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Jueves 05.07.2018 - Última actualización - 9:57
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Mano a mano con Marcos Flores en Moscú

"En Unión aprendí a desayunar té sin azúcar con pan duro"

Estuvo a punto de alcanzar la gloria cuando se perdió aquella promoción contra Gimnasia de Jujuy en el 2008. “Ese fue mi último partido en Unión, porque ví que a Claudio Gugnali le soltaron la mano”, dice. Se le pone la “piel de gallina” cuando recuerda el “Vamos los pibes” que cantaba la hinchada tatengue. Una charla rica en anécdotas y conceptos de un trotamundos que hoy vive en Moscú.

De madre cordobesa y padre sanjuanino, llegó a Unión desde Reconquista. “En la pensión primero y con Claudio Gugnali después, aprendimos a amar a la camiseta”, cuenta con emoción. Foto: El Litoral




Mano a mano con Marcos Flores en Moscú "En Unión aprendí a desayunar té sin azúcar con pan duro" Estuvo a punto de alcanzar la gloria cuando se perdió aquella promoción contra Gimnasia de Jujuy en el 2008. Estuvo a punto de alcanzar la gloria cuando se perdió aquella promoción contra Gimnasia de Jujuy en el 2008. “Ese fue mi último partido en Unión, porque ví que a Claudio Gugnali le soltaron la mano”, dice. Se le pone la “piel de gallina” cuando recuerda el “Vamos los pibes” que cantaba la hinchada tatengue. Una charla rica en anécdotas y conceptos de un trotamundos que hoy vive en Moscú.

Enrique Cruz (h) | (Enviado Especial a Moscú, Rusia)

 

“Caminemos despacito porque anoche fui a jugar un partido de 7 contra 7 con los chicos de Unión Rusia. Y en una jugada me doblé el tobillo. ¿A ver…? No, estoy bien. El tobillo es fiel, siempre se la banca”. Con Marcos Flores entrábamos a la imponente Plaza Roja de Moscú en un día fresco y lluvioso, más otoñal que de verano y sin esa congestión de gente de todo el mundo que no deja de caminar por ese empedrado mítico e histórico. El café prometido terminó siendo de casi tres horas que volaron. Había mucho para hablar con este ex Unión.


-Casi ascendiste y pasaste a la historia. ¿Pensás que la gente de Unión se sigue acordando de vos?


-Creo que sí. Sin querer y sin saberlo, aquél día de la promoción con Gimnasia de Jujuy fue la última vez que me puse la camiseta de Unión y la última vez que jugué en Argentina. Tenía 21 o 22 años. Y hace diez que me tomé un avión y le dije a mi mamá: “No vuelvo más”. El fútbol me llevó a países inhóspitos, no me arrepiento.


-Ya volveremos a Unión, pero fuiste a ver algunos partidos en este Mundial. ¿Fue un fracaso lo de la selección?


-Siempre quise despejarme del veneno que venimos consumiendo de esta desalentadora actualidad de la Afa. ¡Me dio pena, loco!. Me dio angustia verlo a Messi desalmado, con una estructura imposible de crear magia. Pero estoy orgulloso por la gente…


-Bueno, en eso fuimos campeones del mundo…


-Yo tuve la suerte de estar en el 15 de Abril lleno el día que debuté contra Tiro Federal y escuchar ese “Vamos los pibes”. Y te puedo asegurar, hermano, que era la canción la que me impulsaba y me hacía correr. Y acá fue igual. Fue la gente la que lo llevó a Rojo a jugar de “9” y meter el gol contra Nigeria en San Petersburgo. Contra Francia éramos los locos de la plaza peleando contra Tyson. Era todo un desorden. El tema, ahora es ver cómo reorganizamos esto. Fijáte lo que es Moscú ahora… Los argentinos seguimos acá pero estamos pidiendo un café con medialunas, ¿me entendés? Está fria y triste la ciudad, parece que es invierno. No tiene el delirio que le poníamos los argentinos, por más que todavía estemos dando vueltas por acá.


