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Martes 07.08.2018
12:39

Llega el jueves a Rosario

Leila Guerriero: una rockstar dentro del periodismo y la literatura

Se asombra y se ríe porque en muchos terciarios y universidades del país, hay que leerla. O por lo menos saber qué hace. Dice que le gusta Pearl Jam y que mucho no la atrapan Los Simpsons. El jueves llega a Rosario para hablar entre otras cosas, de periodismo y literatura. Ambiente donde debería sentirse una estrella de rock.

Foto: Archivo El Litoral




Llega el jueves a Rosario Leila Guerriero: una rockstar dentro del periodismo y la literatura Se asombra y se ríe porque en muchos terciarios y universidades del país, hay que leerla. O por lo menos saber qué hace. Dice que le gusta Pearl Jam y que mucho no la atrapan Los Simpsons. El jueves llega a Rosario para hablar entre otras cosas, de periodismo y literatura. Ambiente donde debería sentirse una estrella de rock. Se asombra y se ríe porque en muchos terciarios y universidades del país, hay que leerla. O por lo menos saber qué hace. Dice que le gusta Pearl Jam y que mucho no la atrapan Los Simpsons. El jueves llega a Rosario para hablar entre otras cosas, de periodismo y literatura. Ambiente donde debería sentirse una estrella de rock.

Pablo Rodríguez


En el marco del ciclo “Pensamiento contemporáneo, ejercicio vociferante”, Cristian Alarcón entrevistará públicamente a la periodista y escritora Leila Guerriero. Será un espacio de reflexión e intercambio en torno a la práctica artística, las voces autorales, los procesos creativos, los criterios de asociación, los modos de producción, los procesos de lectura, escritura y los métodos de trabajo. La cita es a las 18 en el Foyer del Teatro El Círculo. Las entradas, ya están agotadas.

 

Recién llegada del exterior, Guerriero dijo en una entrevista con Mirador Provincial, que la idea de la charla con Alarcón es “hablar un poco sobre lo que cada uno hace o se supone que sabe hacer que es el periodismo”. Y sobre todo, contar como encara el oficio. “Desde ahí, la mirada sobre el mundo que tiene cada uno”, aseguró.

 

Leila María Alejandra, tiene 51 años. Es licenciada en Turismo y periodista de oficio. Se hizo en redacciones. Es una lectora voraz por su padre y su abuela. Tiene formación musical en guitarra clásica. Le gusta cocinar, ir a correr, al cine o darle amor a sus plantas. Es atea y tener hijos no le quita el sueño.

 

“Soy una persona que escribe básicamente, que lee y edita”, se autodefine con timidez. Cree que dentro de eso, del campo de la escritura, lo que hace es un tipo de periodismo que exige de más tiempo de dedicación, de reporteo y de plasmar todo eso en un papel.

 

“Me gusta que me resulte desafiante y que los temas me interesen. Intento desentrañar este mundo muy complejo en el que vivimos a partir de eso. Escribir es una forma de organizar el mundo, entenderlo. Y si tenés la pulsión de escribir es porque querés compartir eso con otra gente, con lectores. Lo que yo hago es periodismo, como un documental, pero escrito”.

 

No tiene tiempo casi para el ocio. Tampoco le gusta tirarse y hacer “nada”. Por eso entre otras cosas, tiene una columna en El País, otra en El Mercurio, publica libros, artículos, da conferencias y clases. Le gustaría que el tiempo fuese infinito, que los días duraran 48 horas y las semanas 14 días para hacer todo lo que quiere y además tener una vida.

 

La tecnología al servicio del periodismo

 

Nació y se crió en Junín. De chica venía con su papá a Venado Tuerto para cambiar el rastrojero. Llegaban en uno viejo y se volvían en un cero kilómetro. Ríe cuando recuerda ese momento.

 

Ahora, terminó de escribir un libro al que le dedicó casi un año entero de trabajo. Se trata de un perfil, “demasiado largo”. Aunque no puede dar mayores precisiones, dice que nunca hizo uno igual. Por otra parte, en su agenda quedan ocho viajes antes de terminar el año.

 

Usa mucho la tecnología, pero no tiene redes sociales: “No significa que no me guste. Me encanta. Pero no es lo mismo una aplicación que el resto. Creo que las redes en principio me dispersarían mucho y me quitarían la concentración”, asegura.

 

Cuenta que en su vida, la idea de tener redes es como un “llamador” permanente, que le demandarían mucha atención. Ya demasiado tiene con su correo electrónico. Lo que no le interesa es estar diciendo cosas todo el tiempo, como por ejemplo si tuviese Twitter.

 

“Cuando trabajo, entro en estado de escritura. Me concentro y me aíslo del mundo como un futbolista. Es muy difícil entrar en ese estado y muy fácil salir. Cualquier cosa te saca de eso. Por eso defiendo mi tiempo. A mi me funciona así. Evidentemente al 90% de la gente no porque tienen redes, Whatsapp y la mar en coche”.

 

También, dice que la impresiona mucho la replicación al infinito de algo publicado en una red social, sin ser chequeado o a veces sin ser analizado: “Esas miradas chatas, aplanadas, que replican una cosa solamente para producir indignación. Parece que estuviésemos más en eso que en el negocio del periodismo. La indignación suma clic, los clicks traen publicidad. Hay mucho de eso dando vuelta”, remarca.

 

Y reflexiona: “Hay notas que se presentan como noticias y terminan siendo de opinión, de periodistas indignados, dando una mirada como sesgada sobre el asunto. No creo que sean cosas nuevas pero se ven con mayor fuerza con toda esta irrupción de los portales y portadas, a las que hay que alimentar permanentemente. Todo el tiempo subiendo cosas que atraigan lecturas. Creo que todavía no hay una solución clara y que los medios más tradicionales están un poco perdido en esa búsqueda, olvidando la calidad. Llegar antes hoy es mejor que llegar más lejos o profundamente”.

 

Sobre la autora

 

Leila Guerriero publicó “Los suicidas del fin del mundo” (2005), “Frutos extraños” (2009), “Plano americano, una historia sencilla” (2013) y “Zona de obras” (2014). Escribe en La Nación y Rolling Stone de Argentina, en El País de España, entre otros medios. Es editora para América Latina de la revista mexicana Gatopardo, dirige la colección Mirada crónica de editorial Tusquets, y realiza tareas de edición para la Editorial Universidad Diego Portales, de Chile.

 

En 2010 recibió el premio CEMEX-FNPI por “El rastro en los huesos”, en 2013 el premio de periodismo González Ruano, otorgado por la Fundación Mapfre, en España, y en 2018 el Premio Azul, un reconocimiento al conjunto de la obra, en Canadá. Es maestra de la Fundación de Nuevo Periodismo Iberoamericano y miembro de su Consejo Rector. Su obra fue traducida al inglés, el francés, el italiano, el alemán, el portugués y el polaco.


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