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El Litoral
Martes 31.07.2018
21:46

Breve ensayo judicial (por Mauro Magrán)

¡Salvemos a la letra O!



Breve ensayo judicial (por Mauro Magrán) ¡Salvemos a la letra O!

Mauro Magrán

 

Siendo las ocho horas del día miércoles seis de junio del año 2018, reunidos aquí, en el Reino del Revés, se encuentran presentes las personas que detallo a continuación, interviniendo en los autos caratulados: “Juicio a la letra O por discriminación”: el acusado, señor letra O; por la defensa, el Sr. Idioma Español; la señora fiscal de la causa, Doña Ideología; y el Tribunal que entenderá en la causa, compuesto por los señores Observar, Pensar y Razonar.

 

Tiene la palabra la fiscal

 

Fiscal Ideología: —Muchas gracias Sr. Secretario. Antes de comenzar quisiera señalar un error en la lectura que realizó de la causa. El juicio al señor O es por discriminación, pero agravado por tener la patita hacia arriba, evidenciando con eso una despectiva actitud de superioridad por sobre la letra A, que en su versión cursiva de la escritura siempre tiene que reverenciarse hacia abajo. Aclarado esto, quisiera dirigirme al Tribunal para detallar las causas que me llevan a traer al Sr. O a estas instancias.

 

Como fiscal de Estado tengo una clara misión y es la de perseguir los delitos que afecten gravemente al bien público. Tengo un gran amor por mi país, el Reino del Revés, y me he empeñado mucho en esta causa porque entiendo que lo afecta enormemente.

 

Como ustedes saben, señores jueces, en nuestro país las cosas son un poco distintas a los demás. Por eso quiero solicitarle especialmente a Su Señoría, señor Observar, que se abstenga de considerar lo que sucede en otros lugares. Nuestro país es único, y de nada vale tener en consideración lo que se hace o ha hecho en otras partes. ¡Lo importante es el aquí y el ahora! No existen normas éticas, ni de buena costumbre, ni reglas sobre la oralidad o la escritura. ¡Todo es un invento! Son construcciones sociales, todo es relativo. Intentar observar y establecer criterios universales, que trasciendan las épocas y los territorios es una gran ilusión.

 

También quisiera solicitarle a Su Señoría, señor Pensar, que mire a su alrededor y observe lo que están clamando las masas. ¡Sensibilícese por favor! Como sociedad tenemos que saber ir a favor de la corriente, y la multitud se ha cansado de la actitud altanera y abusiva de la letra O. El Sr. O representa actualmente a un solo sector de la sociedad, pero el imperativo de la hora actual exige que todos los sectores se sientan comprendidos. El mundo ha cambiado, todo ahora es inclusivo. ¡Las susceptibilidades están a flor de piel y hay que respetarlas! Ya no hay espacio para las libertades individuales, ¡eso es cosa del siglo pasado! Cuando una idea toma fuerza colectiva, ¡mejor subirse a esa corriente o desapareceremos aplastados por su fuerza arrolladora!

 

Por último, quisiera solicitarle a Su Señoría señor Razonar que no dilate la resolución de este caso tan importante. ¡No hay tiempo! No espere, no reúna elementos, no elabore nada. Remítase a la prueba más contundente que es lo que sucede en las calles. ¡Allí afuera claman por justicia!

 

Sé perfectamente, Su Señoría, que cuantos más elementos de juicio ud. posee, más acertadas son sus sentencias, pero es que no hay tiempo. ¡Tenga ímpetu por favor! ¡Déjese llevar!

 

Para concluir, señores jueces, las pruebas son evidentes. El señor O discrimina y somete con sus actitudes. Merece ser condenado, desaparecer del escenario social, al menos hasta que las aguas estén más tranquilas.

 

Tengo muchos años de profesión. He visto muchas cosas y les puedo asegurar que si hoy no tomamos una resolución favorable a la condena del Sr. O sucederán cosas terribles. Si las masas se sienten decepcionadas y deciden redoblar su activismo, ustedes, señores jueces, perderán poder de decisión. Vuestros cargos podrían desaparecer porque cada vez menos importa lo que Observar, Pensar y Razonar tengan para decir. ¡Lo que vale es el criterio de la mayoría!

