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Domingo 15.07.2018 - Última actualización - 9:39
9:22

Triste, solitario y anunciado final de Sampaoli

El que se fue de Sevilla perdió su silla

El final de la era Sampaoli. Este sábado por la noche hubo un acuerdo y se definió que el entrenador de Casilda deje el cargo y a través de una cifra menor a la que se esperaba.

Foto: Archivo El Litoral




Triste, solitario y anunciado final de Sampaoli El que se fue de Sevilla perdió su silla El final de la era Sampaoli. Este sábado por la noche hubo un acuerdo y se definió que el entrenador de Casilda deje el cargo y a través de una cifra menor a la que se esperaba. El final de la era Sampaoli. Este sábado por la noche hubo un acuerdo y se definió que el entrenador de Casilda deje el cargo y a través de una cifra menor a la que se esperaba.

Enrique Cruz (h)

(Enviado Especial a Moscú, Rusia)

 

Fueron 13 meses y 15 partidos. El arranque había sido esperanzador: 1 a 0 a Brasil en Melbourne. Llegaba con la estela de técnico ofensivo, audaz, que asfixiaba a los rivales, intenso, con fama de trabajar mucho, tacticista pero de los ofensivos. Al poco tiempo, escribió un libro y puso que no le gustaba planificar los partidos. ¿Contradicción?

 

Después, empezó a sumergirse en dudas. Icardi si, Icardi no, ¿tres atrás o cuatro atrás?, ¿Salvio de “4” o de extremo?, ¿Acuña de “3”?, ¿Mascherano de “2”? Y el partido con Ecuador en el que necesitó de la espectacularidad de un Messi encendido para llevarnos al Mundial. Gritos de alerta en los amistosos. Nigeria nos mete cuatro y España seis. ¿Es normal?, ¿casualidad o causalidad? No lo advirtió. Pensábamos que los 25 días de trabajo previo podían convertir un rompecabezas en en un equipo. ¡Qué equivocación!

 

Tengo la sensación de que todo este proceso fue como quitarle el respirador al enfermo del que se esperaba que un milagro lo cure. Los dirigentes que encabezaron un proceso sin precedentes por los mamarrachos que se hicieron desde la muerte de Grondona a esta parte, empujaron a Sampaoli, con la misma intensidad que él demuestra cuando camina sin ton ni son en el corralito durante los 90 minutos del partido, a irse del Sevilla rompiendo un contrato millonario que debió indemnizar. Terminó el Mundial con fracaso y ni siquiera mostraron coherencia por una única vez para tomar decisiones. Tapia lo quería afuera y Angelici adentro. Claro, ¡si Angelici fue el dirigente que lo acompañó a romper ese contrato con el Sevilla! Y su injerencia es rotunda en Afa. Le dijeron, a Sampaoli, que tenía que dirigir un torneo intrascendente como el L’Alcudia. Un torneo que ningún entrenador de la selección mayor pensaría ni siquiera un instante en hacerse cargo. Dijo que sí y después que no. Parece que ahí encontraron la veta. Y el resquicio para preguntarle cuánto valía su indemnización. Dicen algunos que se va por 2 millones de dólares, otros que serán 1,6 y pagaderos en cuotas. Deberían hacerse cargo los que fueron a buscarlo y le firmaron un contrato por cinco años. ¿Proyecto?, ¿qué proyecto?, ¿de alguien que no le gusta planificar?

 

Pasaron muchas cosas, algunas que resultan poco creíbles y otras que se pueden confirmar o presumir con un alto grado de factibilidad en cuanto a su certeza. Es poco creíble que se diga que Lo Celso no fue titular porque le tiró un caño a Messi en una práctica y al 10” no le gustó. Es casi un hecho que el armado del equipo, a partir de Nigeria fue, cuánto menos, de consenso con los jugadores ante la incapacidad y desconcierto generalizado de un entrenador peleado (o al menos disgustado) con su principal colaborador. ¿Así podíamos encarar un nuevo proyecto?, ¿así podíamos soñar con una reconstrucción del fútbol argentino?

 

Estamos muy lejos de los ejemplos buenos. Lejos de lo que hizo Alemania con Löw hace 14 años. Lejos de lo que se hizo en Argentina cuando a alguien (¿Grondona?) lo fue a buscar a Pekerman para que conduzca las juveniles. Ahora se va una generación de jugadores que fueron protagonistas en los últimos 8 años. Sampaoli no podía ser el encargado de construir las bases. Tuvo su chance y la desperdició con errores garrafales e inadmisibles en la altísima competencia. “El que se fue de Sevilla, perdió su silla”. Triste, solitario y anunciado final.

 


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