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Sábado 07.07.2018 | Última actualización | 14:33
14:28

Ahora, el Mundial se parece a una Eurocopa

Semifinales sin sudamericanos: ¿casual o causal?

Uruguay hizo lo que pudo ante una Francia que juega bien y que es un equipo con buenos jugadores y no con “salvadores”. Brasil mereció otra cosa. Ninguna de las eliminaciones se acercan, en cuanto a la sensación de fracaso, a la nuestra.

Uno con fútbol, el otro con garra. Brasil dejó el torneo mucho antes de lo previsto pero jugando muy bien e incluso mereciendo el empate. Uruguay, en tanto, se vio superado por Francia, pero con su habitual espíritu de equipo niveló fuerzas. En ambos casos, muy lejos de lo escaso que mostró Argentina. Foto: Xinhua / DPA


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Ahora, el Mundial se parece a una Eurocopa Semifinales sin sudamericanos: ¿casual o causal? Ninguna de las eliminaciones se acercan, en cuanto a la sensación de fracaso, a la nuestra. Uruguay hizo lo que pudo ante una Francia que juega bien y que es un equipo con buenos jugadores y no con “salvadores”. Brasil mereció otra cosa. Ninguna de las eliminaciones se acercan, en cuanto a la sensación de fracaso, a la nuestra.

Enrique Cruz (h)deportes@ellitoral.com

(Enviado Especial a Nizhny Nogvorod, Rusia)

 

Sala de Prensa del estadio. Ya la victoria de Francia -y buena actuación de los galos- es historia y hasta parece lejana. Todos ahí. Frente al televisor y viendo la desgracia de Brasil, echándolo de menos y viendo de qué manera se estaban yendo de la Copa. Apostaba mis fichas a Brasil. No por quererlo ni desearlo. Sólo porque lo veía bien. Y porque a esta altura de las cosas, uno se va conformando con lo que va quedando. Y quería ver un choque Brasil-Francia. Dos equipos que juegan al fútbol, que no dependen exclusivamente de una individualidad y que, lo suponía, iba a ser como una final anticipada.

 

No pudo ser. Y así como se fue terminando rápidamente el sueño de Argentina, también se sucedieron el de Uruguay y el de Brasil. No lo nombro a Colombia porque no creo que Pekerman -ovacionado a su llegada a Bogotá de regreso luego de caer por penales ante Inglaterra- haya tenido ansias y posibilidades de llegar alto. Tampoco Perú, que a lo sumo podía pretender pelear un segundo puesto después de 32 años de sequía mundialista. El golpe más fuerte fue el de Argentina. El fracaso más duro también, aunque esto de Brasil casi lo equipara.

 

Tité le cambió la cara a Brasil. Le cambió la cara, el espíritu y su fútbol. Venía todo mal desde el 7 a 1 del 2014 en la semifinal con los alemanes. El arranque de las Eliminatorias no había sido bueno. Tité puso enseguida manos a la obra. Mando natural y a través del afecto. Esa fue su fórmula para encaminar a un grupo de jugadores a los que no hay que enseñarles a jugar al fútbol, sino organizarlos y demostrarles que el único camino posible es el de la unión grupal y de objetivos, entendiendo que el equipo está por encima de las individualidades. Y lo demostró el día que en la conferencia de prensa le preguntaron a Neymar por las críticas del técnico mexicano (había dicho que se tiraba mucho, fingía y exageraba). Tité lo tocó fraternalmente del brazo y lo interrumpió cuando Neymar iba a contestar: “Esto es cuestión de jerarquía, el jugador contesta al jugador y el entrenador contesta al entrenador. A esa pregunta la voy a contestar yo”, dijo Tité. Clara muestra de quién manda en el plantel. Y Neymar asintió.

 

Uruguay tiene un prócer llamado Oscar Tabárez. “El Maestro es el responsable de todo lo bueno que le está pasando a Uruguay. Si él no estuviera, Uruguay tampoco estaría en el Mundial”, comentan los colegas uruguayos cuando El Litoral intenta indagar sobre este hombre que no puede caminar y apenas si se apoya en su bastón para pararse una o dos veces por partido a dar alguna indicación. Llegó hasta donde podía llegar. “La camiseta celeste quedó azul (por la transpiración de sus jugadores). Pero está claro que corriendo y metiendo no se ganan los partidos, sino jugando al fútbol”, decían ellos mismos, admitiendo que la garra uruguaya es un sello, pero no la panacea ni la gran verdad. Adentro de la cancha, generalmente, ganan los que juegan bien, no los que corren.