 

No quisiera que lo tomen como una amenaza, señores jueces, pero si no actúan yo me encargaré de ocupar vuestros cargos. Yo, Doña Ideología, sé interpretar a la perfección lo que la corriente quiere. No admito disidencias y cuando algo se me fija como objetivo, avanzo hasta lograrlo, cueste lo que cueste. Mi mayor virtud es el poder que me otorga el conjunto, el ímpetu y el desenfreno con que actúo. ¡Soy pasional! No me gustan las medias tintas. O ustedes condenan al Sr. O, o vuestro cargo, tarde o temprano, será mío.

 

Muchas gracias.

 

Tiene la palabra el abogado defensor, señor Idioma Español

 

Idioma Español: —Señores jueces, el Reino del Revés es un país particular, pero confío en que Uds. adquirieron toda su experiencia en otras tierras y en otras épocas, y simplemente harán lo que saben hacer.

 

Defiendo a mi representado por un deber moral. No existe causa alguna para condenarlo, y eso sentaría un pésimo antecedente para el futuro, para todas las causas en las que intervengo representando clientes.

 

A lo largo de mis años, he tenido que adaptarme a los cambios, modernizarme, ponerme a tono con nuevos usos. Siempre fui amplio y entre mis clientes han alternado diferentes vocales, letras y hasta palabras. Soy la voz portadora de un mensaje. Siempre traté de ser justo, preciso, aunque lamento si algunas veces no lo he logrado.

 

Me rijo por reglas establecidas y conocidas por todos. Esto demuestra mi estándar de calidad para trabajar.

 

En esta oportunidad, señores jueces, quiero poner de manifiesto que mi representado no discrimina ni ha discriminado jamás. Proviene de una familia honorable, en la que todos han sido criados y educados en pie de igualdad: las vocales. Suenan distinto, pero ninguna vale más, ni se siente más importante que otra. Ninguna representa a nadie en especial. Es más, han sido tan amplias e inclusivas, que establecieron relaciones con otra familia, honorable también: las consonantes. De esas relaciones han surgido las palabras, como dignas herederas.

 

Señores jueces, me consta que las palabras no han seguido todas la buena senda que sus padres les inculcaron, pero no estamos aquí para debatir eso. Algunas han llamado a mi puerta para que las represente, en juicios similares a éste, pero en honor a mi reputación muchas veces he declinado esos pedidos. Admito incluso que algunas pueden haber cometido delitos de discriminación, sido mal intencionadas o hirientes. Pero en ningún caso se puede culpar de eso a mi representado, y pienso esas cuestiones deberían aclararse en otros juicios, convocando a quienes corresponda.

 

¡Juzgar a mi representado es la insensatez más grande a la que se haya podido asistir jamás! Mi representado, lejos de discriminar, une, conecta, da sentido a las cosas. ¡Deberíamos sentir gratitud hacia él y su familia, pues nos permiten la gracia de comunicarnos!

 

Señores jueces, confío en que sabrán hacer su trabajo. Muchas gracias.

 

Tiene la palabra el acusado, señor Letra O.

 

Letra O: —Señores jueces, mi abogado dijo todo lo que podría decir. Simplemente quiero agregar que si por algo debiera ser juzgado es por unir y no por discriminar. Conecto ideas, muestro alternativas, enlazo palabras u oraciones, ayudo a explicar conceptos equivalentes. También reflejo emociones de asombro y a veces incluso de desazón. Siempre me dispuse generosamente y jamás representé a nadie en particular.

 

Muchas gracias.

 

El veredicto

 

Habiéndose manifestado las partes, procederemos a escuchar el veredicto del Tribunal. En primer lugar, procede el sr. Observar:

 

Juez Observar: —He escuchado con suma atención cada una de las exposiciones. Antes de venir aquí, leí minuciosamente todo el expediente. Me detuve en cada detalle que llamaba mi atención y tomé ordenadas anotaciones de los aspectos que consideré más relevantes, y pudieran ser útiles para los otros dos magistrados, a quienes entregué mis anotaciones.