-Obvio que es así. ¿Cuál es tu foto final de tu paso por Unión?


-Maldigo no haber tenido la tecnología que hay ahora para filmar lo que éramos los jugadores y Gugnali en el chárter de regreso desde Jujuy, cuando perdimos la promoción con Gimnasia. Eramos nenes derrotados, tristes, que teníamos un sentido de pertenencia tal que no nos importaba si nos pagaban o no. Ese día entendí que había sido mi último día en Unión.


-¿Por qué?


-Porque ese día, Unión le soltó la mano a Gugnali. Y sin él, iba a ser imposible competir. Las campañas posteriores lo reflejan. Unión tuvo su propio terremoto después de que se fue Gugnali y de esa final, hasta que se reorganizó. Sentí que si no me iba ahí, no me iba más, porque yo quería demasiado a Unión. Y la otra foto que me queda es ese rebote que me quedó y se la dí a las manos a Nereo. Me quería morir… ¿Sabés por qué?, porque yo me crié en Unión, desayuné té sin azúcar y pan duro. Aprendí a tener hambre sin razón, porque mi viejo, que falleció en febrero, era médico ginecólogo y si algo no faltaba era la comida. Pero en la pensión de Unión aprendí eso, aprendí a amar la camiseta con Claudio Gugnali y me forjé como persona. Venían las madres de patín a darnos de comer, eso hoy, a la distancia, me emociona y no lo olvido.

 

-Y ahí te convertiste en ciudadano del mundo…


-Australia, China, Indonesia, Estados Unidos y Rusia. Recorrí el camino que menos huellas tenía. Nadie miraba el “Fox de Australia” cuando yo era el mejor jugador de esa liga o el “Olé de Indonesia” cuando también andaba muy bien. Pero no me quejo. Aprendí de todo, ¡hasta hacer una arenga en el vestuario en indonés!... Pero claro, ¿quién se iba a fijar en mí si jugaba ahí?


-En Unión jugaste de enganche. ¿Y después?


-Me tuve que hacer doble cinco aguerrido o media punta, como cuando en Newell’s jugaba detrás de “Tacuara” Cardozo. Ya en aquél tiempo, cuando aparecí en Unión a los 19 años, el enganche estaba en desaparición. Sólo Riquelme quedaba.


-¿Te acordás el día del debut?


-Oyeras me manda al banco y lo llamo a mi viejo para decirle que por fin iba a entrar, porque Cachín Blanco me llevaba y me dejaba casi siempre afuera del banco. Me tragué el chicle cuando el profe me avisó que intensificara porque iba a entrar. En la primera pelota lo veo solo al Picante Pereyra y se la meto en profundidad. Yo quería que hiciera el gol porque los enganches estamos para eso, para asistir a otros para que la metan. Y después, ganábamos 2 a 0, el Sapito Cúder pateó al arco, el arquero dio rebote y yo, que estaba corriendo como un loquito por todos lados, aproveché y la empujé. Me saqué la camiseta en el festejo… No había necesidad, porque estábamos 3 a 0 (risas).


-Nombrame tres personas de las que jamás te podrás olvidar en Unión.


-Cuatro. Carlos Mazzoni, que me entrenó en la sexta; Claudio Gugnali; María Inés, la chica de prensa de Unión, que nos prestaba la oreja a todos esos chiquitos que veníamos de lejos y la “Pepa” Armando… La “Pepa” me agarró un día contra un árbol y me dijo: “Marcos, te quedás llorando acá o ya mismo te levantás y sos ejemplo para los que vienen detrás tuyo”. Jugábamos contra Huracán en Buenos Aires y metí dos goles.


-Antes de perder ese ascenso con Unión, estuviste en Newell’s y el presidente era Eduardo López, que hace poco falleció, ¿sabías?


