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Viernes 13.07.2018 - Última actualización - 7:24
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Simplemente, Diego Armando Maradona

El hombrecito que sembró alegría en el pueblo y regó de gloria este suelo

Su imagen se proyecta eterna, a manera de leyenda, de mito viviente y hacedor de proezas que se tornan definitivamente inalcanzables para los mortales. “Barrilete cósmico, ¿de qué planeta viniste?”, se preguntó Víctor Hugo Morales segundos después de aquél golazo a los ingleses hace 32 años. Y es la pregunta que siempre nos haremos.

Con Diego en Moscú, en una de las torres llamadas “las siete hermanas” que Stalin mandó a construir. Allí graba “De la mano del 10” con Víctor Hugo Morales. Foto: El Litoral




Simplemente, Diego Armando Maradona El hombrecito que sembró alegría en el pueblo y regó de gloria este suelo Su imagen se proyecta eterna, a manera de leyenda, de mito viviente y hacedor de proezas que se tornan definitivamente inalcanzables para los mortales. “Barrilete cósmico, ¿de qué planeta viniste?”, se preguntó Víctor Hugo Morales segundos después de aquél golazo a los ingleses hace 32 años. Y es la pregunta que siempre nos haremos. Su imagen se proyecta eterna, a manera de leyenda, de mito viviente y hacedor de proezas que se tornan definitivamente inalcanzables para los mortales. “Barrilete cósmico, ¿de qué planeta viniste?”, se preguntó Víctor Hugo Morales segundos después de aquél golazo a los ingleses hace 32 años. Y es la pregunta que siempre nos haremos.

Enrique Cruz (h) | (Enviado Especial a Moscú, Rusia)

 

“En una villa nació, fue deseo de Dios, 
crecer y sobrevivir a la humilde expresión. 
Enfrentar la adversidad 
con afán de ganarse a cada paso la vida…”.

* * * * *

En 1947, la ciudad de Moscú cumplió ocho siglos. Stalin mandó a construir ocho rascacielos iguales. Siete de ellos están en pie y se conocen como “las siete hermanas de Stalin”. Algunos son más altos que otros, pero la fisonomía es la misma. El grupo de arquitectos que construyó los rascacielos jamás tomó contacto alguno con Stalin. Al menos se salvaron de aquellos que construyeron la famosa Catedral de San Basilio que preside la Plaza Roja y es el motivo indudable y obligado de las fotos de aquellos turistas o viajeros que llegan a esta ciudad. A ellos, los que construyeron la Catedral de San Basilio, les arrancaron los ojos para que nunca más pudieran construir algo igual en otra parte del mundo. El avance y el modernismo hicieron que hoy haya otros rascacielos más altos que las “siete hermanas” y que dibujan en la vista de todos una fuerte contradicción entre el capitalismo vigoroso y aquel gris que predominaba con firmeza en los tiempos de la ex Unión Soviética. Pero en una de las “siete hermanas” está el hotel Ucrania. Y en ese hotel está Diego Armando Maradona, quien en el atardecer de todos los días graba el programa que se emite por Telesur junto a Víctor Hugo Morales.

 

“Muchachos, voy a hablar con Diego. Entiendan que tiene compromisos de exclusividad ineludibles, pero haré que pueda atenderlos”, fue la voz de Víctor Hugo Morales, con quien gracias a este derrotero laboral que comparto con Néstor Clivati, el colega rafaelino, tuvimos la posibilidad de conversar largo y tendido de fútbol hace unas semanas en el hotel donde se aloja en la bella zona de Arbat, en esta ciudad, y en la que elogió muchísimo a Leonardo Madelón e hizo una pintura tan precisa de Colón que vale la pena reiterarla: “A mí siempre me gustó verlo a Colón, porque me encanta su fútbol, me encanta cómo juega. Pero me da la impresión de que Colón es como cuando uno espera la llegada de la chica y esa chica nunca llega. Y uno espera y espera, porque cree que va a llegar, pero nunca llega”, haciendo referencia a las veces que el equipo estuvo cerca, a lo largo de estos últimos 20 años, de estar metido en serio en la conversación por un título y al final siempre algo le pasó.