 

Para cumplir mi función profesionalmente, me abstuve de mezclar mis opiniones personales, juicios previos, etc., con el caso que estaba estudiando. Lo mío debe ser una radiografía fiel, porque si la información que obtengo de un hecho se distorsiona, puedo contribuir a la equivocación de Pensar y Razonar. Somos un equipo y cuando trabajamos en conjunto nuestras sentencias rara vez son erróneas.

 

Lo mío es un análisis objetivo, por lo tanto concluye en lo que apunté. Por eso, la decisión final la va a comunicar el Sr. Razonar.

 

Juez Pensar: —Me han sido de gran utilidad las anotaciones que Observar puso a mi disposición. Sin su trabajo, me sería muy difícil tomar decisiones. Pero no me quedé sólo con eso. Investigué también por mi cuenta. Busqué en fallos anteriores en los que ya decidí en circunstancias parecidas, para ver qué jurisprudencia existía. Y la encontré, pero tampoco me até a eso. Sé que me tengo que mantener activo y dinámico porque cuando dejo de hacerlo mis fallos comienzan a no ser certeros. Me gusta saber lo que elaboré en el pasado, pero no dejo de atender que el presente puede requerir otro veredicto de mi parte, pues las circunstancias pueden haber cambiado.

 

Uní elementos. Fui de aquí para allá. Observé indicios, pistas y los combiné con conocimientos que adquirí a lo largo de toda mi experiencia en este Tribunal.

 

Lo más importante, hice un esfuerzo enorme por abstraerme de todo lo que se dice afuera de esta sala. Sé que se espera de mi tener un criterio propio, y no puedo dejarme llevar por modas, corrientes o presiones externas. El resultado de mi análisis tiene que ser propio, auténtico.

 

Necesité de un ambiente sereno para elaborar este veredicto. Nada bueno sale de mí cuando hay agitaciones y apresuramientos.

 

Mi colega comunicará, finalmente, nuestro veredicto.

 

Y el Juez Razonar expresó: —¡Qué responsabilidad grande tenemos! En mi caso, me encargué de supervisar los trabajos de Observar y Pensar. En cuanto mejor ellos hagan su parte, más inobjetables son mis resoluciones.

 

Reconozco que necesito apoyarme en algo para elaborar mis juicios, por eso confío tanto en el trabajo de mis colegas.

 

Desde que me desempeño aquí he pasado por muchos estados. Mis primeras sentencias eran elaboraciones incipientes y con el tiempo las fui modificando por otras mejores. Me fui dando cuenta de que, en tanto no me alejara de las pasiones, mis dictados siempre serían contradictorios y eso es lo que genera, más tarde, el choque entre razones sin que los seres lleguen a entenderse nunca.

 

Me llevó tiempo comprender que sólo debo elaborar razones superiores, cosa que no lograba hacer hasta que no me incorporé a este Tribunal, pues sin la asistencia invalorable de Pensar, no podría lograrlo.

 

Habiendo explicado mi manera de actuar, valiéndome de los informes elaborados por los otros dos miembros de este Tribunal, sentencio:

 

Absolver de todos los cargos a la letra O y disponer una inmediata indemnización por los daños y perjuicios sufridos, que se evidencian en el desconcepto de su persona.

 

Cada uno de los miembros del Tribunal (Observar, Pensar y Razonar), se comprometen a brindar charlas públicas con el abogado defensor (Idioma Español), para concientizar a todos los ciudadanos del Reino del Revés sobre el importante rol social que cumple el Sr. Letra O.

 

Por último, este Tribunal arbitrará las medidas necesarias para apartar a la fiscal Ideología del cargo, por haber evidenciado sus ambiciones inescrupulosas e intentar desestabilizar el orden público promoviendo enjuiciamientos infundados.

 

Por lo que se supo, la calma se recobró en el Reino del Revés y cada ciudadano fue adquiriendo su propio criterio sobre las cosas, gracias a las charlas que Observar, Pensar y Razonar propiciaban. A partir de ello, nadie quiso apartarse del criterio que estos jueces dictaminaban, y sus sentencias fueron respetadas y admiradas por todos.

 

“El Sr. O representa actualmente a un solo sector de la sociedad, pero el imperativo de la hora actual exige que todos los sectores se sientan comprendidos. El mundo ha cambiado, todo ahora es inclusivo”.




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