-La verdad que no… Tipo duro… Te voy a contar una anécdota: el día que le fui a pedir el pase me hizo esperar nueve horas en la oficina. Pasaron quince personas antes que yo. Me había quedado solo, porque Passet, mi representante de turno, no me atendía el teléfono y no me acompañó. Hasta que López por fin me atendió. Quise cerrar la puerta y no me dejó. Me acuerdo que estaba vestido de traje, botas azules, tres paquetes de cigarrillo arriba de la mesa y el humo tirándoselo encima de la barba. “¿Me puedo sentar?”, le pregunté. Y no me contestó. Imagináte, tenía 19 años y estaba enfrente de un tipo que le había hecho frente a Aguilar y al Burrito Ortega. Yo la única vez que le hice frente a alguien fue al Pájaro Domizzi, cuando estaba en Unión, para decirle que me iba a Bariloche… Empecé a temblar y me dio confianza cuando me llamó por el nombre. “Bueno, por lo menos me conoce”, fue lo primero que pensé. El quería que me fuera a Tiro Federal y yo quería volver a Unión. Te lo juro que dejaba el fútbol si no me daba el pase. El tipo me miró y vio que me temblaba la voz y estaba casi lagrimeando. “Es tu error”, me dijo. ¿Sabés qué era lo peor?, ¡que en Unión nadie sabía que yo estaba haciendo eso! Menos mal que Carlos Trullet me abrió las puertas cuando lo llamé antes de viajar a Mar del Plata para la pretemporada. ¿Y si me decía que no?. Entonces, López volvió a tirarse humo encima y me dijo: “Te vas a préstamo y sin opción, ¿entendiste? Y te estás equivocando”. Me levanté y le dí la mano. Ahí me la apretó fuerte y me dijo: “Tranquilo, yo no te voy a hacer daño a vos”. Y cuando me estaba yendo le pregunté si tenía que darle su teléfono a algún dirigente de Unión para arreglar. ¿Sabés qué me dijo?. “Marcos, nadie de Unión habló por vos conmigo. Por lo menos, que abran la guía telefónica”.


-¿Qué querés ser o hacer?


-Jugar un año más, porque tengo 32 años. Y luego, me estoy preparando para ser entrenador. Y me estoy preparando en lo humano, hermano. Antes creía que la táctica era el 70 por ciento. Hoy te digo que no. Sentáte con un jugador a tomar mate y decile: “Monstruo, por tu vieja y por tu hermano, necesito que llegues antes a esa pelota”. Y el jugador llega. Dejáte de joder con los pizarrones y los drones.


-Dejá de lado el drone, pero me parece que tiene que haber un equilibrio. O al menos, las dos cosas tienen que estar presentes…


-Está bien, es verdad. Pero te voy a dar un ejemplo: Uruguay. Los tipos tienen dos títulos del mundo y quince Copa América pero no viven del pasado. Ganan el grupo en la copa pero no se quedan con eso. Agachan la cabeza y siguen igual. Son tipos serios, humildes, laburadores, si la tienen que reventar la revientan y si tienen que jugar, juegan. Eso me emociona y me conmueve. Pero me voy a preparar. Iré a seis países a perfeccionarme.


-¿A cuáles?


-Voy a ir al Ajax de Holanda y al Bayer Munich para empezar. Fijáte que no te nombré al Barcelona y al Real Madrid, donde también iré. Y después, a Africa. 


-¿Y volver a la Argentina para terminar la carrera ahí?


-Sería otra vez lo mismo, volver a empezar, arrancar otra vez de cero como siempre, irme a jugar lejos, al sur o a un equipo con problemas y para jugar un torneo desorganizado… No lo veo.


Los lentes y la barba forman parte de su actual “look”. El equipo de mate que lleva con él, lo mantiene siempre cerca de sus afectos y sus entrañas (las deportivas y las de la vida). Se le iluminan los ojos cuando habla de Unión y los recuerdos abundan. Los buenos y los malos, porque de eso se trata la vida, de una acumulación de pequeños éxitos  y fracasos mientras el tiempo va pasando. Marcos Flores sigue siendo Marquitos. Y nunca dejará de serlo.