 

* * * * * *

 

“…En un potrero forjó una zurda inmortal 
con experiencia sedienta ambición de llegar. 
De cebollita, soñaba jugar un Mundial 
y consagrarse en Primera, 
tal vez jugando pudiera a su familia ayudar...”

 

* * * * * *


El hotel Ucrania tiene su piso 11 reservado para la Fifa. Su altura es de 206 metros, tiene 34 pisos y es uno de los más grandes de Europa. Alberga unas 500 habitaciones, muchos restaurantes, bares y una piscina de 50 metros. Tiene una atracción muy particular: una maqueta de la Plaza Roja y el Kremlin como era en 1970, casi idéntica a la fisonomía actual. Es gigante, se pueden prender luces de los distintos edificios y dependencias y se escuchan por auriculares las características generales de cada uno de ellos.

 

Beatriz, la simpatiquísima esposa de Víctor Hugo, ofrece de anfitriona y como pez en el agua se mueve manejando la situación. “Diego está demorado para la grabación, cuando termine los atiende”, dice. La cita era a las 18.30, terminó siendo cerca de las 21. No importó nada. Lo que iba a ser antes, terminó siendo después. Daba igual.

 

Casi una hora después de lo previsto, llegó Diego a la grabación. Remera azul y pantalón al tono. Bien informal, sonriente y cara resplandeciente. Parados a un costado de la habitación 1146 (donde se construyó el set de grabación), miramos su paso tranquilo por el largo pasillo. El saludo que iba a ser sólo de “buenas tardes” para ni siquiera obstaculizar un segundo su camino hacia la habitación, terminó siendo el de un cálido y firme apretón de manos que el propio Maradona dispensó a cada uno. “Como verán, muchachos, mis siestas se hacen un poco largas”, nos dijo, feliz y con el rostro bien descansado. Alargando la primera “a” de la palabra largas, como para que no quede ninguna duda del “siestón”, en ese mismo hotel del cuál prácticamente no sale y sólo ha ido a los partidos de Argentina bajo fuertes medidas de seguridad.

 

Firmando al enviado de El Litoral esa camiseta celeste y blanca que llevó hasta lo más alto, escribiendo la historia de gloria más importante y feliz del viejo y querido fútbol argentino. Foto: El Litoral


Diego es una “celebrity” y recibe ese trato. No cualquiera entra al hotel y mucho menos a ese piso 11. La Fifa lo tiene como una de sus leyendas. Después de haber enfrentado al poder durante tanto tiempo, sobre todo luego de aquella epopeya de México ’86 y tras las fuertes sospechas, denuncias y algunas confirmaciones de corrupción en este negocio mega millonario y de dimensiones desconocidas que es el fútbol, Gianni Infantino fue el hombre que le hizo cambiar el discurso a Diego. Tanto, que luego de Colombia-Inglaterra, cuando dijo que “vimos una Fifa vieja y arreglada. Cuando hablé con Infantino dije que se iban los ladrones y los arreglos, pero hoy vimos un robo monumental”, y tras la respuesta de la Fifa a esas acusaciones que parecían romper la relación, llegó el pedido de disculpas de Diego hacia Infantino en particular y hacia los árbitros en general, pues aquella expresión de “robo monumental” se dirigía hacia lo que había sido el arbitraje de ese partido.

 

Infantino lo dijo claramente: “Maradona es un amigo, un amigo mío, un amigo de la Fifa, un embajador de la Fifa, porque si la Fifa quiere volver a ser fútbol tiene que incluir a las leyendas”. Y vaya si lo incluye. Claro que con Diego no puede hacer lo que hace con otras celebridades, como Van Basten o algunos técnicos campeones del mundo, de llevarlo por allí a alguna charla o conferencia. Sería un descontrol.

