo nivel de competitividad real (Haití) en el semestre previo al Mundial?, ¿no se debió manejar con más inteligencia la situación, no sólo en la cantidad (debieron ser más) y en la calidad de los rivales? Se apuntó a los extremos y el costo fue haber sufrido una derrota catastrófica a tres meses de la competencia y la suspensión de un partido que se armó sólo por esa inocultable —e inaceptable— inclinación argentina a las cábalas.

 

16) ¿Por qué no se animó a “agrandarlo” a Pavón en la fase de grupos poniéndolo en algún partido como titular, cuando había acumulado méritos para estar?

 

17) ¿Por qué fracasó con el plan previo que tenía con Salvio y Acuña jugando por los costados?, ¿acaso eran los laterales en los que había pensado para que hagan el ida y vuelta?

 

18) Después de Croacia, ¿fue el responsable único y absoluto de haber armado el equipo ante Nigeria o hay algo de cierto, dentro de todo lo que se ha dicho, en cuanto a que aceptó “sugerencias” y por eso volvió a confiar en los históricos?

 

19) ¿Por qué no se dio cuenta, dentro de tantos viajes, tantos partidos vistos y analizados de los rivales y tantos colaboradores, de algunas cuestiones básicas como por ejemplo lo que pasó en este partido ante la diferencia de velocidad de los franceses?

 

20) ¿Por qué teniendo a Agüero e Higuaín, más la alternativa de convocar a Icardi o a Lautaro Martínez —que no hizo— termina jugando el Mundial sin un “9” y dándole aún más obligaciones a Messi de ser armador, gestor y también el que termine las jugadas adentro del área?, ¿para qué quería desborde en velocidad por los costados si por adentro no iba a tener una referencia en quien apoyar ese juego?

 

La sensación es que malgastamos el tiempo del mejor jugador de este planeta en este siglo: Lionel Messi.

 

Desde aquella Copa América y sin contar los dos oro olímpicos —que no se subestiman pero que tampoco están a la altura, en fútbol, de un Mundial y hasta de una Copa continental— se disputaron 17 torneos a nivel mayores sin que Argentina consiga un título. No me enrolo en quienes creen que sólo sirven los que ganan. Pero sí creo —y esto será merecedor de un artículo aparte y especial— que malgastamos el tiempo del mejor jugador, hasta ahora, de este siglo: Lionel Messi.

 

Mascherano, en su despedida, dijo que “ningún jugador tiene y siente la presión y la responsabilidad sobre sus espaldas como el jugador argentino”. A lo que le agrego que prácticamente lo hicieron solos. ¿Quién los ayudó?, una AFA desnaturalizada, sin conducción y a la deriva del post-Grondona, con una Junta Normalizadora que dejó ir a Martino para contratar a un técnico con una idea futbolística diferente (Bauza) y que no pudo llevarla a cabo porque eran demasiadas las cosas que había que cambiar para que el equipo jugara como él quería. ¿Quién tiene la culpa?, ¿Bauza o el que lo eligió?

 

Sampaoli no tuvo autocrítica en sus dichos como tampoco tiene espalda para ser el hombre que encabece la renovación, después de tantas contradicciones y equivocaciones.

 

La cara de Messi antes de Croacia lo decía todo. Y era el reflejo de una acumulación de hechos, que fueron los mismos que lo llevaron a descargar quejas por los viajes cuando se jugó la Copa América de Estados Unidos, a renunciar una vez y a volver, empecinado en esa idea de tratar de sacarle jugo a las piedras. Y de las piedras no salió jugo, como no podía ser de otra forma teniendo un cuadro de conducción que no estaba a la altura ni de lo que él representa, ni de lo que esta generación de jugadores está en condiciones potenciales de brindar ni tampoco de lo que la exigencia de la competencia obliga.

 

Jugar bien y en equipo, con un proyecto serio y respaldado desde arriba, sin obstáculos en el camino, con coherencia y sin pretender convertirse en “padres” del mismo, es algo que en el fútbol argentino cuesta mucho entender. Por eso, basta con ir a un simposio de fútbol en la Conmebol para escuchar, en forma unánime, que Argentina lo tuvo con Pekerman y que Uruguay hoy lo lleva a cabo de la mano de un hombre de 71 años como Tabárez, a quien en nuestro país seguramente esquilmaríamos tratándolo de “viejo”, de “antiguo” o de “otra generación” para bocharlo. Alguna vez pasó con el Coco Basile, ¿se acuerda?

 

Pasó, sin gloria. Ser subcampeón del mundo es un gran mérito, pero lo triste es que el mejor de la última década (¿y de toda la historia?) no pudo lograr título alguno con la selección mayor. Lamentable. Foto: Archivo

 

 

Ni Jorge Sampaoli como entrenador ni Chiqui Tapia como presidente de la AFA representan hoy al fútbol argentino. Son ocasionales mandatarios de un proceso con un tilde de fracaso que arrolló a esta generación de jugadores en el cierre de la misma, pero que obliga a una revisión total de las estructuras de mando y de qué se quiere hacer, en realidad, con el fútbol argentino todo.

 

Es muy fácil hablar de “renovación”. Fácil porque es algo natural y que se iba a dar aunque hayamos salido campeones del mundo, objetivo disparatado que era imposible de darse si el fútbol, en algún momento, se ponía lógico y coherente. Pasar la primera fase ya fue una bendición para atenuar lo que hubiese sido una catástrofe. Y es posible que la manera en que se perdió, con esa imagen final sobre todo, también sirva de catarsis para algunos. Lo de Francia no fue lo de Croacia, eso está clarísimo. Pero el análisis profundo que se debe hacer, es que ni Tapia ni Sampaoli pueden ser los abanderados de la renovación y de los “futuros nuevos vientos” para el fútbol argentino. La dirigencia en general, gran responsable de este fracaso por lo que pasó en los últimos cuatro años (del 38 a 38 y, de ahí para abajo, lo que se pudiera imaginar), tiene que realizar un profundo análisis y quizás escuchar nuevas ideas sin atornillarse a las mezquindades y ambiciones que les otorga el poder. Y en cuanto al entrenador, Sampaoli demostró que no estuvo a la altura de lo que se jugaba el fútbol argentino y dilapidó la chance de dirigir al mejor jugador del mundo, sin armarle algo medianamente coherente en lo colectivo que lo pueda ayudar. Y sin esa capacidad, ¿puede convertirse un personero del fracaso en un personero de la resurrección y reconstrucción?

Sampaoli no tuvo autocrítica en sus dichos como tampoco tiene espalda para ser el hombre que encabece la renovación, después de tantas contradicciones y equivocaciones.


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