 

Y después estamos nosotros, aún desangrándonos con el fracaso, pateando miserias, echando culpas al de al lado, jugando al desgaste con el técnico que los incapaces dirigentes fueron a buscar y embalaron para que rompa su contrato con el Sevilla de España. La pregunta que me hago es: ¿tendrán algún candidato potable, jerarquizado y que se haya ganado el derecho y el honor de dirigir a la selección en el nuevo proceso? Dudo. Y como si esto fuera poco, aparece Armando Pérez, otro de los que mostró incapacidad para encarrilar a la AFA cuando presidió la Junta Normalizadora, diciendo que le había “aconsejado” al Patón que “ni hable con Messi” cuando lo eligió para que dirija a la selección. Sin palabras.

 

Con Brasil, Uruguay y Argentina afuera, el fútbol sudamericano que se pretende valorizar e impulsar otra vez a los primeros planos, sigue con sus acciones en baja. “Argentina tiene que volver a ser un ejemplo y una potencia. Pero permitime que me tome el atrevimiento de decir algo: no vivan del pasado. Maradona ya tiene casi 60 años y no se puede ni mover. Maradona ya fue hace rato. Y esta generación de jugadores también pasó. Piensen de acá hacia el futuro y hagan las cosas con humildad y sabiduría, como alguna vez lo hicieron”, era la sugerencia respetuosa de otro uruguayo. Con bastante de razón, por no decir toda.

 

Ví en el estadio de Nizhny el partido de Francia con Uruguay. Juega bien Francia. Deschamps es un técnico confiable para sus jugadores. Ganador, tanto adentro de la cancha (fue el capitán del campeón del mundo de 1998) como afuera. Es un equipo. Tiene variantes, suelta bien a los marcadores de punta, tiene dos volantes de equilibrio en el medio que le dan libertad a Pogba, Mbappé, Griezmann y Giroud para que dediquen el 80 por ciento de sus energías a jugar y a llegar. Son muy buenos jugadores, algunos desequilibrantes y, en el caso de Mbappé, con un tremendo futuro, pero que trabajan en equipo y para el equipo. No para su lucimiento personal. Ni tampoco para ser salvadores.

 

Eric Cantona, aquel destacado y controvertido ex jugador, fue siempre duro con Deschamps. Le critica ser defensivo. ¿Defensivo Francia? Nada que ver. Francia es un equipo que no se desespera por manejar los partidos a través del control de la pelota, sino que intenta ser vertical, vertiginoso y preciso para atacar. Lo hace bien. Y además, ¿para qué quiere tener tanto la pelota?, ¿para ser como Argentina, como España o como Alemania, que se cansaron de tenerla y tenerla para lateralizar y jugar como si la cancha o los goles se hicieran en los costados y no en los arcos?

 

El mejor elogio para Deschamps es que se transformó en un dominador de egos, en un técnico que no soportó que alguien pretendiera ser más que el todo y así se encargó de dejar en claro que el equipo está siempre por encima de las individualidades.

 

Las eliminaciones de Brasil, Uruguay, Perú y Colombia son distintas a la nuestra. Dolerá para los brasileños porque ellos están acostumbrados a ganar siempre. Pero perder injustamente como les pasó, maquilla la frustración. Uruguay se fue con la cabeza en alto, mientras que Colombia y Perú no tenían demasiadas expectativas que las conseguidas. El gran fracaso fue el nuestro, sin dudas. Máxime habiendo recibido tantos goles, producto de una desorganización que exime de comentarios. Nada se logró en función de equipo. Jugamos a la ruleta rusa esperando que un solo jugador nos salve. Nada que ver con la filosofía y el librito de Deschamps, quien jamás aceptaría que un solo jugador esté por encima del equipo.

 

¿Cuánto se gana en un Mundial?

 

La campaña de Uruguay en el Mundial de Rusia generó alrededor de U$S 17 millones para las arcas del fútbol uruguayo y por aquellas tierras varios se frotan las manos soñando con el reparto. Lo mismo ocurrió con los brasileños.

 

En el caso de los que clasifican a las semifinales del Mundial, el cuarto recibirá U$S 22 millones, mientras que el tercero cobrará U$S 24 millones. El campeón embolsará un premio de U$S 38 millones al tiempo que el vicecampeón cobrará U$S 28 millones.

 

A todo esto, la AFA cobró 12 millones de dólares por haber jugado la instancia de octavos de final de la Copa: 8 por jugar los tres primeros partidos de la fase de grupos y 4 más por clasificar a octavos.

 

Mientras tanto, la misma AFA que acompañó a Sampaoli para que rescinda el contrato que tenía firmado con Sevilla (recordar el viaje de Daniel Angelici a España para efectuar ese “trámite”, hace poco más de un año), ahora está jugando al desgaste del entrenador para que no presione para cobrar todo el contrato (cerca de 20 millones de dólares, que vence en 2022).

Además tenés que leer:

Este miércoles, desde las 15 (hora de nuestro país), se juega la segunda semifinal del Mundial en el estadio Luzhniki. Allí se miden dos inesperados protagonistas, que pondrán frente a frente sus anhelos de llegar a la gran definición del domingo.

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