 

* * * * * *

“…Carga una cruz en los hombros por ser el mejor, 
por no venderse jamás al poder enfrentó. 
Curiosa debilidad, si Jesús tropezó, 
por qué él no habría de hacerlo…”

* * * * * *

“Muchachos, vuelvan a bajar, no queremos que haya gente en el pasillo. No se olviden que es un hotel. Esta es una excepción, pero no compliquemos nada. Yo les aviso y vuelvan a subir”, dijo “Bea”. “¿Podremos volver a subir, nos dejarán entrar, podremos pasar este control en este piso 11?”, fueron las preguntas que llenaron de dudas nuestra imaginación. Ella, como buena mujer, aplicando el sexto sentido y esa intuición femenina que nunca falla, adivinó el pensamiento de todos, porque nadie se lo dijo en voz alta: “Ah… y quédense tranquilos, acá ya le vieron las caras y los dejarán entrar”. Dio media vuelta y se fue con la sonrisa pícara del que sabe que tranquilizó la ansiedad desmedida y llevada al límite de la desesperación.

 

La hora y media se hizo casi eterna en ese lobby de desfile permanente, con esa maqueta del Kremlin y la Plaza Roja prendiendo y apagando luces, más el piano excelentemente ejecutado por una bella mujer rusa que le daba aún más calidez al concurrido bar de sillones elegantes, coloniales y amplios. Hasta que llegó el ansiado mensaje de “Bea” y a subir.

 

“Muchachos, ahí lo tienen”, dijo Víctor Hugo, yéndose como si nada, habiendo hecho todo. “Diego, estos son mis amigos periodistas del interior que, como ya te dije, vienen a verte”, fueron sus últimas palabras. Y ahí estaba Diego resplandeciente, contento, feliz… ¡Y pensar que aquella noche de la victoria ante Nigeria en la increíble San Petersburgo lo habían dado por muerto!

 

* * * * * *

“…La fama le presentó una blanca mujer 
de misterioso sabor y prohibido placer, 
que lo hizo adicto al deseo de usarla otra vez 
involucrando su vida. 
Y es un partido que un día el Diego está por ganar..”

* * * * * *

Sus frases siempre repiquetean, sean a favor o en contra. “Messi dio todo lo que tenía que dar, no hay que reprocharle nada”, fue su “banca” al que con esa “10” celeste y blanca con la que Diego nos llevó a la gloria, no pudo cumplir con su propio sueño, que era el de más de 40 millones. Y fue siempre duro y crítico con el técnico: “Sampaoli no puede volver a la Argentina”, dijo tajante en su momento, y lo argumentó: “Nosotros dependemos de Messi y sin Messi somos un equipito más. En el último partido lo ví a Messi muy lejos del arco, sin rumbo como equipo y sin saber qué hacer cuando teníamos la pelota. Ví a un equipo desnudo”, fue su contundente afirmación.

 

Coincidente con todo lo que se dijo de la selección luego del partido con Francia, Diego tuvo claridad cuando dijo en su programa “De la mano del 10” que “con una delantera integrada por Pavón, Messi y Di María se sabía que no podíamos ganarles. No podemos echarle la culpa a Messi de jugar como centrodelantero y tener la obligación de armar las jugadas”, sentenciando que ve a Francia mejor posicionado para ganar la final de este domingo y elogió a Kanté, el morochito –uno de los tantos- que juega de volante de contención, al que definió como “una hormiguita que anda por todos lados”.

 

Se fue riéndose, feliz. No parecía la megaestrella que es, el hombre más famoso del mundo. Alguna vez, John Lennon dijo en plena beatlemanía en los ’60, que Los Beatles eran más famosos que Jesús. Le costó horrores. Tuvo que salir a aclararlo. Para aquéllos tiempos, era algo casi imperdonable. ¿Qué se puede decir hoy de Maradona?, ¿quién no conoce en este mundo a Maradona?. Y ahí estaba, sencillo, contento. No era Maradona, era Diego. El “barrilete cósmico” que inmortalizó Víctor Hugo en aquél relato del gol más brillante de la historia del fútbol argentino y quizás también de todos los mundiales. El barrilete que hoy todavía seguimos, todos, preguntándonos: “¿de qué planeta viniste?”.

 

* * * * * *

“…A poco que debutó 
"Maradó, Maradó", 
la 12 fue quien coreó 
"Maradó, Maradó". 
Su sueño tenía una estrella 
llena de gol y gambetas... 
y todo el pueblo cantó: 
"Maradó, Maradó", 
nació la mano de Dios, 
"Maradó, Maradó". 
Sembró alegría en el pueblo, 
regó de gloria este suelo...”


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