Firmado, Marquitos 

    

“Yo exploté en Australia. Un polaco me ayudó a formar mi físico y a los 24 años volaba y no me volteaba nadie”.


“El país más exótico que transité fue Indonesia. A las 4 de la mañana me despertaba un parlante que había en las iglesias para que todos rezaran. Es un país muy musulmán. Paraban cuatro o cinco veces al día para rezar”.


“Yo no quería ir a Newell’s porque en Unión no había explotado. Nery Pumpido me daba 5 o 10 minutos y un día me pone contra River. Jugamos bien pero perdimos 2 a 1 y Nery se fue. Ahí, Newell’s estuvo peor que lo que está hoy la Afa. Nunca más volví a hacer fútbol en las prácticas. Ahí me volví a Unión”.


“Un croata me llevó a China a jugar. Me dijo: “esto es para vos”. ¿Todo?, le pregunté. ‘Sí, todo. La comisión mía es aparte y la arreglo yo con el club’. Tenía 25 años, venía de un lugar muy perfecto como Australia, era como Riquelme en Boca, no erraba un pase. Y me fui a un país durísimo y a un equipo a pelear el descenso. Tenía que andar con el traductor del teléfono o mirando los platos de comida por las fotos que tenía el menú, porque no  entendía nada”.


“Siempre fui medio bicho raro, ando con la guitarrita para todos lados, nunca le dí bolilla a la palmada ni me la creí. En China viví en una ciudad de 10 millones de habitantes en la que había 35 extranjeros, nada más. Me acuerdo que me ayudó mucho un brasileño. Al segundo o tercer partido me lesioné el isquiotibial y me querían meter una inyección con una aguja enorme que habían utilizado con otras personas. Eso me impactó mucho y creo que por eso demoré más de la cuenta en recuperarme. Pero aguanté un año y medio ahí”.


“Una vez jugué un partido en Hiroshima y conocí el lugar donde explotó la bomba. Dios quiso que sólo quedara en pie el edificio en el que cayó la bomba y el hospital. Después, arrasó con todo. Lo del hospital fue un designio de Dios. Tengo una foto en ese lugar y parece Nueva York o Miami ahora. Es increíble cómo se recuperaron en 70 años”.


“Ahora se hace viral que los japoneses se quedan a limpiar las cosas que tiran al suelo en los estadios de la copa. Comprá un libro que hable de la cultura japonesa y vas a ver que no es para sorprenderse”.


“Un día, mi viejo le dio un billete a un tipo que estaba pidiendo en la calle. ‘¿Qué hacés?, ¿cómo le vas a dar tanto?’, le dije. Me encerró en el auto y me dijo: ‘Es la última vez que hacés esto, ¿me escuchaste? Este tipo no tiene para comer, ¿entendés? Es la última vez que me hacés esto porque no es lo que te enseñé’, me dijo. No lo olvidaré nunca más en mi vida”.


Pasaron 10 años 


Unión jugó la Promoción por el ascenso a Primera ante Gimnasia de Jujuy en junio de 2008. El partido de ida terminó 1 a 1 en el 15 de Abril, con goles de Carranza para Gimnasia y Serrizuela para Unión, en la vuelta ganó Gimnasia 1 a 0 con gol de Arraya y siguió en Primera.


En ese partido, Unión los jujeños formaron con Nereo Fernández; Héctor Desvaux, Gabriel Loeschbor y Federico Acuña; Marcelo Quinteros, Daniel Ramasco, Facundo Pérez Castro, Ricardo Gómez y Matías Miramontes; Luis Escalada y César Carranza, dirigidos por Omar Labruna.


Por su parte, Unión lo hizo con Luis Assef; Fernando Fontana, Renzo Vera, Marcelo Mosset y Walter Yacob; Martín Zapata, Juan José Serrizuela, Jorge Torres y Marcos Flores; César Pereyra y Leandro Zárate, dirigidos por Claudio Gugnali.


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